El villano de mi historia

1168 Words
POV SUNDAY La cabeza me dolía, pero para el trabajo no había quejas, y menos cuando se trata de tener un jefe tan gruñón como el señor Johnson. Si seguía tratándome así, lo más probable es que no llegaría a final de mes. —Sunday— escuché en el fondo, pero no le puse mente. Estaba tratando de cuadrar este informe que hace rato me lo había pedido Damián, pero las últimas cifras no me daban. —Sunday— volví a escuchar que me llamaban, pero mi cabeza seguía en el Olimpo. —¡Sunday! ¡Rayos, estás sorda!— Abrí los ojos de par en par porque no sabía de quién se trataba. Al levantar mi vista, miré que era David. —Lo siento, David, es solo que estoy tratando de terminar este informe, y si el señor Johnson me descubre que no lo he terminado, seguro que me arrancará la cabeza—. David tomó asiento frente a mí con una sonrisa. —Sunday, si sigues trabajando como una mula, vas a terminar loca—. Negué con la cabeza llena de frustración. —Es lo que toca a los pobres—. Le sonreí de manera forzosa. —Bueno, de todos modos quería pedirte un pequeño favor—. Juntó sus dedos índices de forma inocente—. Es que tengo problemas con uno de mis informes y sé que tú eres buena con eso. Quería saber si me ayudabas. Te prometo que hasta te limpiaré los zapatos y te cocino si me haces ese favor—. Puso cara de cachorro. Pero, viéndolo bien, me serviría. Al instante escucho que el teléfono está sonando. Al contestarlo, me doy cuenta de que se trata de Damián, así que le hago una señal a David para que haga silencio. —¿Diga, señor Johnson?— Le pregunto y escucho su voz rabiosa del otro lado. —Necesito que venga a mi oficina, pero ¡inmediatamente!— Retiro un poco el teléfono para no escuchar sus gritos. ¿Este hombre era así de odioso todo el tiempo? —En un momento estaré ahí—. Le digo cortando—. ¡Ojalá le caiga un rayo!— Maldigo y David se ríe. —No hace falta saber quién era quien llamaba por tu cara, pero bueno, espero que me ayudes con esta carpeta—. Me puso manos suplicantes, y ¿quién era yo para no ayudar a mis compañeros? —Está bien, pero espero que me dejes bien brillantes y limpios los zapatos—. Me despedí de él para entrar a la oficina del señor Johnson. Era un desgraciado. Si hago una historia romántica, lo más seguro es que lo utilizaré de villano. Porque jamás una mujer querría a un tipo tan grotesco como él. Abro la puerta y lo que veo de inicio es que se estaba acomodando el cinturón. Por poco y le veo su… —¡Rayos! ¿Nunca te enseñaron a tocar la puerta antes de entrar?— Me llevé las manos a la cabeza. ¿Por qué me comporto tan torpe cuando estoy cerca de este hombre? Me doy la vuelta para volver a tocar, pero él me interrumpe—. Ya para qué, estás dentro. Un minuto antes y me ves con los pantalones abajo. Al menos sé que no te decepcionaría—. No quise decir nada a su comentario pícaro. —Y bien, ¿para qué me llamaba?— Le pregunto. Sus ojos están en mis manos. Es un hombre muy observador y no sé qué se trae entre manos. —Te estaba llamando para preguntarte cómo van los informes, pero me llama la atención esa carpeta extra que traes. Ven, enséñamela—. Veo mis manos y la he cagado por completo. Me traje también la carpeta de David. Se la entrego y ahora rezo para que no se enoje, aunque es más fácil que llueva dinero a que no pase eso. —Así que David… ¿Me puedes decir qué significa esto?— Suspiré y no tendría más remedio que decirle la verdad. —Estoy ayudándole un poco con algunas cosas que no entiende, lo cual no le veo nada ma…— No termino de hablar cuando él golpea la mesa. Me mira con ojos asesinos. —¡No eres su criada! Se supone que contrato gente capacitada, pero ese imbécil parece que gana de gratis. Creo que debería despedirlo por su incompetencia—. Abrí los ojos muy asustada. —Por favor, no, no lo haga, señor. Él no tiene la culpa, si hay alguien a quien culpar, esa sería yo—. Ahora hasta me toca poner mi pellejo en juego. Me miró de los pies a la cabeza. —Vaya, ahora te apellidas Calcuta. Pero aun así, veré qué hago con él. No quiero que vuelvas a ayudar a ese estúpido. Te pago para que seas asistente de Fede, no de otra persona. Es mejor que salgas de mi vista y traigas eso mañana listo. Puedes irte—. Me doy la vuelta después de asentir. Este imbécil me trata como si fuera su esclava o su hija, pero en algún momento me voy a vengar de esto. Salgo enojada y se me pasa la mano al cerrar fuerte la puerta. —Rómpela, que para eso tenemos dinero—. Fue lo último que escuché. —Ogro, gruñón, te detesto, Damián Johnson—. Digo en el ascensor, pero creo que lo dije suficientemente alto porque otras personas escucharon y respondieron: —Ya somos varias, querida, ya somos varias…— Sonreí y me fui de esclava a mi casa a terminar los documentos. * Al día siguiente, después de varias horas de desvelo, había entregado los informes al señor Ogro Johnson y estaba sosteniéndome la quijada con las manos. Había momentos en los que me quedaba ida tratando de no cabecear tanto. Escucho el teléfono y ya sé que es el señor Johnson. —A mi oficina, ahora—. Seguro el primer regaño del día. Con pesadez me apresuro a su oficina. En sus manos tiene los informes que hice con todo mi esfuerzo. —Me tomé el tiempo de hacer el mismo balance y me da veinte punto siete, y a ti te da veinte punto seis. ¿Algo que tengas para justificar?— Me pregunta con una ceja levantada. En ese momento quería ahorcarlo. —Imbécil—. Susurré muy bajo. —¿Qué acabas de decir?— Me preguntó y me puse a reír. —Nada—. Me puse seria—, pero no creo que una milésima sea gran cosa—. Le dije, pero él se acercó más a mí. Podía sentir su aroma penetrando mi nariz. Olía demasiado rico. —Esa milésima representa miles de dólares en mi compañía, señorita. Ahora, veremos bien esto—. Me hice más escenas de mi villano en la historia que crearía. Su cara arrugada sería mi portada.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD