Sophie llegó a Temple Bar a las nueve, como había acordado con Niall. Miró su móvil y vio que tenía un mensaje suyo. “Estamos dentro.” Miró la puerta del bar. A pesar de ser uno de los sitios más conocidos y visitados de su ciudad, ¿cuánto llevaba sin ir? Empujó la puerta y nada más dar un paso al interior recordó el ambiente que siempre se respiraba ahí. Música en directo, gente hablando y riendo con sus conocidos, el sonido de las copas de cerveza y el olor de esta. Se vio reflejada en un espejo. Su pelo rojo ondulado resaltaba encima de la camiseta negra que llevaba bien ceñida en su cuerpo, igual que los vaqueros de un azul claro. Observó rápidamente las mesas y supo distinguir al chico de la científica. Se acercó a él y a su amigo, que estaba de espaldas, por lo que solo podía ver que era rubio, aunque un rubio oscuro, y que llevaba una camisa granate. En verla acercarse, Niall se levantó, sonriendo.
─Buenas noches─saludó él.
─Hola...─contestó ella e intentó sonreír. No estaba de buen humor, pero no quería que lo notaran.
─Os presento─dijo Niall.─Ella es Sophie Doyle, policía en el departamento de crímenes violentos… Él es John Beckett, es psicólogo criminalístico, aunque sabe bastante sobre drogadictos.
─Encantado─comentó John, poniéndose también de pie para darle dos besos a Sophie. Le sacaba casi una cabeza, como había visto, tenía el pelo de un rubio oscuro bonito y los ojos claros. Piel pálida y sin arrugas, aunque no parecía ser extraño puesto que debía tener aproximadamente la misma edad que ella. Llevaba la camisa granate y unos pantalones negros tejanos. Por alguna razón le miró la mano. No llevaba ningún anillo.
─Igualmente─respondió Sophie.
─Siéntate─murmuró Niall, señalando la silla a su lado. Sophie asintió y tomó asiento y ambos chicos volvieron a sentarse.─¿Qué te apetece tomar? Nosotros ya hemos pedido.
─Supongo que algún bocadillo y una cerveza…
─¿No prefieres algo más?
─Apenas tengo hambre.
─Está bien…
Niall llamó a un camarero y tomaron nota del pedido y terminaron trayendo la cena de los tres a la vez. A diferencia de Sophie ellos habían pedido platos más elaborados, pero no le importaba. Realmente no tenía demasiadas ganas de comer.
─¿De qué os conocéis?─preguntó Sophie, por hablar de algo.
─Ah, la verdad es que salgo con su hermana─comentó Niall─pero como que tenemos gustos parecidos somos buenos amigos. Y así aprovecha para vigilar que no hago nada malo a las espaldas de su hermana, ¿verdad?─bromeó, mirando a John.
─Tengo trabajo más serio que ese─contestó él, aunque había sonreído.─Además, eres un buen tío, solo demasiado enérgico y como hablas con todos… pues con muchas relaciones.
─Y tú en cambio tienes pocos amigos. Los puedes contar con las manos…
─¿Y qué? Estoy bien así.
─Eres inglés, ¿verdad?─murmuró Sophie, mirando a Beckett. Él asintió aunque en oírla había arqueado las cejas por sorpresa.
─¿Tanto se nota? Llevo cinco años viviendo aquí…
─Alguien normal no lo notaría… yo me paso la vida buscando pistas de cualquier tipo que me hablen de la persona que tengo enfrente, así que aunque no quiera termino conociendo cosas de la gente.
─Supongo que es normal siendo policía… ¿Eres inspectora o…?
─Solo una agente─contestó ella.
─Por ahora─remarcó Niall.─Se está considerando ascenderla.
─Ni siquiera es seguro…
─Seguro que lo consigues. Eres de las mejores en tu sección.
─Gracias...
