06

2525 Words
El móvil empezó a sonar y eso despertó a Sophie. Cogió la primera pieza de ropa que vio en el suelo y se la puso, resultando ser la camisa de Aidan. Se levantó y oyó un gruñido proveniente de la cama. Se giró para ver a su compañero abriendo los ojos mientras se sentaba, aún con la manta tapándole de cintura hacia abajo. ─¿Se puede saber quién llama estas horas?─preguntó él, aún medio dormido. ─Y yo qué sé─contestó ella, saliendo de la habitación. Llegó al salón y cogió el móvil. Vio en la pantalla el nombre. Jack Murphy. Antes de cogerlo sabía que algo iba mal, que seguramente había otro muerto. ─Dime─dijo, nada más atender la llamada. ─Ha aparecido otro cuerpo. Exactamente como estaba en el dibujo. Necesito que vengas. ─¿Dónde es? ─Phoenix Park. ─¿Qué? ─Eso. Está al aire libre. No sé cómo nadie le ha visto transportando el cuerpo, pero aquí está. Quiero que vengas, ahora llamo a los demás. ─Yo me ocupo de Aidan, para algo es mi compañero. ─Perfecto. Tratad de ser rápidos. Nos vemos en unos minutos. ─Sí. Sophie dejó el móvil en el mismo sitio y volvió a subir a la habitación. Aidan seguía sentado, aunque con su propio móvil en las manos y con una expresión entre disgusto y cabreo. En notar el movimiento en la cama, levantó la cabeza y sonrió. Dejó el móvil en la mesita y tiró de Sophie para besarla, aunque ella le detuvo. Se apartó y se mordió el labio inferior, pero miró al hombre enfrente suyo. ─Tenemos trabajo. Ya hay una segunda víctima. ─Joder─murmuró. ─¿Los mensajes eran de Molly? ─Sophie… ─Quería pararte, ¿sabes? Por el bien de tu matrimonio… pero soy egoísta. Me da lo mismo lo que acabe pasando con ella. ─¿Intentas culparte de lo que yo mismo empecé? No te da lo mismo y piensas en los demás… El único problema soy yo. Quisiera estar contigo pero no quiero dejar a Molly ni a Callum. Sophie miró a Aidan. Ella no sentía más que atracción por él. No quería nada serio, solo una distracción, y más en ese momento, cuando sabía que ese asesino conocía su dirección. No le gustaba lo más mínimo esa idea. Se levantó y se vistió rápidamente. Le dio a Aidan una camisa de su padre y él también se cambió de ropa. Salieron de la casa sin desayunar y fueron con el coche de ella hasta Phoenix Park, sin siquiera pensar que verles llegar juntos podría crear ciertos rumores entre sus compañeros. ─¿Causa de la muerte?─preguntó Murphy a Brianna Moore. ─Como la otra víctima, parece que la principal razón es estrangulamiento… pero como puedes ver este crimen no es tan limpio y ordenado como el otro. Tiene un par de puñaladas en el estómago, aunque no parecen suficientemente importantes como para haber muerto por ellas. Tiene rosas en la boca, tragarse alguna también podría haberle provocado asfixia, pero se notaría así que puedo asegurar que se las puso ahí después de morir… Y tiene heridas en las manos aunque también parecen postmortem.  ─¿Y si le apuñalaron por qué no tiene la ropa manchada? ─Por la forma en que está puesta... seguramente le cambiaron de ropa igual que con la primera víctima. También parece que le han limpiado las manos. Tiene restos de sangre bajo las uñas, pero apenas nada en las palmas. ─Así que a pesar de que se le complique matar a su víctima, trata de aparentar que ha sido fácil. ─¿Y qué opinas de que les vista con ropas blancas y deje flores? ─¿Una ofrenda? ─¿Insinúas que es religioso? ─No lo sé. No sé nada de este sujeto y eso me fastidia. ─Supongo que es normal… Ahí vienen dos de tus agentes. Jack se giró para ver a Sophie y Aidan llegando de lado, hablando, aunque mirándole directamente a él. Cuando llegaron a su lado miraron a la víctima y después a su jefe. ─¿Vuelve a ser estrangulamiento?