Sophie había pedido comida a un restaurante oriental, y mientras esperaba a que llegase la cena, fue a cambiarse ya que se había dado una ducha. Se puso unos tejanos negros y una camiseta blanca con un poco de escote. Llamaron al timbre y bajó rápidamente. Era el repartidor. Cogió la comida, pagó y después cerró la puerta. Dejó la comida en la mesa de la cocina y miró la casa. Estaba más ordenada que el día en que Shawn estaba ahí. Miró su móvil. Faltaban unos minutos para las nueve. Sentía su corazón ligeramente acelerado y tuvo que respirar profundamente un par de veces para calmarse. Revisó rápidamente sus r************* hasta que volvió a oír a alguien en la puerta. Dejó el móvil en el recibidor y abrió. Lo primero que vio fue un ramo de flores, y eso la sorprendió. Levantó la cabeza para encontrarse a un John Beckett sonriendo más de lo normal. Sophie alargó las manos para aceptar el regalo, y en hacerlo sus dedos rozaron los de él. Estaba frío. Ella se acercó las flores y en hacerlo notó un agradable dulce olor. Sonrió.
─No hacía falta que te molestaras─murmuró ella, aunque sabía que en ese momento estaba feliz.─Pero gracias.
─La verdad es que me ha costado decidir qué flores serían las más adecuadas para ti.
─Supongo que no parezco alguien a quien le gusten.
─Más bien es porque eres muy reservada.
─Pasa. Voy a ponerlas en agua.
Sophie fue a la cocina, cogió un bote y lo llenó de agua y puso las flores en el interior. Las llevó al salón y las dejó en la mesa como decoración. Se acercó de nuevo a John, quien se había quitado la chaqueta y la estaba sujetando en su brazo.
─Puedes dejarla en el sofá─comentó ella. Él asintió y lo hizo.
─Esta tarde me has sorprendido, ¿sabes?
─¿Por?
─Pensaba que Aidan tenía algo contra ti… y que por eso ibas a ir. Lo que no esperaba es que le tendieras una trampa como esa.
─Yo solo he grabado nuestra conversación. No pensaba que fuera a ser tan explícito, la verdad. Y mi idea principal era amenazarle a él, pero he supuesto que la forma más rápida de sacarmelo de encima era que dejara de ser mi compañero.
─¿Y no podrías ponerle en un compromiso con esa conversación?
─Él mismo se lo ha buscado. Le dije que me dejara en paz. Está casado y yo no soy una puta.
─Pero si él estuviera soltero, y te gustara… ¿hubieras hecho algo de eso?
─No. Para empezar, estábamos trabajando, y segundo ambas opciones me resultan asquerosas. Además, alguien como él nunca me gustaría.
─¿Entonces por qué te acostaste con él?
─La primera vez estaba perdida, y la segunda estaba de los nervios por el asesino.
─¿Y por qué has decidido mandarle a la mierda?
─Porque se lo merece. Solo sabe soltar comentarios estúpidos y, además, si tiene a otras, ¿para qué necesita molestarme?
─¿Y si no hubiera otras?
─¿Sabes que me interesa otro? ¿O es que me estás mostrando tu debilidad?
─Solo preguntaba sin razón alguna…
─Ambos sabemos que eso no es verdad. No me importa.
─Casi no nos conocemos, y no negaré que tú también me atraes, pero el otro día… Cuando lo pienso creo que no debería… Osea, me refiero a que fue todo demasiado deprisa y…
─John, somos adultos. ¿Qué más da acostarse con alguien que te interesa y después terminar de conoceros? ¿No es acaso importante cuando tienes una relación seria estar bien en la cama con la otra persona? Ahora ya sabes si esa parte funcionaría.
Beckett se acercó a Sophie, le levantó la cabeza por la barbilla y se inclinó para besarla. Ella se sobresaltó y puso sus manos en el pecho de él, pero poco después rodeó su espalda.
─La cena se enfriará─susurró ella, enfrente de los labios de John. Él sonrió. La besó una vez más y se separó.
Cenaron bastante rápido y en terminar fueron al salón, y aunque pretendían ver alguna película terminaron hablando sobre ellos. El día de sus aniversarios, datos importantes sobre ellos, anécdotas… cualquier tipo de cosa. Sophie se dio cuenta que se habían ido acercando el uno al otro y que ahora estaban prácticamente rozándose. Notaba su aliento cuando hablaba. Pero el ambiente se perdió cuando el móvil de ella empezó a sonar. Soltó una queja y se levantó.
─Una pregunta… ¿y el baño?─preguntó él, antes de que ella desapareciese por la puerta.
─El pasillo al fondo a la derecha.
─Gracias.
Sophie cogió su móvil.─Sophie Doyle.
─Espero que no tengas sueño─dijo la voz al otro lado.─Porque no vas a dormir.
─¿Qué ha ocurrido?
Jack Murphy suspiró.─Otro muerto. Exactamente como uno de los dibujos que mandaron a los de la televisión. Así que ya puedes imaginar que hay muchos comentarios. Te necesito aquí cuanto antes.
─Dame la dirección y voy.
─Te la mando por mensaje. Date prisa.
La llamada se cortó y poco después recibió un mensaje con una ubicación. Se puso el móvil en el bolsillo del pantalón y fue hacia el pasillo donde estaba el baño. Pero la puerta abierta era la de otra sola. Aceleró inconscientemente, como si pudiera evitar que John viese el interior. Estaba en el centro de la habitación, mirando las paredes con atención.
─Te he dicho a la derecha─soltó ella.
─¿Qué es esto, Sophie?
─Es personal.
─Y una obsesión.
─En esto no te metas, John.
─Me queda claro que estás investigando un par de asesinatos relacionados… pero la gente a la que parece que acuses son policías. ¿Se puede saber qué es esto?
─Ni siquiera eres poli, ¿qué más te da?
─Sophie…
─A mi padre le asesinaron, ya lo sabes, ¿no? Cuando empecé a investigar ví que habían manipulado pruebas e información. Y descubrí de todo. Pero no puedo presentar esto a nadie sin pruebas materiales. No digas nada, por favor. Ni siquiera a Murphy. Si se entera es capaz de suspenderme o no ascenderme… y esa es mi única forma de averiguar más.
─¿Has hecho todo esto sola?
─Sí. Cuando él tenía un caso complicado también hacía esto en este despacho. Supongo que todo se hereda.
─Pero…
─Ahora no hay tiempo. Nuestro artista ha vuelto a matar.
En llegar a la escena del crimen vieron que había varios coches de policía en fila, y a pocos centímetros la cinta policial amarilla que anunciaba en letras grandes “No pasar”. En los trozos donde no había coches patrulla habían varias cámaras y periodistas. Habían acudido más rápido de lo que esperaba Sophie. Quizás era por la cantidad de policía que había acudido, o podía ser también porque era un espacio público. Desde luego su sujeto no tenía miedo alguno a que le vieran. Se acercaron donde había una concentración de periodistas y agentes. Se abrieron paso como pudieron, ignorando las preguntas de los reporteros, que hablaban, no sobre el reciente crimen, sino sobre la serie de asesinatos que se habían cometido por un solo asesino y de los cuales apenas había detalles. Cuando finalmente llegó hasta el cuerpo, vio a su jefe y a Aidan hablando con dos chicas. Decidieron no acercarse y Sophie se agachó junto a Brianna Moore.
─La causa de la muerte… ¿vuelve a ser estrangulamiento?─preguntó, mirando a la joven enfrente suyo.
─Eso parece a primera vista─contestó la científica.─Pero no lo sabremos hasta que le hagan la autopsia. Y no sabía que habías venido.
─Ah, ya, es que acabo de llegar con Beckett.
─¿Estabas con él a estas horas?─murmuró Brianna, sonriendo.─No sabía que a la agente Doyle le interesaran los hombres.
