John estaba estirado en su cama, con las sábanas por encima y mirando el techo. Sophie se encontraba a su lado y le sujetaba la camiseta con fuerza. Cuando se había despertado había pensado que ella estaba despierta, pero en mirarla vio que no era así. Dormía profundamente, y a la vez parecía que hubiese llorado. Tenía las pestañas ligeramente mojadas y en los ojos aún le quedaban algunas lágrimas. Ya llevaban más de dos horas durmiendo, y a pesar de que prometió despertarla, no se veía capaz. No ahora que aparentaba tener un sueño tranquilo e incluso sonreía un poco. Se llevó su mano a su pecho, encima de la de Sophie, quien de repente aflojó el puño, soltando así la camiseta. Gruñó en voz baja, apenas audible, pero cuando John volvió a mirarla se dio cuenta que se estaba despertando. Abrió lentamente los ojos y se quedó unos segundos sin hacer nada, después subió la mirada hasta encontrar la de Beckett y cuando notó el calor en su mano, desvió los ojos para ver que había entrecruzado los dedos con los de él.
John quiso decir algo, pero no supo el qué, así que decidió quedarse en silencio observando a la agente de policía que estaba acostada a su lado. Parecía que estaba intentando procesar y entender qué ocurría, así que se sorprendió cuando ella habló con una voz suave y calmada.
─No me has despertado a las dos horas, ¿verdad?
─Lo siento. Yo también me he dormido y...─contestó John, murmurando y tratando de encontrar una excusa. Se dio cuenta que ella había apretado más la mano y vio que sonreía.
─No importa. Además… la verdad es que ahora mismo estoy bastante bien aquí─dijo ella, acercándose más al cuerpo del psicólogo.
─Sophie…
─He soñado con mi padre… y por primera vez en mucho tiempo no ha terminado mal.
─Has llorado─comentó él, sin saber exactamente porqué.
─Supongo que es normal...─respondió casi susurrando. Ahora miraba su mano y su sonrisa había desaparecido. John se maldijo por haber hecho ese estúpido comentario. Cambió de posición, quedando de cara a Sophie, quien se sonrojó en verle tan cerca y trató de apartarse, pero Beckett la rodeó por la cintura y no se lo permitió.
─No quiero que sea como a psicólogo… pero si necesitas hablar de cualquier cosa… quiero que sepas que puedes hacerlo. Te escucharé siempre que quieras.
─Gracias… pero estoy bien. Es un simple sueño que suelo tener de vez en cuando, nada más.
─¿Sabes que te admiro? Siempre tan fuerte y decidida…
─Lo aprendí de mi padre. No me dejo intimidar por nadie y cuando me critican por ser mujer, digamos que hago que se traguen las palabras.
─Nunca he oído que te quejes de nada, la verdad. Y realmente transmites una seguridad impresionante.
─Si estás halagándome con segundas intenciones no te servirá de mucho.
─Solo te digo lo que pienso.
Sophie cogió aire y se acercó un poco más a John. Rozó sus labios y poco después estaban abrazados y besándose repetidamente. Los pocos segundos que usaban para recuperar el ritmo de respiración, notaban la respiración del otro para volver a juntar sus labios poco después.
En llegar a la central de policía, Sophie fue directamente donde se encontraban los chicos que estaban vigilando las cámaras. No apartaron la mirada de las pantallas ni siquiera cuando oyeron la puerta abrirse y cerrarse. Ella se acercó y se inclinó hacia delante para mirar las imágenes que se veían en los ordenadores.
─¿Tenéis algo interesante?
─Por la mañana se ha reunido en la cafetería con un hombre. El reconocimiento facial lo ha reconocido como a Kyle O’Sullivan. En sus quince le acusaron de violencia callejera, pero se sacó la carrera de bellas artes el mismo año que Cian Clarke.
─¿Tiene alguna dirección conocida?
─Así es. Además, trabaja para gente rica para aconsejarles si deben comprar algún cuadro o no.
─Bien. Hablaré con él sobre qué quería Cian. Con suerte no es a él a quien trataba de proteger.
─La dirección está en su ficha. Con que le busques, lo encontrarás.
─Perfecto. Gracias. Si queréis puedo pedir que os releven… os deben escocer los ojos con tanta pantalla… además, ya lleváis horas trabajando.
─Por ahora estamos bien.
─De acuerdo… No dudéis en pedir que os sustituyan si lo necesitáis. Si se reúne con alguien que también parezca interesante, llamadme.
─Entendido.
─Nos vemos.
─¿La policía?─soltó Kyle, sorprendido, en ver a una agente enseñándole la placa enfrente de su casa.─¿He hecho algo sin saberlo?
─Quiero hacerle unas preguntas referentes a su encuentro con Cian Clarke.
─¿Por…?
─Es confidencial, así que no puedo dar información. ¿Nos permite entrar? Dudo que sea buena imagen para usted, que le vean siendo interrogado en el jardín.
─Ah, claro…
─Por cierto, yo soy Sophie Doyle y él es John Beckett. Es un psicólogo que nos está ayudando en el caso.
Kyle les guió hasta un salón bien decorado, de forma ostentosa, con grandes lámparas, mesas de cristal y un sofá de piel. Todos tomaron asiento.
─Si no es culpable de nada no debería estar nervioso─comentó Sophie.─Solo quiero saber de qué ha hablado con el señor Clarke.
─Pues me llamó ayer por la noche, diciendo que hacía bastante que no nos veíamos y que estaría bien reunirnos… Así que quedamos para desayunar esta mañana en la cafetería y primero hemos hablado de nuestras vidas ahora mismo… Después me ha dicho que había visto el anuario de nuevo y hemos hablado del pasado.
─¿De alguien en concreto?
─Quizás de quien más hemos hablado es de Connor McLaughlin.
─¿Hay forma de localizarle?
─Como no vaya al cementerio no lo veo fácil.
─¿Está muerto?
─Así es. Se suicidó cuando estábamos en el último año. Se ahorcó en un aula antes de empezar las clases.
─¿Por qué razón?
─Nadie lo sabe. Parecía alguien feliz, sin problemas, despreocupado… Fue un shock para todos.
─¿Tenía amigos íntimos?
─Cambiaba bastante de compañia. Justo antes de eso se relacionaba con los empollones… pero apenas recuerdo sus nombres. Solo los motes que les poníamos para reírnos de ellos.
─¿Y no ha hablado de nadie más en concreto?
─No─contestó, rápido y escuetamente.─Cian solo se relacionaba conmigo y unos pocos más que no han triunfado demasiado en la vida.
─Ya… Si recordase algo que ahora no nos ha dicho, le agradecería que lo comunicase. Igual que recomiendo no ocultar información, ya que debería saber que es un delito.
─Es que no hemos hablado de nadie más.
─Espero que eso sea cierto. Si debo volver, seguramente no será por las buenas─anunció Sophie.─Que pase un buen día.
─Desde luego ha omitido algo─comentó John.
─Sí, ¿pero por qué?
─Quien sabe…
─Y que ese chico se ahorcase tampoco me parece coincidencia. O bien nuestro asesino actúo también hace años… o esa es la razón por la que estrangula a las víctimas.
─Así que estás segura de que el asesino era amigo de Connor.
─Sí. Y seguro que Cian sabe quien es… y el problema es qué piensa hacer. Le investigué un poco y tiene deudas que pagar. Como amenace al asesino, no sé exactamente lo que puede ocurrir. Está fuera de control, si se siente amenazado… matará de nuevo.
─¿Y por qué no le detienes? Tenéis pruebas que le inculpan a pesar de que sean falsas. Eso te daría tiempo y le protegería.
─Si llama a un abogado, estamos jodidos. Y aunque no es la mejor opción y odio esto, quizás pueda atraer a nuestro asesino y que se descubra. Ahora mismo están vigilando completamente a Cian. Nos enteraremos de sus movimientos.
─Tenemos al asesino grabado, por si no lo recuerdas. Pero se cubre la cara y la cabeza para que no se le reconozca de ninguna forma. ¿No crees que puede hacer lo mismo en este caso?
─No lo sé. Murphy ha aumentado las patrullas en la calle, hay más gente en el caso… y aún no hay pistas.
─Todo se resolverá. Eres capaz de hacerlo.
─Gracias por la confianza. Como sea… ahora debo revisar el caso de Connor, ver quién encontró el cuerpo, qué conclusiones sacaron de la autopsia… Y también encontrar a sus amigos. A ver si entre ellos está mi culpable.
─Yo iré a hablar con Murphy. ¿Te veo luego?
─Claro.
─Espera, Sophie.
─¿Qué pasa?
─Nada. Olvídalo. Después vengo a tu despacho… Nos vemos.