Desperté por el fuerte ruido que produjo James al cerrar la puerta. Se había marchado muy temprano y no se había despedido. Era algo muy extraño en él, acostumbraba a despertarme por su beso de despedida. Me levanté, me puse la bata y corrí para cobrarle mi beso. Pero justo cuando salí estaba poniendo su último pie dentro del elevador. No quise gritar, era un acto desesperado y los vecinos podían estar durmiendo. - ¿No se despidió? ¿eh? -preguntó mi querida y entrometida vecina. - No -respondí secamente. - ¿A dónde va tan apurado? - No lo sé. - ¿Quieres que lo siga? - Sí. - ¡Vaya! -dijo Mary sorprendida- ¿No eras tú la que no quería saber sobre James por parte de terceros? - Ya sé lo que dije. Pero James actuó algo extraño ayer. - ¿En serio? ¿Qué sucedió? -preguntó extrañada- Espe

