Abrí los ojos asustada, sin saber dónde me encontraba. Pocos segundos después, recordé que estaba en el cuarto de James, pero ¿dónde estaba James?. Me levanté y me dije a mi misma "No eres su novia, no tienes motivos para saber dónde está". Recogí mi ropa y me vestí rápidamente, con la intención de salir antes de que Noah entrara a mi apartamento y notara mi ausencia.
- Hola Lucy, ¿Cómo dormiste? -preguntó Andy sorprendiéndome- Supongo que bien, la cama de James es muy cómoda, debe ser por el colchón, es muy grueso al contrario que las paredes que son muy delgadas y puedes oír todo lo que sucede en la habitación de junto, ayudando mucho al insomnio -sonrió mirándome de forma acusadora, provocando que me sonrojara completamente.
- Yo...
Y cuando estaba por disculparme, Andy no pudo evitar reír.
- Oh, no. Descuida -dijo aun riendo, pero de todas formas intentando tranquilizarme- Yo tampoco dormí en mi cuarto anoche.
- Bueno, supongo que bien por ambos. Ahora si me disculpas, debo llegar al 505 antes que Noah -dije apurada.
- Así que, estás engañando a tu novio con James.
- Tú sabes que no estoy engañando a nadie. Ya te he dicho que Noah no es mi novio -seguido de esto salí corriendo.
El ascensor seguía descompuesto. Bajé alrededor de 17 escaleras en 3 minutos para nada, cuando llegué a la puerta de mi apartamento, me encontré con una nota pegada de Noah que decía:
"Me fui a ver a Lucy (mi hija).
Vuelvo en 4 días o menos.
Se que no estás en casa.
Nos vemos, cuídate.
Noah Green"
Me pregunté por qué no me había mandado un mensaje, pero antes de hallar una respuesta lógica, alguien interrumpió mis pensamientos.
- Puedo ver que alguien tiene una nota de un admirador -dijo una voz que podía recordar.
- ¿Mary? -dije y volteé para comprobar que era ella.
- ¿Y quién más es tu vecina?
Reí por lo obvio del comentario.
- Entonces, ¿quién es tu admirador? ¿alguien del edificio? -dijo moviendo las cejas.
- No es ningún admirador -dije honesta, para su desilusión- Es solo Noah, dejo esta nota para avisarme que salió de viaje por unos días.
- Así que te llevas bien con el dueño -dijo repitiendo el movimiento de cejas- Y te deja notitas y todo.
- Solo somos amigos, desearía que la gente dejara de involucrarme con Noah, solo porque soy su amiga.
- Green no tiene muchas amigas que digamos -dijo en tono de insinuación.
- Ya basta -dije algo molesta- Noah no es nada más que mi mejor amigo.
- Esta bien, te creo. Pero, tu mejor amigo podría haber mandado a reparar los ascensores antes de irse.
- Ni que lo digas, acabo de bajar corriendo 17 pisos. Estoy exhausta.
- Y supongo que eso paso porque te quedaste a una fiesta de pijamas en el único apartamento habitado del piso 22.
Aunque, no me sorprendería que esos dos fueran gais.
- ¿Andy y James?
- No sé sus nombres, pero supongo que son esos dos, después de todo, no soy yo la que pasó la noche ahí -dijo levantando una ceja, a lo que yo reaccione con una risa suave- Entonces es cierto -sonrió victoriosa.
- Bueno si, algo así.
- ¿Por qué no pasas y me lo cuentas todo? -propuso Mary animada.
- Esta bien, pero solo lo haré a cambio de un desayuno -advertí.
Mis planes de esa mañana cambiaron de explicarle a Noah que había pasado la noche anterior, a explicárselo a Mary.
A diferencia de James, Mary era muy mala cocinera, había intentado preparar simples huevos fritos que se transformaron en huevos revueltos quemados con demasiada sal, no quise decir nada para no herir sus sentimientos, al final la intención es lo que cuenta, ¿No? En fin, pasamos un buen rato hablando de nuestras vidas, conociéndonos cuando una duda algo extraña, pero elemental para la identificación de las personas, me surgió.
- Mary, te haré una pregunta extraña.
- De acuerdo… -dijo como con miedo.
- O quizás no tanto. ¿Cuál es tu apellido?
- Hudson. ¿Por qué?
- Por nada. Es solo que de pronto noté que no lo sabía -reí.
- A pues, yo no tengo que preguntar. Lo sé todo sobre ti.
- Sabes todo lo que hay en la ficha.
- Cierto. Pero con eso me basta y me sobra -sonrió satisfecha.
De pronto hubo un silencio, pero no fue incómodo, fue más bien un momento para pensar o reflexionar. Aunque quizás sólo era un momento en el que nuestras neuronas dejaron de funcionar porque era demasiado temprano.
Conocía a Mary solo desde el día anterior y ya era algo parecido a una amiga. Era extraño, me sentía como en el jardín de niños, había hecho varios amigos en un par de días, sin realizar esfuerzo alguno. Por cosas de la vida, la chica de la tienda de vídeos había resultado ser mi vecina, y por las mismas casualidades, me había topado con ella esa mañana, y había terminado en su apartamento contándole mi vida entera, mientras escuchaba la suya. Es raro, extraño y muy normal a la vez, hacer amigos es algo tan simple y complejo, es algo que pasa espontáneamente. Encuentras a alguien que te agrada, y no estás muy seguro del porqué, simplemente te agrada algo en su esencia, en su forma de ser. Comienzas a hablar un rato, y de pronto notas que tienes mucho en común, pero que a la vez son muy distintos. Pasa un tiempo, y todo se vuelve natural, las barreras que ocultaban tu interior ya no existen para esa persona, sientes que puedes confiar en ella por completo, porque es un amigo verdadero. Claro que Mary y yo estábamos a penas en la etapa dos.
- Andalucía, ¿A qué hora entras a trabajar?
- A las 12, ¿Por qué?
- Es que, estaba pensando en que podríamos hacer algo juntas, ¿Qué te parece?
- Me agrada la idea, pero ¿No tienes que trabajar?
- Ése es el lado bueno de ser tu propia jefa -sonrió como toda una triunfadora.
- Y ¿Cuál es el malo? -pregunté y ambas reímos.
- No lo sé. Pero lo que sí sé, es que tenemos aproximadamente 3 horas para recorrer lo que más podamos de Londres, y yo seré tu guía.
- Esta bien.
- Lo único que te advertiré, es que no soy nacida aquí.
- Me da igual.
- Entonces, nos vamos.
Salimos caminando desde el edificio, porque, según Mary, las mejores partes de Londres no están solamente en el centro, además para conocer los lugares más importantes, debíamos planear la excursión. Caminamos por tres horas, estábamos cansadas, hambrientas, y noté que Mary no sabía muy bien donde nos encontrábamos.
- Mary, ¿ocurre algo?
- No, nada. Sé muy bien donde estoy -dijo con falsa seguridad.
- ¿En serio? -dije sin creerle.
- Sí, mira ahí está eso -dijo apuntando muy rápido para que yo no pudiera notar a qué se refería.
- ¿Qué cosa?
- Bueno, ya te lo mostré, no es mi culpa si no pusiste atención.
Reí ante su ingeniosa respuesta.
- Está bien, lo admito -dijo y tomó una gran bocanada de aire- No tengo la menor idea de donde estamos -dijo culpable.
- ¿En serio?, no lo pue...
Y cuando estaba por terminar mi frase sarcástica, me di cuenta de que yo sabía dónde nos encontrábamos.
- Mary, yo sé dónde estamos. Ése es el edificio donde vive el hermano de Noah.
- Y, ¿cómo llegamos a casa?
- No estoy muy segura -dije bajando el nivel de emoción- Pero, sé que hay una gasolinera un poco más allá, y podemos preguntar.
- Esta bien, creo que no tenemos una mejor opción -sonrío resignada.