•Capítulo 4: ¿Un beso?

1404 Words
Habían pasado algunos días desde que nos habían informado sobre nuestro compromiso. La idea de vivir con River se me hacía imposible en mi cabeza. Y ni hablar de la boda. En un día me iría de mi hogar para poder instalarme en la nueva casa que los padres de River nos habían conseguido, de hecho, era una casa donde ellos vivían cuando su hijo era menor. Era en un barrio tranquilo y estaba cerca de la escuela, no podía pedir más. Aunque siendo honestos, en ningún momento había pedido esto. Sería un día muy agitado. Tendría que ordenar las cosas y j***r que eran muchas, no iba por una semana, iba por un año. — Hola, nenas. —dijo River con voz coqueta mientras se sentaba en la mesa donde Lea y yo estábamos conversando y comiendo. —De todas las mesas de la cafetería ¿tienes que venir justo aquí? —protesté. Él solo se encogió de hombros y tomó mi manzana y le dio una gran mordida. — ¡Hey! eso era mío. —Tú lo dijiste, "era" —y le dio otra mordida mientras me miraba burlón. Agh, como lo odiaba. Lo fulminé con la mirada. —¡Oh! Me llamó mi papá y dijo que hay una fiesta o algo así hoy de la empresa. Debes estar lista a las 21:00. Debo recogerte y llegar juntos. —mordió la manzana. —Ya sabes, debemos causar impresión. —pronunció tanto la "p" que sentí un pedazo de la comida que estaba en su boca golpear mi rostro. Y sé que lo había hecho a propósito. —¡Agh! Qué asco, tengo baba de zorras. —¿Baba de zorras? ¿Es en serio, Ally? —habló por primera vez, Lea. Su cara demostraba incredulidad. Sí, sé que no era de las mejores frases que había dicho en mi vida, pero... —Sí, dicen que las babas de las personas duran en tu boca hasta, por lo menos, seis meses. Así que debe haber cómo más de cuarenta tipos de baba allí. —arrugué mi nariz con hacia él. —Qué mal concepto tienes sobre mí, Ally. No debes creer todo lo que los demás dicen. —me señaló con su dedo índice dándome una mirada digna de un padre castigando a su hija por haber llegado tarde a casa. —No lo hago, yo misma lo he visto. Y es asqueroso ver cómo están atragantándose, metiendo sus lenguas hasta llegar a la garganta, mientras tú les tocas el trasero y las chicas por poco no te arrancan el cabello de la nuca. —me estremecí exageradamente. —Vaya, sí que me observas. Pero esperen... ¿Huelen eso? —olfateó sobre mí — Creo que son celos. —le di un golpe en la frente — Auh. —Te lo mereces. —Mueres por ser la número cuarenta y uno. —fingí una arcada exageradamente. —¡Hey! hablando de fiesta, hay una este sábado, ¿Quieres venir, Lea? —Yo voy si Ally va. —sonreí. —Bien ¿Quieres ir, Ally? —dijo con voz cansada River. —Sip. —respondí con una gran sonrisa sabiendo que River no quería que yo fuera. —Okay —dio un aplauso y se levantó de la mesa y dejó "su" manzana ya comida, prácticamente, entera en mi mano. Le dio un beso en la mejilla a Lea y se acercó a mí en plan de darme uno, seguramente. Intenté esquivarlo, pero no me salió ya que nos dimos un beso... en los labios. Oh sí, en los jodidos labios Me separé rápidamente de él. ¡Mierda, qué vergüenza! — ¿Lo ves? Terminaste siendo la cuarenta y uno. —rio y se fue. Y toda esa vergüenza que sentí en el comienzo fue reemplazada por ira. ¿Nunca has sentido esa sensación de odio tan grande que ni siquiera puedes explicarlo, sólo quieres gritar y golpear algo? —Imbécil. —dije, bueno, grité, y le lancé la manzana golpeándole la espalda. Reí, pero de todos modos no me sentía satisfecha del todo. Me senté, de nuevo y resoplé. Mis ojos se dirigieron hacia Lea, quien estaba mirándome con una sonrisa, pero aun así no dejaba de estar sorprendida. Oh, aquí vamos... —No. Puedo. Creer. Que. Lo. Besaras. —tomó sus mejillas y abrió su boca en forma de "o". — ¡Yo no lo besé! Bueno... Técnicamente sí, pero... Fue sin querer. Además, no fue un beso, sólo fue un apretón de labios... No significó nada, y si hubiese significado algo... —fui interrumpida por Lea. —Lea, deja de balbucear. —dijo aguantándose la risa. —No estoy balbuceando es sólo que... Dios, me siento tan avergonzada. —tomé