Sophie llegó a la central de policía y subió a su despacho solo para coger las copias de los dibujos de los crímenes, pero en entrar vio que, a pesar de ser las ocho y media, Aidan estaba sentado en su sitio, enfrente de varios papeles y de la pantalla del ordenador encendida. La miró en cuanto entró por la puerta, pero ella no mostró interés y se acercó a su propia mesa. Removió todos los archivos hasta encontrar lo que necesitaba y lo cogió con la mano izquierda y se dirigió de nuevo hacia la puerta.
─Sophie, espera─dijo Aidan, haciendo que se detuviera.─Sobre ayer…
─Ahora no puedo hablar.
─Pero si acabas de llegar.
─Y tengo que hablar con Murphy.
─Será rápido─comentó. Sophie suspiró y asintió.─Siento lo que dije si te molestó. Olvidemos…
─Deberías saber algo de mi, y es que casi nunca he sentido nada por tíos. Eso no es diferente para ti. Si hubiera sido posible que fueras algo más que solo mi compañero en el trabajo, la posibilidad desapareció cuando supe que estabas casado pero ligabas con varias mujeres. Y ahora, te espabilas si Molly quiere dejarte.
─No lo dejaremos. Ayer hablamos…
─Mejor por vosotros. De verdad tengo que irme.
─¿Amigos?
─Compañeros─rectificó ella.─Si algo aprendí de mi padre, es que el trabajo y lo personal deben estar separados. Además, dudo que a Molly le gustase la idea. Y ahora, me voy.
Salió al pasillo y cerró la puerta con fuerza. De repente se sentía molesta y desconocía la razón. Respiró profundamente y miró los papeles en su mano. Los crímenes que ya había visto y el tercero, aún por cometer. Se dirigió al despacho de su jefe y en llegar delante, llamó cuidadosamente y en oír una respuesta desde el interior, entró.
─No esperaba verte tan pronto, Doyle.
─Lo sé, pero quería hablar de algo. Creo que hemos tenido una pista de nuestro sujeto todo este tiempo y ni siquiera nos lo habíamos planteado.
─¿De verdad?
─Nuestro asesino es un artista.
─¿Qué?
─Está haciendo realidad sus dibujos. Sus obras de arte. Quizás sea alguien que trata de hacerse famoso con sus dibujos pero no lo consigue. Eso podría ser un desencadenante.
─¿Y cómo se relacionan las víctimas?
─Eso… aún no lo sé.
─Sería interesante descubrir eso.
─Ya, pero es un avance. Si preguntamos en galerías…
─No. Este caso no se hará público de ninguna manera, ¿lo entiendes?
─Sí, señor, pero…
─¿Qué sabéis de las víctimas?
─Mucho, pero no tienen ninguna relación. Ni amigos en común, ni sitios que frecuentaran, nada.
─Debe haber algo. Tienen que estar conectados de alguna forma… Quizás relacionado con algo de arte.
─Seguiremos investigando.
─Tengo una reunión en unos minutos… si no necesitas nada más…
─¿Una reunión?
─Sí. Un especialista en criminales… como sea, nos ayudará en el caso.
─Ya veo… Entonces me iré.
─Sophie, no creas que no aprecio el pequeño avance… es solo que quisiera evitar otra muerte, y a este ritmo…
─Lo entiendo. Haré todo lo que pueda.
Jack Murphy sonrió a la joven justo antes de que se girase hacia la puerta. Salió al pasillo y dio un par de pasos hacia su despacho, pero se detuvo. Se giró y se fue hacia el ascensor, entró y bajó mientras miraba el móvil. Había dado al botón de la primera planta, a los laboratorios, así que en abrirse la puerta salió sin levantar la cabeza, y por ello se tropezó con alguien.
─Perdón─murmuró ella. Iba a mirar a la persona que tenía enfrente, pero no lo necesitó para conocer su identidad. Olor a tabaco y a colonia. John Beckett. Levantó la mirada y le vio a su lado, sonriendo. Su corazón se aceleró ligeramente.─¿Qué haces aquí?─preguntó ella, mirando alrededor para ver si Niall estaba cerca.
─La verdad es que me he perdido. Iba a hablar con Jack Murphy, pero me he liado y he terminado en el piso donde trabaja Niall─reconoció él, riendo.
─¿Y sabes encontrarle ahora? Me refiero a Murphy.
─Solo sé que tengo que subir.
─Vale… ven conmigo.
