Jack sintió como su corazón se agitó a toda velocidad a aquel gesto de la mujer de rizos. Ángela se dio cuenta de su imprudencia e intentó evitar la mirada de Mila. —Bueno, —se giró y alcanzó las bolsas de mandado. —Voy a guardar esto o Sarah me va a regañar. —Mila tenía la ceja arqueada, había visto algo entre ellos dos, entonces pensó en algo. —Oh, hablando de Sarah, ya tiene listo para mañana casi todo, ¿Estás enterada de la fiesta de bienvenida? —preguntó Mila a Ángela, Jack arrugó su entrecejo, miró el gesto de Mila. Ángela se giró al cerrar el refrigerador. — ¿La de los ejecutivos japoneses? —dijo Ángela con una gran sonrisa. Mila se dio cuenta que estaba enterada. —Esa misma, es mañana por la noche. Unas manos extras con el arreglo del gran jardín podrían ser de ayuda. —Mila s