Mientras cenaban hablaron de cosas irrelevantes sobre ellos. Como había imaginado, John tenía una edad parecida. 31 años. Se había graduado en psicología en Oxford, donde había asistido gracias a que su familia era bienestante y tenían conocidos en la universidad. Era de un pueblo cerca de la costa y se había trasladado a Irlanda con su hermana cuando sus padres se habían empezado a pelear antes de terminar separándose. Una vez llegó a Dublín hizo un curso de psicología criminal, por eso muchas veces ayudaba a la policía, aunque mayoritariamente ejercía de psicólogo. También había estudiado cómo tratar a pacientes drogadictos, y aseguraba que muchos de sus pacientes lo habían terminado dejando. Sophie quería creer que Shawn también podía dejarlo. Deseaba que así fuera.
─¿Exactamente por qué querías que viniera aquí hoy, Niall?─preguntó John.
─Ah, verás…
─Mi hermano─empezó Sophie, pero dudó y se detuvo. Cogió aire y le miró.─Es drogadicto. Le he ayudado demasiado, pero sé que terminará cruzando un límite y ni siquiera yo podré reparar sus errores… Niall me dijo que su conocido sabía qué hacer y…
─¿Cuántos años tiene?
─Veintiocho.
─¿Cuánto hace que toma?
─Hace diez años empezó con tabaco y bebida. Un par de años después también probó la yerba, pero no fue hasta hace cinco que empezó a abusar de drogas fuertes.
─¿Cinco años? ¿Ocurrió algo?
─Mi padre murió… también era policía. Nunca se habían llevado demasiado bien… pero…
─Puedo hacerme una idea general. Podría intentar hablar con él.
─¿De verdad…?
─Sí, pero Sophie también tengo que decirte que si él no pretende colaborar, rehabilitarse… yo no puedo hacer nada por él. Así que, ¿crees que va a dejarse ayudar? Siento ser duro, pero si la respuesta es no, probablemente solo perderemos el tiempo.
─No lo sé. Shawn no habla conmigo. Shawn ni siquiera confía en mi, más bien solo me detesta. Así que no tengo ni idea de cómo actuará.
─¿Y por qué si te aleja de él, tú insistes?
─Es mi hermano pequeño… Trabajo para cuidar a los demás, ¿no sería estúpido si ni siquiera puedo cuidarle a él?
─Lo intentaré. Le veré…
─Gracias.
─Pidamos algunas copas─comentó Niall, de repente. Levantó la mano, atrayendo la atención de un camarero. Pidió tres whiskys sin dejar que nadie diera su opinión y poco después se los trajeron.
Sophie cogió su vaso, igual que Niall, pero Beckett simplemente se quedó mirando la bebida. Ella frunció el ceño porque no entendía qué ocurría, pero lo dejó estar y bebió.
─Vamos, ¿no vas a tomar nada?─preguntó Smith.
─No me viene de gusto. Tengo que conducir y por la mañana tengo cosas que hacer, ya lo sabes.
─Pero…
─Bébetelo tú.
─Sophie, ¿nos lo partimos?
─Como quieras─murmuró ella. Niall pasó la mitad de la bebida al vaso de Sophie y el resto se lo bebió de un trago, mientras que ella necesitó varios para terminárselo.
Al poco rato de haberse terminado el whisky, Sophie se arrepintió de haber bebido. Le había subido más de lo previsto y el ruido a su alrededor empezaba a ser inaguantable. Durante su adolescencia nunca había bebido fuera de casa, y eso solo lo hizo una vez su padre murió, pero nunca bebía demasiado, aunque siempre le sentaba mal. Su cuerpo simplemente rechazaba el alcohol, pero hacía tanto de eso que ni lo recordaba. Y por lo visto eso no había cambiado en ella.
Una vez hubieron pagado se levantaron para salir del bar. Sophie era consciente de lo mucho que le pesaba el cuerpo y de la poca fuerza que tenía. No estaba borracha, pero con una copa más, lo estaría. Se chocó con John cuando este se detuvo repentinamente y ella le miró. Estaba parado en medio de la calle y se había sacado una caja de tabaco. Sophie cerró los ojos. Aún recordaba el gusto del tabaco, cómo le ardía la garganta cuando inhalaba el humo. Quién le había regalado el primer cigarro.