─preguntó Sophie. ─Sí. ─¿Quién es la víctima? ─Joshua Murray. 47 años. Trabajaba como profesor de secundaria de matemáticas. ─Así que aparentemente, no hay conexión entre víctimas. ─No. Ni siquiera vivían cerca. Igualmente quiero que investigueis si frecuentaban los mismos lugares o algo. ─Sí. ¿Y hay otro dibujo…?─murmuró Sophie, deseando que la respuesta fuese negativa. Que eso se hubiese acabado. ─Sí─dijo Brianna.─En el bolsillo de la camisa. Toma. Sophie cogió el papel que le tendía la mujer, y lo abrió. Otra escena con un muerto vestido de blanco y flores cerca. Parecía que volvería a ser una víctima femenina, pero como siempre, no había pistas sobre nada. Le dio el dibujo a su compañero y miró al muerto que tenía a sus pies. Blanco. Impecable. ─Brianna, ¿la camisa se la puso el culpable? ─Eso creo. ─Entonces lo mejor será analizar los botones. Ponerlos con guantes es complicado. ─Lo haré, pero siendo tan limpio parece difícil que deje huellas. ─Mejor intentarlo. ─Ya te comunicaré los resultados. ─Gracias. ─Señor─dijo una voz grave entonces. Sophie se giró y vio a Sullivan Byrne. Iba vestido con unos tejanos y una camiseta negra, su pelo grisáceo estaba despeinado y las gafas le cubrían la mitad del rostro. Estaba rozando los cincuenta, pero físicamente no lo parecía.─Hay un testimonio que asegura haber visto a un hombre salir corriendo del parque hacia las seis y media. ─¿Nos lo puede describir? ─Le ha visto de lejos. Parecía alguien joven, vestido con ropa deportiva, de una altura mayor de la media, y moreno. Eso es todo lo que recuerda. ─¿No le ha visto la cara? ─No, señor. ─Mierda. ¿Dónde están Flynn y Ryan? ─Preguntando a gente si han visto a alguien entre las seis y las siete, pero no parece que demasiada gente salga a esas horas. ─Entendido. Diles que en cuanto terminen vayan directamente a la central. Nosotros también nos iremos y dejaremos trabajar a la policía científica. Quiero que investigueis los movimientos de Murray y busquéis alguna conexión con la primera víctima. ─Bien. ─Sophie, Aidan, preguntad en el instituto por él. Que os expliquen exactamente cómo era y todo─comentó Murphy. Ambos asintieron.─Ya podéis iros. Cuando llegaron al coche Sophie oyó pasos de dos personas diferentes y antes de abrir la puerta se dio la vuelta. Eran los otros dos agentes. Flynn llevaba unos pantalones anchos que no le favorecían y un jersey verde, el pelo casi al cero y un cigarro en los labios. Alzó sus ojos azules para mirarla y le sonrió para después sacarse el cigarrillo de la boca y echar el humo. Ryan, el más joven de todos ellos era de una edad parecida a la de Aidan, aunque su altura era menor. Era rubio, con el cuerpo musculado de tanto ir al gimnasio. Sus vaqueros se ajustaban a sus piernas, igual que la camiseta de manga corta le marcaba todos los músculos. En ver a sus compañeros de pie al lado del mismo coche esbozó una sonrisa que a Sophie no le gustó. ─¿Habéis venido juntos a pesar de ser tan pronto?─preguntó Ryan Fitzgerald. ─Nos hemos encontrado en la comisaría, ¿algún problema?