12

803 Words
Jack Murphy, sus cinco agentes y el psicólogo estaban sentados alrededor de una mesa. Estaban completamente colapsados. Tenían todos los dibujos de su asesino esparcidos en la mesa y eran todos completamente diferentes. Dibujados con la misma seguridad y precisión. Había unos diez dibujos y había tanto hombres como mujeres. Como siempre, no había pruebas suficientes que facilitaran identificar a la víctima, así que no podían hacer nada para evitar nuevos crímenes. ─Esto es imposible─murmuró Sullivan Byrne.─Este tío se nos ha avanzado en todos los sentidos. ─Y ahora incluso los de la tele nos están presionando─añadió Ryan Fitzgerald.  ─Se está complicando demasiado. Necesitamos a más agentes─comentó Flynn Gallagher.─O jamás le pillaremos. ─Estoy de acuerdo─respondió Aidan O’Reilly, tirándose hacia atrás en la silla.─Hemos podido comprobar que sabe hacer las cosas sin dejar rastro alguno. ─Sophie, ¿en qué estás pensando?─preguntó Jack. ─¿Eh? Solo creo que estamos pasando algo por alto… Pero no sé el qué. Pero quizás sí que necesitaremos a más gente trabajando con nosotros. ─John, ¿alguna idea? Beckett negó con la cabeza.─Si está desquiciado, sabe ocultarlo perfectamente. Lo ha planeado todo muy cuidadosamente… como si lo tuviera previsto. No parece del tipo que se deja llevar por las emociones. Eso es todo lo que por ahora puedo concluir. ─Bien… seguid trabajando. Yo me ocuparé de los periodistas. Vosotros no hagáis comentarios. ¿Entendido? ─Sí, señor─respondieron los policías, mientras que el psicólogo solo asintió con la cabeza.  Todos se levantaron de las sillas para dirigirse a sitios diferentes. Sophie iba a ir a su despacho, pero se detuvo. ¿Qué habían hecho todas esas personas para enfadar a su asesino? ¿Y por qué estrangulamiento? Había métodos más rápidos y efectivos… Recordó lo que había hablado con Brianna. No entendía en químicos, por eso le había provocado una sobredosis. Pero con los demás no había usado drogas… Los había reducido con otros métodos. ¿Por qué?  La cabeza empezó a darle vueltas y se llevó una mano a la frente. No podía dejar de hacerse preguntas, y por mucho que lo intentaba, no había respuestas. Notó una mano en su hombro y en girarse se encontró a John Beckett. Parecía preocupado. ¿Era por ella? ─Pareces cansada─comentó.─¿Quieres que te lleve a casa? Es tarde… ─¿Cuánto crees que se puede tardar en conseguir droga? Osea, que alguien te venda grandes cantidades confiando que no dirás nada. ─En la calle no suelen vender grandes cantidades. Llevan bolsas pequeñas porque son más fáciles de tirar y no perder tanto. ─Y alguien que no tenga relación con ese mundillo, ¿cuánto tardaría en conseguir un contacto? ─Unos días probablemente… ¿Qué estás pensando? ─Que nuestros amigos de narcotráfico van a tener que ayudarnos. Me parece que nuestro sujeto puede que empiece a usar drogas para dejar inconsciente a sus víctimas. En Mary usó anfetaminas, pero seguro que terminará enterándose que hay pastillas que se disuelven en la bebida y que son también eficaces. Tenemos que encontrarle antes de que eso suceda. ─Habla con Murphy y que él se ocupe de contactar… ─No. Tengo un amigo en la sección. ─¿Un amigo? ─De la época de la academia.  ─¿Tuvisteis algo? ─No. Nos sentábamos de lado y teníamos la misma edad. Nos hicimos amigos y mantuvimos el contacto aunque nos asignaron a secciones diferentes. Muchas veces le he pedido que me diga si uno de los suyos ve a Shawn. Aunque hoy no está… le mandaré un mensaje y ya quedaré con él mañana. ─¿Entonces te vas? ─¿Puedo ir contigo? ─¿A dónde? ─A tu apartamento. ─Sophie… ─¿Vas a negarte a tener buena compañía? ─Eso nunca. Después de una rápida y ligera cena, fueron al salón a ver alguna película en la televisión, pero a Sophie le pareció aburrida. Quizás porque no se enteraba de qué iba ya que no dejaba de mirar a John. Quería volver a sentir sus labios. Descubrir más sobre él, sobre su cuerpo. Cuando interrumpieron la película con anuncios Beckett se giró hacia Sophie. Iba a decir algo, pensó ella, pero no se lo permitió. Se abalanzó sobre él y le besó, se acercó más para sentarse encima suyo, a horcajadas. Los brazos de John rodearon su cintura, atrayéndola más hacia él. Minutos después empezó a desabrocharle la camisa para más tarde terminar en la cama. Ropa perdida por el pasillo. Mantas en el suelo y sábanas mal puestas. Abrazos y besos y caricias. Tormenta, caos. Y después tranquilidad. Una tranquilidad que Sophie no sentía desde antes de que muriese su padre. Y pudo soñar en esos tiempos de calma y risas. Y todo eso por estar entre los brazos de ese psicólogo al que apenas conocía.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD