Después de que River saliera tomé mi teléfono y comencé a jugar al Candy Crush Saga para poder matar el tiempo hasta que Lea llegara.
Oh, hice una rima.
Lea es una de las mejores personas que he conocido. Siempre he podido confiar en ella y no tengo ni la menor duda de que ella sí confía en mí... Y demasiado. Recuerdo lo emocionada que estaba cuando tuvo la regla por primera vez y no voy a olvidar todos los detalles que me relató. Tampoco el trauma que me quedó ya que yo no tenía idea de tal suceso.
También su primer beso y cosas así. Siempre fuimos muy unidas y por eso ella siempre estaba en mi casa. Podría decirse que prácticamente vivía allí, hasta tenía un cepillo de dientes, algo de ropa y hasta un juego de llaves.
Sonó el timbre de la casa y, como Lea no tenía un juego de llaves de esta casa así que no me quedó otra opción que bajar a abrirle.
Tonto River.
Me levanté rápidamente. Error. Ya que un mareo me invadió y caí de nuevo en la cama. Tomé aire y volví a pararme, esta vez con más cuidado. Cuando logré estar de pie me acerqué a un espejo de cuerpo entero y vi mi aspecto... Creo que hasta a mí me dieron náuseas. Tenía mi cabello atado a un moño extremadamente desarmado, mi rostro estaba hinchado y con la nariz y ojos rojos... Mal. Tenía puesta una de mis pijamas de Bob Esponja, que consistía en una remera que dejaba al descubierto mi ombligo y unos shorts iguales. Por suerte River no notó mi pequeño pijama, no podría con tanta vergüenza.
Bajé acompañada de varios golpes en mis brazos, pies y piernas. Pero el peor fue cuando bajé las escaleras; pasé cerca de un mueble y el dedo pequeño de mi pié derecho chocó contra éste.
Siempre lo he dicho, los dedos pequeños de los pies han sido creados sólo para ser un imán de muebles. No entiendo cómo algo tan pequeño puede causar un dolor tan grande.
Llegué hasta la puerta medio cojeando y la abrí encontrándome con Lea acompañada de una mochila que se veía bastante cargada.
—¿Ya te sientes mejor? Por si no, traje varias cosas que harán sentirte bien y poder entretenernos; películas, juegos de mesa, esas revistas que hablan de famosos y vienen con test sobre cual actor va con tu estilo etc. También traje una píldora para tus dolores de garganta, me la recomendó tu madre. ¿Sabes? Antes de venir me encontré con mi abuela que estaba en casa y comenzó a hablarme de su vida, ya sabes como es. Pero también sirvió de algo esa pérdida de tiempo porque me contó sobre una receta para calmar un poco tu gripe. Yo ya la había probado antes y sí funciona. ¿Por qué será que todas las cosas que te dicen las abuelas son muy ciertas? —dijo cruzando el umbral. —Por cierto, linda mansión.
—Hola ¿No? —reí y cerré la puerta tras de mí.
—Hola, lo siento, fue la emoción.
—¿Por estar enferma? No creo que exista algo en este momento que pueda causarte emoción, amiga.
—¡Qué humor! —le di un golpe. —¡Auh! Ya, olvídalo. ¿Y River?
—No lo sé. —estornudé. —Salió.
—¿¡Y no sabes dónde!? —puso una mano en su pecho. —Deberías tener más cuidado, Ally. Recuerda que él es tu prometido y está muy bueno. —alargó la "u". —Podrían quitártelo. —¿En serio, Lea? dijo para luego largar una carcajada muy poco femenina que seguro la escucharon en la otra cuadra.
—No es gracioso. —dije y su sonrisa fue remplazada por una cara muy seria.
—Lo siento. —murmuró y comencé a subir a mi habitación tambaleándome de nuevo. —¿Y por qué estás así?
—Adivina quién me dejó fuera de la casa en compañía de una hermosa y para nada fuerte lluvia de ayer por más de una hora. —ironicé volteando a verla desde arriba.
—River... —susurró.
—Exacto.
Llegué a mi habitación y me dejé caer en la cama mientras Lea iba a la cocina a prepararme esa receta de su abuela. Mientras tanto comencé a ver una de las películas que trajo Lea y que también es mi favorita... "Bajo la misma estrella". La amaba, pero más a Ansel Elgort.
—Hey, Ally. ¿Dónde estás? Esta casa tiene como un millón de habitaciones. —gritó desde el pasillo.
Rodé los ojos ante su exageración.
—Es la primera a la izquierda. —al entrar vi a Lea con una "o" en su boca.
—Esta casa es gigante. ¿Como pueden vivir en una mansión sólo dos personas? Lo bueno de todo esto es que cuando ustedes tengan hijos ocuparán el espacio. ¿Te imaginas a mini—Rivers y mini—Allys correteando por la casa? —abrí mis ojos como platos. No puedo creer que haya dicho eso. —Y mira esta habitación, es matrimonial. ¿Tú y River duermen aquí? —la observé con el ceño fruncido.
¿Y a esta qué le pasa?
—No, Lea ¿Cómo piensas que...? Apenas puedo tocarlo ¿Y quieres que duerma con él? Y además ¿¡TENER HIJOS!? Estás loca.
—Sólo decía. —elevó sus manos haciendo como que se rendía. —Y conociendo a River seguro tiene una habitación mucho mejor que ésta.
—De hecho, no. Yo me dejé la mejor, bueno en realidad me la gané. Literalmente peleamos por esta habitación. Mientras estaba sobre él fue como conocí al vecino.
—¡Ah!, el vecino, quiero conocerlo. Espera... ¿Sobre River?
—Sí, una larga historia y quita esa sonrisa. —la señalé y ella la quitó de inmediato. —Además no lo sé, no sería muy... lindo que Luke me viera así.
—No importa, quiero conocerlo. —abandonó la habitación y luego de unos segundos su voz volvió a sonar. —¿Cuál es la casa? ¿Las de enfrente o las de al lado?
Realmente no tenía idea.
—No te lo diré.
—Oh... —subió a mi habitación haciendo resonar sus pies contra el suelo tal como una niña. —Vamos, dime. —se lanzó de espaldas sobre mí. Con un pote de helado en las manos.
Ufff... El helado es mi debilidad.
—¿Y ese helado? No dijiste que traerías helado. —hice un puchero. —Sabes lo mucho que me gusta el helado y traes helado sabiendo que no puedo comerlo y...
—Ya deja de repetir "Helado", molesta. —me golpeó el hombro.
—¡Auh! Estoy enferma y tu sólo me golpeas... Eres cruel. —puse una mano en mi pecho.
Lea iba a hablar, pero la interrumpió el sonido de la puerta principal abrirse seguido de varias carcajadas.
—¡Ally! ¡Ya llegué! —gritó River mientras subía las escaleras seguido de alguien más.
—No me digas. —respondí ironizando y él entró... Con Nathan detrás de él, mejor amigo de River, ex novio de Lea.
Oh. j***r.
—Oh, Hola, Lea. —dijo River incómodo. Seguramente olvidó que le dije que Lea estaría aquí.
—Hola. —susurró más para sí misma mientras revolvía lentamente su helado.
Y ahí un silencio muy incómodo: Lea comiendo y analizado su helado, Nathan observaba la habitación mientras suspiraba pesadamente y se balanceaba sobre sus talones. Y Luego estábamos River y yo, quien no dejaba de fulminarlo con la mirada y él hacía gestos disculpándose. Es un idiota.
—Entonces... —comenzó River imitando el movimiento de Nathan. —¿Quieren que pida una pizza?
—Amm, sí, mejor vamos a comprarla. —se apresuró Nathan y salió tan rápido como dijo lo último. Yo hubiera hecho lo mismo, honestamente. —Te espero en el auto. —gritó desde el pasillo.
—Lo siento, Lea, no sabía que...
—Tranquilo, no pasa nada. —River parecía no muy seguro y salió de la habitación —no sin antes volver a disculparse— luego de soltar un suspiro.
No me gustaba ver a mi mejor amiga triste. Ella no merecía sentirse triste por algo que no fue por su causa.
—¿Pizza de almuerzo? —pregunté intentando iniciar una conversación luego del silencio que se había instaurado.
—Sí... —dijo distraída.
—¿Estás bien?
—No...
—Aún no lo superas ¿Verdad?
—No...
—¿Quieres un abrazo?
—Sí... —entonces me acerqué a ella y la abracé fuertemente.
Ella y Nathan salieron por mucho tiempo. Y hace unos meses terminaron porque Nathan la "engañó" después de que ambos dieron un paso muy importante en su relación. Se sintió usada por eso luego rompió con él, quién dice que estaba demasiado borracho. Realmente no sabía de qué lado estar. Nathan realmente era un buen chico y Lea era mi mejor amiga.
Me alejé de ella un poco.
—Oye, yo entiendo que estés mal, pero honestamente creo que deberían hablar.
—Eso lo sé perfectamente, Ally. Pero lo que en verdad me molesta es que no pidió disculpas. No lo hizo, y eso comprueba que no le intereso.
—No digas eso. —reí un poco debido a su terquedad. Sabía que existía otra razón por la cual Nathan no se disculpaba. —Quizás él sí se arrepiente, pero tiene miedo, miedo a que no lo perdones y lo rechaces. Tendrían que hablarlo.
—Aún no estoy lista... —revolvió el helado algo derretido. —Siento que... que seré vulnerable y lo perdonaré sin saber la razón de las cosas.
—Tómate tu tiempo ¿Sí? Sólo intenta resistir en el almuerzo.
—Gracias... Eres la mejor. —me abrazó.
—Lo sé. —ambas re