mi cabeza entre mis manos y apoyé mis codos en la mesa. El hambre ya se me había quitado. Les diré por qué estoy algo nerviosa y alterada; yo, al nunca haberme enamorado, nunca salí con ningún chico, y por eso nunca di mi primer beso... hasta recién. Sé que un beso no siempre es con una persona que amas y toda esa mierda, pero, yo ni siquiera he ido a muchas fiestas, siempre he intentado ser una persona correcta. Y sí, ya sé lo que piensan, ¿Como una chica de diecisiete años aún no ha dado su primer beso? Pero bueno. No fue un beso muy... Beso. Fue sólo un apretón de labios nada más  Ese no cuenta... ¿o sí? —¿En verdad fue un beso? —dije más para mí misma, pero Lea logró escucharme. —Sus labios estaban sobre tus labios, yo creo que técnicamente sí lo fue. Mierda. Era mi primer beso y se lo di a River. —Ya, Ally. Es sólo un beso. —No. Fue mi primer beso. —hice énfasis en esa frase. —Qué asco... Narra Lea —¿Puedes dejar de ser tan dramática? —la observé como hacía muecas de asco en su cara y luego se echó en la mesa. Sí, una dramática con todas las letras. Dejando de lado su pequeña escena, me concentré en lo principal que abarcaba en mi cabeza. Mis Amigos. Estaba súper feliz. Ellos se habían dado un beso, ya era un avance. Siempre fui una fiel creyente de la frase "Del amor al odio hay un sólo paso". Amante del romance — aunque a mí no me fuese bien en ello— y de todo lo que estaba relacionado. ¡Hasta había creado un ship! Rally... Sí, era el peor ship del mundo, lo sé. Como sea, no debería de ilusionarme tanto, sólo había sido un beso... Aproveché que Ally estaba distraída en sus pensamientos y me fui de allí para poder hablar con River. Narra Ally Por suerte hoy salimos temprano de clases ya que un profesor había faltado. Creo que nunca me había puesto tan feliz con la enfermedad de alguien. Aprovechando el tiempo extra que tenía, me fui a casa, no sin antes pasar por una malteada, y organicé mi ropa y el jacuzzi para poder relajarme. Tomé un vestido ajustado de la cintura para arriba y suelto desde la cintura para abajo color beige con un cinturón n***o. Con unos zapatos del mismo color del vestido y un bolso de mano del mismo color del cinturón. Eran las 19:00 y todavía no me arreglaba, y River pasaría por mí a las 21:00. Cuando salí de bañarme, me sequé el cabello y lo semi-recogí haciendo unas ondas en las puntas ya que mi cabello es algo lacio. Me maquillé un poco y se hicieron las 21:07 y River aún no venía así que decidí llamarlo. —¿Hola? —respondió un adormilado River. —No me digas que estas durmiendo porque si es así... —lo dejé ahí mientras tomaba el puente de mi nariz. Iba a matarlo. —Emm sí... —Dios, River, teníamos que estar en el hotel a las 21:00. —Mierda. —lo oí murmurar. —Estoy allí en cinco minutos. —luego de que dijera eso se escuchó un estruendo que me obligó a alejar el celular de mi oreja. —Diablos. —creo que se golpeó con algo. —Sólo apúrate. —colgué. *** Luego de exactamente siete minutos, el timbre de casa sonó. Con pesar me levanté del sofá, donde me había sentado a esperar a River, y abrí la puerta. —Hola. —llamé su atención haciendo que nuestras miradas se encontraran. Él estaba en cuclillas en el suelo mientras ataba los cordones de sus zapatos. Tenía el cabello mojado y despeinado y su traje n***o desarreglado. —Hola, te ves preciosa. —sonrió, pero no eran de esas sonrisas socarronas, esta era... diferente. Le devolví una media sonrisa aun sin confiarme de que me había dado un cumplido. —Gracias. Tú no. —él rio y se disculpó y luego de decir eso se armó un silencio incómodo. Ya se había enderezado y había guardado sus manos en sus bolsillos delanteros sin dejar de mirarme... Okay... —Será mejor que nos vamos. —carraspeé intentando salir de ese momento. —Sí, claro. —dijo, pero primero tomé mi bolso y luego salí. Entramos en el auto y lo único que había era silencio. Pero no de esos silencios incómodos. Sino como los de dos personas desconocidas que estaban juntos de casualidad.
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