09

1206 Words
John vivía en un apartamento cerca de la comisaría, tal y como había dicho. No era muy grande. Dos dormitorios, uno más decorado con un toque personal, con una cama doble en medio, armarios empotrados y una mesita y la otra con un par de literas, una mesa y una silla y una estantería; un comedor amplio, con un sofá de piel, una televisión de plasma de un tamaño que sorprendió a Sophie, encima de un mueble con cajones al lado de un armario con cristales en las puertas que dejaban ver vasos, tazas y platos; un baño simple con una ducha y una cocina, amueblada con electrodomésticos nuevos y una pequeña mesa en el centro, que daba a un pequeño lavadero con una lavadora y una secadora y finalmente una estrecha terraza con solo un tendedero de ropa. A pesar de su reducido tamaño, parecía un sitio familiar, cálido. En llegar, Sophie había tenido sus dudas sobre si entrar o mentir diciendo que había recordado que tenía que hacer otra cosa e irse. Por alguna razón sentía un cosquilleo en el cuerpo cuando pensaba que tendría que estar a solas con ese psicólogo al que apenas conocía pero que había besado. Había sido cosa del alcohol, o eso se decía. Trataba de convencerse pero sabía que no era cierto. Al final había entrado porque Beckett le había cogido la mano y había tirado de ella hacia el interior, mientras le decía que no tenía porqué tener miedo, que no le iba a hacer nada. Como si eso le diese miedo. Sabía defenderse de cualquier tipo de ataque. De lo que no sabía defenderse era de las emociones. Y eso era lo que un psicólogo analizaba. Y no tenía ganas de que la leyeran como a un libro. Pero no sabía cómo rechazar su ofrecimiento, y cierta parte de ella, tampoco estaba segura de si quería hacerlo. Al final había terminado sentada en el sofá, esperando a que John terminase de cocinar, ya que no quería que le ayudase. “Eres una invitada” le había dicho. Estaba mirando el salón hasta que encontró una fotografía dentro de la vitrina y se levantó para observarla de cerca. Era John con una chica más pequeña. Su hermana. Lo supo por los rasgos que compartían, muchos más que los que Sophie y Shawn tenían en común. Era bonita. Y sonreía mucho, algo que ella no hacía en muchas ocasiones. Recordó a su padre diciéndole que debía sonreír a la vida, a desconocidos, a amigos y enemigos, a todos. Ese era uno de los pocos consejos que no seguía, y no sabía exactamente porqué. ─Sophie─dijo John en el umbral de la puerta.─La comida está lista. ─Enseguida vengo. ─¿Estás mirando la fotografía? ─Os parecéis mucho. Shawn y yo somos casi opuestos. ─Físicamente nos parecemos, pero en forma de ser somos completamente diferentes. Ella socializa con todos, siempre tiene energía y nada parece herirla. Yo en cambio me rodeo de poca gente y apenas le pongo ganas a nada. ─Ya. Recuerdo a Niall decir que eres un solitario. En realidad no soy muy diferente a eso. Tengo pocos amigos, todos ellos de la universidad, pero solo hablo con ellos por teléfono de vez en cuando. La mayoría son abogados, así que apenas tienen tiempo. ─Y tu trabajo te ocupa mucho tiempo. ─Cierto. ¿Por qué no me dijiste que trabajarías conmigo? ─Factor sorpresa. ─¿Sorprender a una casi desconocida? ─¿Besar a un casi desconocido? ─E-eso… ─Comamos antes de que se enfríe la comida. ─Sí… Se sentaron en la mesa y empezaron a comer. Al principio en silencio, aunque Sophie podía notar las miradas de John, sentado enfrente de ella. No sabía si la estaba analizando o simplemente pensando un tema del que hablar. Finalmente pareció decidirse. Bebió agua y tomó aire. ─¿Cuántas preguntas sin resolver tienes? ─Muchas. Mañana se supone que va a volver a matar, en su dibujo el reloj de la víctima señalaba las 6:55, aunque no sé si de la mañana o de la tarde. Empiezo a preguntarme si siquiera es un asesino en serie. ¿De verdad está loco? Porque no sabemos nada de él salvo que usa un tipo de lápiz de los más comunes en el mercado. ─Por todo lo que me ha explicado Jack parece muy meticuloso. Pero me ha sorprendido que pusiera rosas en la boca al segundo muerto. ─Ya, eso solo me hace preguntarme más cosas. Creo que tenían alguna relación con el asesino. ─Así que piensas que es simplemente alguien que les odia y ha planeado sus muertes… ¿y entonces por qué dejar pistas que relacionan todos los casos? ─No lo sé. No sé nada, y ese es el problema. ─Estás estresada. ─Normal. ─Pero no es solo por el trabajo. Aidan. Shawn. Eso también te estresa. ─¿Sabes que no me gustan los psicólogos? ─Espero que por lo menos no me odies. ─Ya veremos. John se levantó y empezó a recoger los platos vacíos para dejarlos en el lavavajillas. Le hizo una señal a Sophie para ir al salón, y ella lo entendió y le siguió. Se sentaron en el sofá, para seguir hablando. ─No sé si es el mejor momento, pero anoche dijiste algo sobre los malos vicios… ─¿Te interesa? ─Puede. ─Cuando murió mi padre, salí con amigas para no pensar. Conocí a un tío. Hablamos, bebimos y nada más. Salimos a dar una vuelta unos días después. Él fumaba y me ofreció una vez. Acepté. Tuvimos una rápida y breve relación. Un par de meses después desapareció completamente de mi vida sin ningún aviso. Me pegó su mal vicio de fumar. Él mismo era un mal vicio y no sé si solo se fue, o qué. ─¿Aún…? ─Fue hace mucho tiempo. Ya no me importa cómo le vaya. ─¿Dejaste el tabaco? ─Sí. En cambio tú… ─Soy consciente que a cada calada, pierdo vida, pero soy incapaz de dejarlo. ─Yo pude, seguro que tú también… ─Creo que tú eres más fuerte que no yo.  ─¿Y eso cómo lo sabes? Ni siquiera me conoces. ─No hubiera sido capaz de hacer lo que tú hiciste anoche. ─¿Anoche…? ¿Te refieres a…? ─Sí. Sophie sonrió.─Normalmente soy muy impulsiva. Hago las cosas solo porque se me meten en la cabeza. ─A veces eso es bueno. ─No siempre.  Muchas veces me he peleado con gente por eso. ─Todo tiene algo bueno y algo malo. ─Me encantaría seguir hablando contigo, ¿sabes? Pero tengo que volver al trabajo… y si ahora trabajas en el caso, ¿no deberías venir también? ─Claro, vayamos a hablar de asesinos y sus motivaciones. ─Siento que no sea tu tema favorito. Ya habrá tiempo. ─¿Eso significa que nos veremos de forma no profesional? ─Quién sabe. Sobre mi hermano… cuando le encuentre, te digo algo. ─¿Eso cuándo será? ─¿Ni idea? Por bien o por mal, el caso es prioritario y no puedo usar recursos para buscar a mi hermano que se supone que no está en peligro. ─Bueno, tengo tiempo. ¿Nos vamos?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD