Es un domingo en la mañana y todos siguen dormidos. El timbre suena y después de unos minutos Escorpio se despierta molesto ya que la insistente persona sigue tocando —Malditos testigos de Jehová—frota su cara y sale disparado a la puerta, mira que no hay nadie en la sala y abre la puerta dispuesto a correr a esa molesta persona. Pero entonces sus ojos se abren de más y su boca casi toca el suelo al ver al corpulento hombre de corte militar frente a él con una maleta colgado de su hombro. —¿Viejo? —¿Así recibes a tu padre? Tengo horas tocando aquí, mocoso— le da un golpe en el hombro y entra a la casa haciendo a un lado a Escorpio. —¿Que haces aquí?—lo sigue hasta la cocina mirando como su padre abre el refrigerador—. Deberías estar en un asilo de ancianos o algo así. — Y tú en una