─¿Sabes dónde está?
─Acabo de estar en su despacho. Es mi jefe.
─La verdad es que lo sé. Por eso te dije que nos veríamos pronto.
─¿Solo por eso?
─Quizás no.
Sophie acompañó a John al despacho de su jefe y volvió a bajar a la planta donde se encontraba la científica y también la morgue, que es lo que le interesaba en ese momento. En entrar se encontró a los dos responsables de la sala haciendo una autopsia, pero en oír la puerta se detuvieron. Miraron a Sophie y uno de ellos se sacó la mascarilla, los guantes y la bata para acercarse a ella.
─¿Puedo ayudarte…?
─Las dos víctimas de estrangulamiento… ¿Habéis podido determinar la altura del asesino?
─Entre metro setenta y ochenta.
─¿No puede ser algo más preciso?
─No. Y ha sido más por las puñaladas en la segunda víctima que hemos podido determinar una altura aproximada.
─Lo entiendo. Gracias.
─Lo que sí tenía era fuerza. Lo que usara para ahogar a sus víctimas les hizo incluso pequeños cortes alrededor del cuello.
─¿Y no hay fibras?
─Nada. No creo que fuese una cuerda, la verdad. Más bien un hilo como de pescar enrollado varias veces.
─¿Eso no provocaría heridas al mismo asesino?
─No si usaba guantes.
─Ya… Bueno, gracias.
Sophie dejó la morgue atrás y pasó por el pasillo rodeado de laboratorios. No había ningún tipo de rastro. Ninguna pista. Para ser un artista, lo hacía bastante bien. Era demasiado limpio. No dejaba nada atrás. Paró de repente. ¿Por qué la segunda víctima era la única con flores en la boca? Había visto el tercer dibujo. Las flores estaban también alrededor. La boca… ¿Silencio? ¿Mentiras? ¿Insultos? ¿Podía ser que su sujeto tuviera una relación más cercana con él? La cabeza le estaba empezando a doler. Debería haberse tomado algún medicamento en levantarse. Sabía que el alcohol le repercutía incluso el día siguiente, por poco que fuese. ¿Eran las cuchilladas ensañamiento?
─Maldita sea─murmuró, yendo de nuevo al ascensor.
─Eh, Sophie─llamó alguien cuando las puertas se abrieron. Flynn Gallagher.─Quería preguntarte algo.
─Adelante.
─¿Por qué no le preguntamos a alguien más entendido en arte sobre los dibujos?
─El jefe no quiere que nada se haga público.
─Enseñar a un conocido de la segunda víctima que entiende de arte el dibujo de su propia muerte.
─¿Conocía a artistas?
─Unos tres. Todos profesores en su instituto. Una mujer y dos hombres.
─Ah, ya veo. Lo consultaré con Murphy, pero no sé si la respuesta será positiva o no.
─Rompamos un poco las normas, entonces.
─No me apetece empezar un escándalo con los medios de comunicación, lo siento.
─Ya lo suponía…
─Pero seré un poco pesada, quizás así acepte.
─Perfecto. Ya me dirás algo.
─Sí. Gracias por la idea.
Sophie miró la hora. Las nueve y cuarto. Revisó de nuevo los dibujos que llevaba. La tercera víctima, una mujer, pantalones y camisa… ¿llevaba un reloj? Sophie entrecerró los ojos para fijarse más en los detalles. Sí, llevaba uno. Y marcaba una hora. 6:55. ¿Estaba realmente tan loco como para planear la hora en que la mataría o era una hora al azar? ¿Acaso sabía si iba a detenerse? Eso era imposible. Dos días desde que había mandado una carta y había matado. ¿Mataría mañana de nuevo? Su cabeza no dejaba de producir preguntas sin respuesta y eso no aliviaba para nada el agudo dolor que tenía, más bien lo empeoraba. Pero no podía descansar. No con ese criminal en la calle. ¿Cuánto tardaría Murphy en hablar con Beckett? Necesitaba hablar con su jefe lo antes posible. Que le diese permiso para preguntar a los profesores de arte del instituto qué podían decir sobre los dibujos. Quizás obtuviera alguna respuesta.
─Gracias por atendernos─dijo Flynn.─Sentimos venir sin aviso, pero es algo prioritario como entenderá. Este dibujo estaba con su compañero muerto… ¿podría decirnos si el dibujo le dice algo?
