Capítulo 1: Conociendo a Noah
La vida de Lucy después de Alex, su primer amor, debía continuar, pero el problema era que no sabía qué rumbo tomar. Huyó del apartamento que compartía con Alex por razones evidentes, mas su vida termino ahí. No tenía a quien acudir, no tenía amigos ni familia cercana. La relación compartida con Alexander Sullivan había sido tan absorbente, que sin él no le quedaba nada, no conocía, o más bien, no se sentía lo suficiente amiga de nadie como para pedir ayuda. Lo único que tenía era una maleta y los ahorros que había dejado su madre.
En estos precisos momentos, Lucy se encontraba en algún lugar de la ciudad de Nueva York, sentada en una banca con la vista perdida en el horizonte lamentándose de su vida.
- *Necesitarás un trabajo mi querida Andalucía*-pensó para sí- Eso me temo mi querida Lucy -se dijo- Y también un lugar donde dormir, comer y supongo que vivir. *¿No comenzaras a llorar, o sí? *. ¿Y de qué serviría? -suspiró- ¿Qué voy a hacer ahora?, realmente lo único que quiero es huir de esta ciudad para siempre. *Hazlo, es lo que siempre has soñado ¿No? *. Exactamente lo que diría Alex- rio amargamente- ¡Ah! -gritó
frustrada- ¿Cómo voy a solucionar esto si lo único que hago es lamentarme? Debería estar en un avión rumbo a la ciudad en la que siempre deseé vivir, no aquí lamentándome y escuchando a mi conciencia.
Entonces, Lucy se dirigió al aeropuerto de la ciudad en que vivía.
- ¡Taxi!
Estaba sentada en el avión que me llevaría a Londres, pensando en todos esos problemas que debía resolver apenas llegara, cuando una amable voz interrumpió mi meditación:
- ¿Señorita, desea algo para beber? -negué con la cabeza- ¿Audífonos? -repetí mi acción- ¿Otra cosa?
- No, gracias. Estoy bien -sonreí sincera.
Sonreí, pensé. No lo había hecho en mucho tiempo, y eso era algo extraño en mí. Amaba sonreír y reír porque ambas reacciones sólo se presentan espontáneamente en momentos de verdadera felicidad. Como ahora, que me hacía feliz que alguien, aunque solo porque era su trabajo, se preocupara por mí.
Continué pensando en mi nueva ciudad hogar, y en todo lo que debía hacer antes de disfrutarla. Suspiré. Al fin estaría allí, pero no podría embriagarme en su esencia. Sonreí amargamente. Lo que importaba era que viviría ahí.
Andalucía llegó a Heathrow a eso de las 3 a.m, hora local, sin tener la menor idea de qué hacer. Era tarde y afuera nevaba. Lo más sensato era tomar un taxi y pedir que la llevara a un hotel, pero prefirió tomar un taxi y pedir que la dejara en algún supermercado abierto a esa hora. La dejo en una gasolinera que tenía una tienda abierta las 24 horas del día. Compró un café y salió a la calle. Caminó un poco hasta que vio un asiento. Se sentó y suspiró, realmente hacía frío, podía ver perfectamente el vapor que emanaba de su respiración. Pensó un rato sobre cuál era el siguiente paso ¿Dónde iría? ¿Qué haría?, y así empezaron a aparecer todas esas dudas que llevaban dando vuelta en su cabeza apenas dejó a Alex. Lograba contestar algunas con cierta inseguridad, pero ante otras
enmudecía.
- Disculpa, ¿Podrías decirme qué hora es? -dijo una voz desconocida sacándome de mis pensamientos.
- Pasado las 4 de la mañana- respondí sin interés.
- Perdón, me apena mucho molestarte de esta forma, pero ¿podrías ser más exacta? - dijo él.
Pensé en preguntarle por qué no se compraba un reloj o un teléfono y me dejaba en paz, pero sabía que él no era el culpable de mi molestia y estaba mal descargarme con él. Me relajé un poco y contesté dulcemente:
- Claro, aguarda un instante, solo déjeme sacar mi teléfono -miré la pantalla para contestar, pero me sorprendió lo que vi.
- ¿Sucede algo? -preguntó el hombre preocupado.
- No, nada. Es solo que se me ha pasado el tiempo volando. Son las 6:28 a.m. -respondí tranquila.
- ¿Estás segura? -pregunto algo extrañado- De casualidad, ¿No has cambiado la hora de tu celular últimamente?
- Bueno, cambié de zona horaria hace un rato -el hombre sonrió victorioso- Pero mi teléfono se activa satelitalmente -le mostré mi celular- ¿Ves? Aquí dice mi locación actual, fecha y hora -observó que lo dicho era cierto.
- Es verdad, tú teléfono con tecnología satelital gana -dijo resignado- Aunque la hora explica la capa de hielo en mi auto -dijo frotando vigorosamente sus manos para entrar en calor, mientras apuntaba con un leve movimiento de cabeza un modesto auto rojo- No es que sea de mi incumbencia, pero ¿Qué haces sola aquí a esta hora? ¿Intentas conseguir un resfriado?
Sonreí ante su pregunta, no sabía cómo contestar sin tener que contarle mi vida entera, así que preferí evadirla.