─Te llevaré a casa─dijo John Beckett de repente. Sophie abrió los ojos sobresaltada. La estaba observando, y aunque parecía serio tenía una sonrisa en los labios. No llevaba anillo, recordó ella entonces. Sacudió ligeramente la cabeza para sacarse esa idea de la cabeza.
─No hace falta que te molestes. Puedo…
─No te encuentras bien, ¿verdad? La bebida te ha sentado mal.
─Pero te estarán esperando─comentó ella. Tenía curiosidad sobre él a pesar de que pocas veces eso ocurría.
─Sí, cuatro paredes vacías. Vamos, dime dónde vives y te llevaré.
─Está bien…
─Yo me voy─respondió Niall, despidiéndose con la mano.─Nos vemos.
─Siempre tan irresponsable─murmuró John.─¿Puedes andar bien, Sophie?
─Sí, gracias…
Sophie siguió a John hasta su coche. Un deportivo n***o bastante nuevo. Se subieron y ella le indicó la calle donde vivía. Él asintió; parecía conocer la dirección. La radio estaba encendida, aunque el volumen era bajo, así que no se oía demasiado. El interior olía ligeramente a tabaco, y eso era de alguna forma reconfortante para Sophie. Le recordaba momentos pasados que no odiaba del todo.
─Sophie…
─¿Qué?
─No quiero darte falsas esperanzas sobre tu hermano… Quizás no consigo ayudarle.
─Por lo menos lo intentarás…
─Sí, pero no siempre va bien.
─Creeré que puede funcionar. Que hay algo que puedo solucionar.
─Antes has dicho que tu padre murió… ¿le asesinaron en servicio?
─Le asesinaron, sí, pero ese día no trabajaba. Ese día solo era mi padre.
─¿Te hiciste policía por él o por vengar su muerte?
─Para hacerle feliz, supongo.
─¿Y eres feliz?
─Mayoritaríamente.
─¿Cuándo no?
─¿Me lo preguntas porque estás interesado o porque siempre eres psicólogo?
─Perdona… es mi mala costumbre.
─Hago lo mismo, así que…
─Como sea… ya casi llegamos.
─Gracias por traerme. No debería haber bebido. Nunca me sienta bien.
─Tranquila, no me molesta.
─¿Puedo preguntar una cosa?
─Adelante.
─Es relacionado a un caso… asesinato. Viste a sus víctimas de blanco. ¿Qué te transmite ese color?
─Normalmente la gente dice pureza, perdón... y cosas así, pero la verdad es que el blanco nos da miedo. Es el temor, lo desconocido. ¿No le temes al papel en blanco que te dan para que llenes un informe? ¿O los escritores, no tienen miedo de quedarse en blanco? Incluso yo, cuando tengo un paciente y tengo una hoja enfrente en el que tengo que tomar notas para llegar a la conclusión de qué le ocurre, también temo. Quizás es más por equivocarme dirán algunos, pero no creo que sea eso. Tengo que llenar un papel con pensamientos y problemas de otros y los peores de todos, son los que hacen que dejes casi todo el papel en blanco.
─El sujeto en cuestión dibuja sus crímenes…
─Un pintor también le teme al lienzo en blanco. Todos los trabajos que requieren llenar algo que al principio está en blanco pueden conllevar a estrés. Puede representar algo inacabado, que te quedes sin imaginación… es muy complicado determinar porqué una persona actúa a su manera. Sobretodo si es un asesino… más aún si es uno en serie.
─No he dicho eso.
─Analizo a la gente. Los policías no pedís ayuda salvo cuando hay varios casos y un solo sujeto al cual no comprendéis… ¿Sabes que la mayoría de asesinos en serie quieren que les pillen? Se conocen, saben que están enfermos y que no pueden parar, sobretodo cuando hay un desencadenante grave. Hay otros que simplemente son unos narcisistas y quieren presumir de la ventaja que les llevan a la policía.
