Necesito otra oportunidad

1312 Words
POV SUNDAY Mierda. No puede ser. Solo a mí me pueden pasar todas estas cosas. ¿Qué he hecho para que la mala suerte siempre esté de mi lado? El chico solo me observó unos segundos antes de volver a su camino. Se fue, junto con su secretario, hacia la mesa que estaba en reserva. Pensé que me gritaría o me reclamaría por tremendo beso que le acabo de dar, pero no ha hecho ni dicho nada. Eso es extraño. —Qué valor el tuyo, Sunday —dice Dalia—. Mira que besar al jefe. —Pero... yo recuerdo haber visto la foto del señor Johnson y... —Sí, es su padre. Ahora el señor Damián estará al mando por el tiempo que su padre no esté disponible. El señor Damián no estará muy contento con lo que acabas de hacer, Sunday —continúa ella. —Bueno, no nos vayamos muy lejos —interviene Lucas—. El señor Damián no ha dicho nada, ha pasado de lado y se ha ido con su secretario Fede. Eso es buena señal. —No estoy segura de que sea buena señal —dije sintiendo ansiedad. No quería que me despidieran por una estupidez. Juro que no vuelvo a jugar verdad o reto nunca más. —Calma, Sunday —me dice Julia—. Todo va a estar bien. Sé que han dicho que el señor Damián es bastante estricto y que no le tiembla la voz a la hora de despedir a alguien. Por eso creo que te has salvado, ya que no te ha dicho nada y te ha ignorado. Tal vez le gustó el beso. La miré con horror. —Me quiero ir de aquí, no quiero que me mire y se arrepienta —tomé mi bolso y salí del local. Cruzando la carretera venía David. —¿Se van tan pronto? —nos pregunta. —Sí, verdad o reto no ha salido bien —respondí. —Ha besado al jefe —le dice Julia. David resultó bastante sorprendido. —¿Y te ha despedido? —quiso saber con algo de preocupación. —No me ha dicho nada, es lo peor —dije—. Estoy segura de que será cuestión de tiempo para que me eche. —Solo trata de que no te mire al menos por un buen tiempo, quizás así se le olvide lo que pasó —aconseja David. —Sí, concuerdo con David. Escóndete de él para que se olvide de que existes. —Espero que funcione, de todas formas, no pretendía volver a verlo. Se me cae la cara de vergüenza —dije. Estoy arrepentida, muy arrepentida. Julia y yo volvimos a la empresa. Yo fui al baño mientras no dejaba de pensar en Damián. Había sido inesperado que haya sido justo él a quien besé. Recordé sus labios en los míos, su barba de hace días, su cabello n***o. Su porte recto y rígido. Esos ojos... Me quité esos pensamientos de la cabeza porque no estaba bien pensar así de mi jefe. Aunque no estoy segura de cuánto tiempo seguirá siendo mi jefe. No quería que me despidieran, quizás debería pedirle disculpas, pero David tenía razón, no podía dejar que me viera porque sería peor. Estoy segura de que me va a echar. Debería ir escribiendo mi carta de renuncia y, de paso, allí irá una disculpa. Me había costado bastante conseguir este empleo, incluso había hablado con el padre de Damián por correo unas cuantas veces, por eso lo confundí en la entrada. Si tan solo hubiera conocido a Damián antes... si tan solo hubiera estado más pendiente de los chismes de la empresa. Mordí mi labio inferior y me llevé los dedos a ellos. No, deja de pensar en eso, Sunday. Volví a mi escritorio y me aseguré de que no estuviera mi jefe. Me cubrí la cara con el pelo y empecé a redactar la carta de renuncia. Antes de que me despidiera él, entonces habría renunciado yo. Julia me estuvo tranquilizando toda la tarde, escuché que el jefe volvió a su oficina. Gracias a Dios quedaba un poco lejos de mi escritorio. El problema sería si llegase a organizar una reunión con todos los del piso, entonces podría reconocerme. Estuve esperando toda la tarde a alguien, que viniera a decirme que el jefe quería verme, pero nadie apareció. Ese día pude respirar tranquila y llegar a casa. UNA SEMANA DESPUÉS Han pasado varios días después de ese incidente con mi jefe en la cafetería y no he tenido noticias suyas desde entonces. ¿Será buena señal? Si me hubiera querido despedir, entonces me habría llamado hace tiempo y no lo ha hecho. Quizás no le dio importancia. Es decir, ¿por qué se ofendería por un beso? ¿Por la falta de respeto? Estoy en la cafetería de la empresa preparándome un café porque no he dormido bien estos días. Siempre cargaba conmigo la carta de renuncia por si acaso. Era horrible vivir cada día como si fuera el último. No estoy tranquila, no puedo estarlo. Odio vivir así. Sin embargo, si el jefe no me ha dicho nada, quiere decir que me ha perdonado y no me va a despedir. Prefiero pensar eso, ha pasado un tiempo y todo parece ir normal. No me seguiré torturando con lo mismo. Respiré profundo varias veces y recordé todas las veces que me he escondido en los pasillos cuando escucho que viene el señor Damián. Ha sido una cuestión de adrenalina. —Vamos, Sunday, cálmate por favor. Todo estará bien, ya no tienes por qué tener miedo —saqué la carta y la leí por última vez—. No voy a vivir con miedo. Arrugué el papel y lo lancé a la basura. —Que pase lo que tenga que pasar. Tomé el café y me giré, en dirección a la salida de la cafetería, pero me detuve en seco al ver en el pasillo al señor Damián con su secretario. Sentí cómo mi corazón latía más deprisa. Me quedé congelada en el mismo lugar. Si decidía venir a la cafetería, me miraría y sería su presa. Me sentía tan indefensa aquí sola. No debí tirar la carta de renuncia. Respiré aliviada cuando el señor siguió su camino. Casi me da algo. Avancé, pero al girar me encontré cara a cara con Fede. —Señorita Sunday Russel. —Sí... —dije rápidamente. El hombre frente a mí empezó a leer unos papeles en su libreta. Okay, estoy segura de que está preparando mi liquidación. Eso es todo, es mi fin. Sentí que me mareaba en ese momento, mi mano estaba tan débil que casi se me cae el vaso de café. —Por favor, acompáñeme. El señor Johnson quiere verla en su oficina —dijo. Sentí que se me iba el aire de los pulmones. Sabía que el peligro no había pasado, pero había decidido confiarme demasiado. Y ahora... ¿qué haré sin un trabajo? Me había encariñado con la gente de acá, se han portado tan amables conmigo. Ya me había acostumbrado a mi trabajo, yo era buena en lo que hacía. Nadie tenía quejas sobre mí y ahora, por un error así, me cuesta todo lo bonito que había construido hasta ahora. Soy una tonta. —¿Hay algo malo? —quise saber un poco nerviosa. No un poco, demasiado nerviosa, pero no quería que Fede se diera cuenta. —El señor le dirá, sígame, por favor —habló, girándose. Lo seguí a su paso, sentía que iba directo a una sentencia. Me siento horrible en estos momentos. Estaba pensando en las mil maneras de explicarle al señor Damián lo que había pasado. Quizás, si me escuchara, si acepta mis disculpas, tal vez me pueda dar otra oportunidad. Necesito otra oportunidad. Cada paso que daba se sentía más pesado aún.
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