- La misma pregunta podría ser aplicada a ti -sonreí divertida.
- Cierto -sonrió y noté como se formaban hoyuelos en sus mejillas- Pero yo pregunté primero.
- Supongo que estoy aquí para empezar de nuevo -respondí sinceramente- ¿Y tú?
- Bueno, supongo que nunca es demasiado tarde para empezar de nuevo -dijo sacándome de mis pensamientos- O demasiado temprano -rio ante su pésimo chiste.
- Yo respondí tu pregunta, ahora tú haz lo mismo por mí -demandé.
- Esta bien, yo solamente estoy aquí esperando a mi hermano que vive en este edificio, y que supuestamente estaría en esa banca a las 6:00 - dijo como preguntándome si lo había visto.
- Pues, se ha tardado, yo llegué aquí a eso de las 5:00 y solo te he visto a ti -respondí segura, pero sin querer romper su corazón.
Su mirada de pronto se tornó triste y desesperanzada. Sonrió amargamente como diciendo "Lo sabía, no debí intentarlo." Ver a las personas desilusionadas me rompía el corazón, tenía que cambiar de tema pronto.
- A todo esto, ¿Cómo te llamas? -pregunté curiosa.
- Noah, Noah Green - contestó con una sonrisa en el rostro. Me alegré por él- ¿Y tú eres...?
- Andalucía Matthews, pero prefiero Lucy, sólo Lucy -sonreí sincera.
- Es un bonito nombre para una señorita. Quizás, si algún día tengo una hija la llamaré Lucy, o algo por el estilo -sonrió- ¿Qué edad tienes unos 22 o 23 años?
- 25, casi 26. ¿Y tú? -sonreí.
- Yo tengo 37- dijo, y luego suspiró- 25, ¡Qué gran edad! - dijo algo nostálgico- A tu edad llevé a cabo la mayoría de mis recuerdos más preciados. Es una gran edad para recomenzar. Aún te queda mucho por recorrer.
Suspiré, era cierto, todavía me quedaba mucho que hacer en este mundo, pero no estaba segura de que eso fuera del todo bueno.
- ¿Tienes donde quedarte? -lo miré entre sorprendida y dudosa- No boba, no para que vivas conmigo -rio- Bueno, no literalmente - no entendía a qué se refería- Es que hay un apartamento disponible en mi edificio, y hay problemas para alquilarlo porque tiene una vista fatal hacia otro muro, pero a juzgar porque llevas unas 3 horas esperando y nadie ha venido por ti, yo diría que no te interesa mucho la vista que tenga el apartamento, ¿Me equivoco?
- No, tienes razón, no me interesa -dije cansada- Pero necesito donde pasar la noche, o lo que queda de mañana -dije moviendo mis pestañas.
- Claro Lucy, no me importa. Siempre y cuando no te me insinúes -rio.
- No lo hice a propósito, es la costumbre. Lo siento, y… gracias -sonreí algo avergonzada y agradecida.
- Entonces supongo que nos vamos. La verdad, no creo que mi hermano llegue -se entristeció un poco y suspiró fuertemente. Seguido de esto, nos fuimos.
Un par de horas más tarde, Lucy alquiló el apartamento 505, que estaba justo junto al de Noah.
Noah Green tenía razón la vista del apartamento era un asco y a Lucy no le importaba, no tenía otra opción. Durante sus primeros días viviendo allí, Noah fue de gran ayuda, acompañó a Lucy a comprar nuevos muebles para su hogar y también a ponerlos en su lugar cuando llegaron. Dejó que Lucy durmiera en su apartamento, mientras Lucy se acomodaba. Noah se había transformado en un buen amigo, y eso era justo lo que Andalucía necesitaba en ese momento de su vida, un amigo.
Supongo, que se preguntarán ¿Quién es Noah?, ¿Qué hace?, ¿Cómo es físicamente? y todas esas cosas. De acuerdo, Noah Green era un hombre divorciado de 37 años, quien de hecho tenía una hija de 9 años, llamada Lucía Green, pero todos le decían Lucy. Aparte de eso, Noah era un exmúsico inglés; había formado parte de una banda junto a su hermano Logan Green, y al parecer habían tenido bastante éxito, porque gracias a eso, ahora Noah no tenía necesidad de trabajar nunca más en su vida, aunque debía vivir una vida modesta y no una llena de excesos, planeaba ahorrar para la vejez. Era dueño de algunas propiedades, entre ellas el edificio en que vivían. La verdad, Noah era un hombre que había vivido de la buena vida y eso se reflejaba en su presente, pero había logrado sentar cabeza, limpiar sus venas y empezar de nuevo. Ahora, decía que solamente había dos cosas malas en su vida: Su relación con su hermano, y el orgullo que no le permitía arreglar las cosas.
En cuanto a su exterior, Noah media alrededor de 1.75 metros o 5.7 pies de altura, tenía ojos grises y cabello n***o, su piel no era tan blanca como la nieve, pero si se acercaba bastante de una forma rosácea, no poseía una condición física excelente, tenía uno o dos kilos de más. Su forma de vestir aún era como la de un músico, chaquetas de cuero, jeans ajustados, camisetas negras, etc.
En fin, Noah era solamente un músico retirado.