─Blanco y flores...─murmuró Sophie.─Ese tío parece arrepentirse… pero…
─¿Tienes alguna fotografía de los dibujos?
─Sabes que es confidencial.
─El secreto profesional lo llevamos bastante bien los psicólogos.
─Está bien… pero más te vale… no hablar de esto.
Sophie cogió su móvil justo cuando John aparcaba. Entró en la galería de fotografías y eligió la imagen del primer dibujo. Se la enseñó al psicólogo, quien se inclinó para ver mejor. Al estar tan cerca Sophie pudo sentir su olor. Colonia y tabaco. Pero era una colonia diferente a la que ella recordaba.
─Es complicado determinar nada de este sujeto, salvo que se dedica al arte.
─¿Y eso por qué?
─Nadie más que un artista dibuja tan bien, agente Doyle.
Ella cerró los ojos. ¿Por qué nadie de los que trabajaban en el caso lo había pensado? Lo tenían en sus propias manos, ante sus ojos, las “obras de arte” de su culpable.
─Empiezo a plantearme que igual no somos tan buenos agentes como creía─dijo ella, riendo.─Gracias por la obviedad de la que nadie se había dado cuenta.
─¿Vives sola?
─Sí. Es la casa donde me críe, por eso es tan grande… Ahora mi madre está a las afueras de la ciudad y Shawn… quién sabe dónde.
─¿No has pensado venderla y vivir en un piso?
─No quiero vender mis recuerdos─comentó Sophie, sonriendo.─Sé que la casa no es lo importante, pero…
─Te entiendo.
─No sé por qué, lo suponía.
─Si no te molesta mi compañía, podría venir a verte…
Sophie se sorprendió en oír eso, abrió los ojos tanto como pudo y miró a Beckett a su lado. Notó sus mejillas arder y agradeció que estuvieran con poca luz para que él no pudiese ver que se había sonrojado.
─Lo siento, seguro que…
─Cuando quieras─interrumpió ella.─No suelo tener invitados, así que igual no sé recibir correctamente, pero… no me molestaría.
─Bien… entonces… te llamaré.
─¿Tienes mi número?
Segundos de silencio.─No.─Risas.─Pero si no te importa, podrías dármelo.
─Con mucho gusto─contestó Sophie, sonriendo. Y así lo hizo.
─Bien. Ahora sí puedo llamarte.
─Sí… Bueno… supongo que me iré a casa… Gracias por todo.
─Ha sido un placer, Sophie.
Ella se acercó para darle dos besos, pero se detuvo a la mitad. Él no estaba demasiado alejado y si Sophie seguía la trayectoria no terminaría besando sus mejillas, sino que más bien serían sus labios, que estaban entreabiertos a pocos centímetros de ella. Tragó saliva, contuvo la respiración y le miró.
─Debería irme─murmuró ella, apartándose.
─Sí, empieza a ser tarde...─respondió John, girando un poco la cabeza.
Sophie abrió la puerta y salió del coche, pero después de dar unos pocos pasos se paró. ¿Por qué no hacía lo que le apetecía? No había nada ni nadie que se lo impidiese, solo su miedo. Y ella superaba sus temores. Dio media vuelta, abrió de nuevo la puerta justo cuando John estaba encendiendo el coche, se acercó y le besó. Beckett se lo devolvió y en cuanto ella se separó él se la quedó mirando.
─Normalmente no hago esto, pero algo me ha empujado.
John sonrió.─Te veré pronto, Sophie.
─Eso espero. Soy policía y sé cómo encontrarte.
─Nunca me escondería de ti.
Volvió a bajarse del coche, pero antes de cerrar la puerta se inclinó para decirle una última cosa.─Les dices a tus pacientes que no tomen drogas, así que, ¿por qué fumas?
─¿Tú no tienes malos hábitos?
─Los abandoné, o me abandonaron. Quien sabe.
─Creo que preguntaré sobre eso la próxima vez.
─Será lo mejor. Nos vemos, John.
─Buenas noches, Sophie.