Sophie observaba con atención los detalles de la sala de arte. Cuadros abstractos, otros no muy buenos, y otros que destacaban. Todos de alumnos. Había pinturas y pinceles en todos lados. El profesor que había accedido a hablar con ellos se llamaba Liam O’Donnell. Tenía cuarenta años y debía medir metro setenta. No era muy alto, pensó Sophie. Aparentaba unos cuarenta años, aunque se le acumulaban las arrugas bajo los ojos. Su pelo moreno dejaba entrever algunas canas, igual que su barba de dos días. El profesor cogió unas gafas y se las puso para observar el dibujo, pero frunció el ceño enseguida.
─Esto es una fotocopia.
─Entenderá que no podemos facilitar pruebas de una investigación, así que usamos fotocopias.
─Ah, ya veo. Lo entiendo. Verá… por el trazo del lápiz y su grosor puedo decir que es probable que sea B o HB, pero no le sabría decir del todo. Lo más importante suele ser el papel, a veces algunos artistas usan papeles poco comunes… Sobre cómo está dibujado puedo decir que es alguien muy seguro de si mismo. Apenas hay líneas que se dibujen en diferentes partes… lo hace todo a la vez. Aunque al faltar color y sombras parece inacabado. Supongo que no quería dibujar algo falso, eso no suele gustar a los profesionales que intentan plasmar la realidad.
─Sabe bastante─comentó Sophie.
─Estudié bellas artes y como puede comprobar, me dedico al arte.
─¿Por qué en una escuela? ¿No consiguió trabajo en otro lado?
─Siempre quise enseñar arte a las nuevas generaciones… para que le den importancia y no se pierda.
─Ya… ¿se llevaba bien con nuestra víctima?
─Sí. Siempre nos ayudaba, la verdad. Se le echará bastante de menos.
─Gracias por su colaboración─contestó Flynn.─Ya que no puede decirnos más, nos iremos.
Sophie y Flynn salieron de la clase y bajaron las escaleras, cruzándose con unos pocos alumnos vestidos con uniformes. Llegaron a su coche, entraron y volvieron a la central.
─Me sorprende que hayas conseguido tan rápido el permiso.
─Murphy ha pensado que sería buena idea…
─Sé que no quiere que la ciudad sepa que hay un asesino en serie suelto, pero… ¿cómo decirlo…? Estos asesinatos están tomando mucho interés en internet. Por nuestro secretismo y pocos comentarios.
─¿Un asesino en serie elige a sus víctimas?
─¿Qué estás diciendo?
─Me parece que es alguien que mata a gente pero no indiscriminadamente. Las víctimas no se parecen en nada… Es como si se hubiese ocupado de conocerles lo suficiente por alguna razón.
─No pienses tanto, Sophie. Está matando a varias personas y piensa seguir matando. Eso es…
─Asesinato múltiple premeditado. Es diferente a un asesino en serie. Los segundos solo matan a un solo tipo de persona, los primeros matan a gente que ha hecho algo que les ha molestado. Quizás burlarse de su arte.
─Ya se lo preguntaremos cuando le pillemos.
─Sí…
─¿Qué haces aquí?
─Es la segunda vez que preguntas esto hoy.
─¿Te has vuelto a perder?
─Comamos juntos.
─¿Eh?
─En mi casa. Está cerca.
─John, yo estoy trabajando.
─Es tu descanso. Y ahora trabajo con vosotros. Además, haces mala cara.
─Gracias, muy amable.
─¿Has dormido bien?
─Solo tengo muchas preguntas sin respuesta.
─Eso por lo menos significa que no estás bloqueada.
─Tú no tienes pareja, ¿no?─soltó ella.
─No. No estoy casado, ni salgo con nadie. Puedes preguntarselo a Niall.
─Perdona, ha sido muy brusco…
─He conocido a tu compañero.
─¿A Ai… O’Reilly?
─Tengo la mala costumbre de analizar la conducta de la gente… se ha puesto nervioso cuando he preguntado por ti. Me ha empezado a preguntar si teníamos alguna relación y ese tipo de cosas.
─Es un…
─Un tío casado con el que tuviste algo sin ser consciente de que tenía pareja. Por eso me has preguntado.
─Eso fue la primera vez. La segunda me importó poco todo. Horrible, ¿no?
─¿Te vienes a comer?
─¿Eh?
─Quiero conocerte, Sophie. Escondes mucho… y me intrigas en muchos sentidos.
─Está bien. Comamos.