─respondió ella, cruzando los brazos y alzando las cejas, también rojizas. ─Siempre estáis juntos, solos…  ─Somos compañeros y eso es lo que estos hacen. Que a ti nadie te soporte es diferente─espetó Aidan. ─A Molly no debe gustarle demasiado Sophie. Siempre con su marido… ─¿Y si te metes en tu vida? ─¿Te molesta que hable de lo que sé? ─Sí. Bastante. Además, no sabes nada. ─Tu coche se ha pasado la noche en la central… ¿dónde has dormido? Porque no ha sido ahí. ¿No será que la engañas? ─¿Quién te crees que soy? ¿Tú? ─¿¡Qué has dicho!? ─¡Ya basta!─interrumpió Sophie.─¿Qué tal si aprendéis a comportaros como adultos en vez de discutir como críos? Aidan, métete en el coche y tú, Ryan, no hables mierda que no sabes, y menos conmigo de por medio, ¿me has entendido? ─¿Acaso he dicho que se acueste contigo? ─He preguntado que si me has entendido─repitió ella, alzando la voz, cabreada. ─S-sí… ─Eso espero. Tenemos trabajo, así que céntrate en eso si tanto tiempo libre tienes. Sophie se sentó en el coche y encendió el motor. Arrancó y fue al instituto donde la víctima trabajaba, y en todo el trayecto, ninguno de los dos dijo nada. ─No hemos sacado nada importante─explicó Aidan, delante de Jack.─Nos han dicho que era un gran profesor. Ayudaba en todo lo que podía a sus alumnos. Todos le apreciaban. Aconsejaba a sus compañeros y les daba ideas para dar clase. Incluso se ofrecía voluntario para ir de profesor vigilante en una excursión que no tenía nada que ver con su asignatura… por ejemplo hace un par de semanas. Fue a un museo junto a los alumnos que hacen arte. ─¿No había nada sospechoso sobre él? ─Nada─contestó Sophie.─Era muy respetado por todos─comentó, y justo cuando terminó de hablar notó su móvil vibrar. ─Seguid informandoos sobre él. ─Eso haremos. Una vez en el pasillo Sophie miró su teléfono. Tenía un mensaje, pero no le gustaba. Era de Molly. “¿Podríamos hablar? Solas.” ─¿Ocurre algo, Sophie?─preguntó Aidan. ─Nada. Todo va bien─respondió ella, guardando su móvil en el bolsillo.─Ve al despacho, quiero ir a desayunar algo. ─Iré contigo. Tampoco he comido. ─Ah, cierto… ─¿Pretendías estar sola? ─¿Qué? No. Estoy metida en mis pensamientos y no recordaba que tú tampoco habías desayunado. Vamos a la cafetería, rápido. ─Sophie. ─Dime. ─Nada de lo que ocurra es culpa tuya, ¿sabes? ─¿A qué te refieres? ─A mi matrimonio… y a tu hermano. ─No quiero hablar de eso, mucho menos de Shawn. ─Te guste o no, no podrás evitarlo… ─Aidan, para. Ese tipo de noches, son una gilipollez. Ni siquiera sé porqué lo hago. Y Shawn es cosa mía, no tuya, ¿entiendes? ─No puedes ocuparte de todo. También vas a necesitar ayuda. ─Déjame en paz. ¿Acaso me meto yo en los problemas con Molly? Pues tú tampoco te metas. ─¡Sophie!─exclamó él, en cuanto ella se giró y empezó a bajar escaleras sin esperarle.─Joder─murmuró.─¿Se puede saber qué le pasa? ─¿No será que simplemente no le gustas?─comentó alguien detrás suyo. Niall Smith.─Sé que estás casado, y lo siento si me equivoco, pero todos ven cómo la miras. Quizás eso la incomoda. ─Somos compañeros, no es nada de… ─Anoche os ví iros juntos. Me da lo mismo lo que hagáis, pero créeme que dudo que ella sienta nada especial por ti. Pocas lo hacen cuando estás casado… piensan que si engañas a la mujer, también la engañarás a ella en otro momento. No se fían, y eso es algo inteligente. ─Estás hablando de algo que no sabes, y como sigas así, podrías cabrearme. ─Perdona. Solo iba a hablar con tu jefe… siento haber escuchado parte de vuestra conversación. ─¿De qué quieres hablar conmigo?