Con dificultades entramos al edifico donde está su departamento. Lo primero que se nota del gran departamento es el lujo en el que vive el italiano, la elegancia que desprende; muebles de edición limitada que no he visto en este país, el aroma masculino está impregnado en cada esquina del departamento. —Bienvenida, siéntete como en casa —dice un acento mal pronunciado. «No creo sentirme cómoda aquí.» —Gracias. — ¿Quieres algo de cenar o quieres descansar? —En verdad tengo hambre —digo apenada. —Te preparare una pasta. — ¡Oh no! La pasta es muy pesada para comerla a esta hora, mejor solo comeré una fruta —me opongo a comer algo tardado de cocinar. —Comer una fruta es poco, bebes comer bien para recuperarte. Mejor te preare un emparedado y un poco de fruta. Empujando la silla de