─Sigo siendo humana… Quien no lo parece ser es nuestro asesino. ¿Cuántos años tenía…?
─Veintidós─respondió una voz masculina a su lado. Sophie miró de reojo y vio a Flynn Gallagher. Ella sonrió. Por lo menos no era Aidan quien le estaba hablando.─Su nombre es Maggie Smith, estaba en el último año de carrera. Educación infantil.
─La escena del crimen no es esta─comentó Moore.─A pesar de que fue estrangulada tiene cortes superficiales, pero aquí no hay sangre alguna. La mató en otro lugar y la dejó aquí.
─Pues tampoco debió ser muy lejos─dijo Flynn.─Esas dos son sus amigas. Estaban en un pub cerca de aquí. Celebraban haber aprobado los exámenes.
─Menuda mierda de celebración─soltó Sophie. Estaba cabreada con el asesino. Les estaba tomando el pelo, o eso le parecía. Se puso de pie y observó el sitio, tratando de ignorar a los policías de alrededor. La escena era como uno de los dibujos que había enviado a las cadenas de televisión. El cuerpo de la chica estaba entre dos contenedores, sentada como si no pasara nada. Vestida con una falda corta y una camisa blanca. No llevaba zapatos y en las plantas del pie se podían ver cortes. Y su pelo le tapaba parte del rostro. Parecía dormida, como si tuviera que abrir los ojos y mirar a la gente a su alrededor sin entender la situación.
Sophie apretó el puño. Ningún crimen era justificable, ¿pero matar a una chica a punto de entrar en la vida real? Eso era demasiado para ella. De repente en su campo de visión apareció un papel dibujado. Era el crimen que tenía enfrente. No veía diferencia. Miró a su lado para ver a John mirándola seriamente.
─¿No ves la diferencia?─preguntó él. Ella arqueó las cejas. ¿De qué estaba hablando?
─No veo nada diferente, John.
─En su cuello. En el dibujo lleva un colgante y aquí no hay ninguno.
Sophie abrió los ojos. Revisó el dibujo y después la realidad. El psicólogo estaba en lo correcto. Faltaba ese pequeño detalle. Sophie vio que Aidan ya no estaba con Jack Murphy, así que aprovechó y se acercó con el dibujo. Su jefe la miró extrañado cuando la vio acercarse a las chicas, pero no dijo nada y siguió haciéndoles preguntas sobre cuándo se habían separado y si habían visto a algún desconocido siguiéndolas.
─Una última pregunta─dijo Sophie una vez Murphy terminó de interrogarlas.─¿Maggie solía llevar algún colgante?
─Sí...─murmuró una de las amigas.─Era uno con forma de corazón. Plateado.
─¿Hoy lo llevaba?
─Creo que no─respondió la otra.
─Ya veo… Gracias. Y lo siento…
Las dos chicas se retiraron, acompañadas de un agente, y entonces Jack observó a Sophie antes de hablar.─¿Y esa pregunta?
─Era solo para comprobar que el sujeto ya había visto a la chica alguna vez.
─¿A qué te refieres?
─En el dibujo Maggie lleva su colgante, por lo tanto el asesino sabía que normalmente lo llevaba… o por lo menos cuando la conoció. Si hubiese querido que el dibujo fuese perfecto, quizás hubiese buscado algún colgante, pero ahora ya no busca la perfección… así que se está deteriorando.
─Y avanzándose unas horas…
─Podéis contar que a partir de ahora va a ir más rápido. Con suerte no habrá dos muertos al día─comentó John, detrás de ellos.
─Pero si incluso respeta la ropa.
─¿Y los zapatos?─preguntó Sophie.─Además, la ropa es parecida, no igual.
─Aún y así la camisa no es suya. Lo han confirmado sus amigas─dijo Aidan, que se había acercado de repente.
─Y por ahora, nadie parece haber visto nada─añadió Ryan.─Este tío o es invisible, o no sé qué pensar.
─Como si es mago─soltó Sophie.─Vamos a pillarle y lo pagará.