─preguntó, en voz un poco baja, aunque en un tono normal. ─¿No puede ser cara a cara? ─Estoy ocupada con el trabajo y después tengo más cosas que hacer. ─Es sobre Aidan… ─¿Qué quieres? No tengo mucho tiempo. ─Creo que me engaña… ¿tú le has visto con… otras? ─¿Por qué piensas eso? ─A veces llega tarde y con el olor de alguien… o fines de semana sale supuestamente con amigos pero vuelve con algún rastro de pintalabios… he intentado buscarle explicaciones, me intentaba convencer de que quizás fuese tu colonia pero no usas y el olor que tú haces es diferente… Además, tampoco te maquillas y… Solo sabemos discutir últimamente. Sé que estoy muy decidida en cambiar a Callum de escuela, pero… ─Yo nunca le he visto con nadie. Lo siento─cortó Sophie. ─Ayer… ví que os fuisteis juntos. ─Fuimos a cenar y seguimos trabajando en mi casa. ─¿Por qué no quedaros en la central? ─No quieras dormir nunca en una silla o en un sofá de este edificio. Es inaguantable. Y si tenemos que estar atentos con el caso, descansar mal y poco sería lo peor. ─¿Y por qué tenía que dormir en tu casa, Sophie? Dímelo. ─Solo resultaba práctico. ─Eso me suena a excusa… No puedo creer algo como eso. No sabiendo que te gustaba. ─¿Disculpa?─soltó ella, incrédula. ─Aidan me lo dijo… que tú… Seguro que os acostasteis. Igual no eres la única con la que me engaña, pero no dudo que seas una de ellas. ─Estoy cansada. ¿Te molesta que vaya con otras tías? Pues arréglalo tú. Y si no quieres, te divorcias. Dejad de molestarme todos porque ya estoy harta. Aidan jamás me ha gustado, por si querías saberlo, ahora lo que su entrepierna sienta, no es cosa mía. ─¿Te lo tiras?─preguntó Molly, con una voz insegura. ─¿La verdad? Sí. Dos veces. La segunda fue ayer, ¿más feliz? Ahora, las putas que frecuente, a mi ni me van ni me vienen. Déjame en paz y vuestras peleas las solucionais solos, que para algo sois adultos─soltó Sophie. Cortó la llamada y guardó el móvil. Fue a la cafetería y compró un sándwich y un café, comió rápidamente y volvió hacia su despacho, aunque en el camino se encontró a Aidan, hablando con la recepcionista. Ambos riendo bastante cerca el uno del otro. Cuando la vieron recuperaron sus distancias y Aidan se acercó a ella. ─¿Quieres hacer algo esta noche?─preguntó murmurando. ─Fóllate a otra─le espetó ella.─Como la recepcionista. O a una de tantas. ─¿Se puede saber de qué hablas ahora? Sabes que tú… Sophie se detuvo y se giró para mirarle a la cara.─¿Me ves cara de estúpida, Aidan? ¿Crees que no te conozco lo suficiente? Siempre he sabido a cuantas bandas juegas y no me ha importado, pero deja de darme el coñazo. ─No te sigo. Eres realmente la única que a mi me gusta. Sophie le abofeteó sin pensarlo demasiado y el golpe resonó por el pasillo pobremente adornado con fotografías de ex-policías, algunos muertos y otros jubilados. ─Creo que tienes problemas con tu mujer. ¿Qué tal si los arreglas y me dejas en paz, Aidan? Nuestra relación es estrictamente profesional, ya no quiero saber nada de tu maldita vida, ¿me entiendes? Y será mejor que dejes esa estúpida broma de que te gusto. Con suerte debía gustarte Molly cuando te casaste con ella. Sophie reprendió su marcha hasta llegar a su despacho. Cogió su ordenador portátil, unos papeles y su bolsa y se fue a la planta de los laboratorios de la científica. Quería hablar sobre las autopsias y necesitaba ver a Niall para decidir cómo quedar para esa noche.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD