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Imparable seducción

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intro-logo
Blurb

Aaron Miferson es el chico que todos conocen en Stanford. Capitán de los Wildcats, estrella del hockey universitario y dueño de esa clase de encanto que parece abrirle todas las puertas. Es el golden boy por excelencia, y está bastante acostumbrado a que las personas quieran estar cerca de él.

Summer Hampton, en cambio, no se deja impresionar tan fácilmente.

Con una personalidad que no siempre encaja con las expectativas de los demás y suficientes razones para desconfiar de las apariencias, Summer tiene muy claro que Aaron Miferson no es alguien en quien debería confiar demasiado.

Sin embargo, cuando un castigo inesperado la lleva a involucrarse con el equipo de hockey, sus caminos comienzan a cruzarse mucho más de lo que habría imaginado.

Entre la atención que Aaron parece dedicarle sin esfuerzo y las reservas con las que Summer intenta mantenerlo a distancia, descubrirán que algunas primeras impresiones pueden ser difíciles de cambiar.

Aunque quizá lo más complicado no sea acercarse, sino descubrir qué hacer cuando alguien empieza a importarte más de lo que tenías previsto. Porque algunas atracciones son difíciles de evitar y otras simplemente son una Imparable seducción.

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UNO
Pov, s Summer.- 24 de Septiembre, Sábado —Se terminó, se acabó por completo —hablé con desesperación— mis padres van a matarme —Summer, no es para tanto —defendió Astrid —Si lo es, la última vez que pasó algo similar papá me lo advirtió —expliqué— me va a desheredar y va a impedirme practicar y... —¡Summer, cállate ya! Las manos de Astrid Collins, mi mejor amiga desde el inicio de la carrera, se posicionaron sobre mis hombros. Mi mirada grisácea se encontró con esos ojos avellanas que tenía la chica castaña frente a mi. Tomé una profunda respiración. —Lo siento, creo estoy entrando en pánico —suspiré —¿Crees? —enarcó una ceja— bien, escucha, todo estará bien, tus padres no van a matarte, ni te impedirán seguir patinando, ni te van a sacar de la universidad, todo estará bien —La universidad le pasará mi expediente policial a mi padre, junto con las fotos de ayer —solté —Estás muerta, fin de la historia —me dio una sonrisa falsa —¡Astrid! —chillé Me solté del agarre de mi amiga para girarme hacia mi lado de la habitación, específicamente hacia la pared donde descansaban los posters de mi banda favorita: Velvet Reverie. Papá había prometido que si mantenía las cosas bajo control en mi penúltimo semestre me compraría boletos hasta el frente para verlos en tres meses que vendrían. Perfecto. Podía olvidarme de ir a ese concierto. Mi celular, que hasta ese momento se había mantenido sobre mi mesita de noche, comenzó a vibrar haciendo un ruido ligeramente molesto. Me acerqué para revisar la pantalla y me tensé por completo al leer el nombre de "papá". —¡Me está llamando! —anuncié con temor —Pues contesta —¡No!, no puedo contestar ahora, es muy temprano, ni siquiera estoy bañada —negué con rapidez —Si lo ignoras se enojará más, vendrá a la habitación a buscarte —recordó la castaña— la última vez fue vergonzoso —Detesto que sea el entrenador del equipo de hockey —murmuré revolviendo mi cabello— eso no importaría tanto si no trabajara en la misma universidad donde estudia y se queda su única hija Mi celular dejó de vibrar y solté un suspiro de alivio cuando no volvió a hacerlo inmediatamente después. Estaba a salvo. Por ahora. Me incliné para recoger el corto vestido rojo que había lucido la noche anterior, y que ahora se encontraba arrugado y lleno de vómito en el piso de nuestra habitación de residencia. Hice una mueca de asco al notar algunas gotas viscosas caer desde la prensa al suelo. —Se acabó, lo voy a tirar a la basura —anuncié —Summer, te encanta ese vestido —recordó Astrid desde su cama —No pienso lavarlo, es asqueroso —negué arrojando la prenda al bote de basura— ni siquiera recuerdo haber vomitado —No lo hiciste, creo que el vómito es de ese chico de ayer, Terry o Troy, no recuerdo su nombre —Entonces tomé una buena decisión —sonreí ligeramente— iré a darme una ducha, sigo apestando a alcohol y testosterona —De acuerdo, ¿te espero para ir a algún lado a desayunar? Asentí— no tardaré, debemos comer antes de que mi padre me corte los fondos de las tarjetas y no pueda comer ni un muffin de chocolate blanco Tomé mi toalla rosa de la silla mientras Astrid soltaba una carcajada ante mi comentario. Agarré un cambio de ropa sencillo del armario y salí de nuestra habitación hacia las duchas de mujeres. Cuando estaba dentro de la regadera mi mente viajó a la noche anterior. Astrid y yo habíamos entregado la primera parte de lo que sería nuestro proyecto final del semestre, el cual había sido más estresante de lo normal. Por lo cual decidimos salir a festejar y desestresarnos, pero al parecer el alcohol en exceso y yo no éramos precisamente los mejores amigos. Luego de eso tenía recuerdos borrosos del resto de la noche. Lo único que sabía es que había despertado en la comisaria sin Astrid con un vestido de diseñador vomitado por un apuesto chico que había conocido. Maldito alcohol. No iba a volver a tomar. O por lo menos lo intentaría. Veinte minutos después estaba saliendo del área de las duchas de mujeres con mi toalla en mis manos, mi cabello húmedo y las ganas de morirme para evitar una conversación con mi padre más vivas que nunca. Caminé por el área común en silencio agradeciendo que al ser Sábado se encontrara vacía. —Si, he estado cambiando mi alimentación, se que debo subir de peso para la temporada —habló una voz masculina —Tienes suerte, a mi me toca bajar, no se como el entrenador espera que baje siete kilos en menos de una semana, es imposible —respondió una segunda voz —Suerte con eso, en la práctica de hoy estaba furioso, ¿lo notaste, verdad? —Creo que sus gritos más seguidos de lo normal eran prueba de ello —mencionó de nuevo la segunda voz— oh espera, es el, ¡entrenador Hampton! Escuchar el apellido de mi padre me hizo parar en seco y levantar la mirada del suelo. Frente a mí, al finalizar el pasillo que conectaba con la entrada de las residencias se encontraban dos chicos deportistas y frente a ellos... mi padre. Contuve un jadeo. Si hacía cualquier movimiento me notaría y tendríamos que hablar. Los miré conversar con mi padre con naturalidad por largos minutos. Solté un suspiro, no era algo nuevo de ver que el gran y poderoso Andrew Hampton pudiera mantener una conversación extensa con sus chicos deportistas pero no con su única hija. Después de pocos minutos más por fin los tres hombres siguieron su camino alejándose del pasillo, me incliné ligeramente relajándome. Había tenido suerte. Apresuré el paso por el pasillo hacia las habitaciones. Casi al terminar el tramo una persona regresó por ese mismo, me tensé. Sin poder detenerme mi cuerpo golpeó contra un pecho firme, cerré los ojos ante el impacto cuando dos fuertes manos me sostuvieron de los brazos. —Cuidado, ¿estás bien? —cuestionó la persona Abrí los ojos de golpe al escuchar ese acento tan distintivo que conocía bien. Frente a mí había un chico de cabello rubio claro, ojos verdes y un rostro odiosamente tallado con perfección por los mismos ángeles. En resumen: Aaron Miferson. Me solté de su agarré con una velocidad sorprendente para alguien que había dormido apenas dos horas y aún tenía resaca. El rubio me miró con tranquilidad antes de darme una pequeña sonrisa. —¿Estás bien? —repitió Asentí— sí, lo siento, estaba distraída, no te vi —Wow, ¿estás tan distraída para no ver a alguien que mide casi dos metros? —soltó una risita —Ya me disculpé —aclaré con seriedad —Si, pero... —empezó Aaron —Miferson, ¿qué haces aquí aún a esta hora? —interrumpió mi padre— ¿hablabas con alguien? Sentí el temor recorrerme desde la cabeza a los pies. Lo único que me separaba de la vista de mi padre era un pequeño muro de concreto y un chico idiota de casi dos metros. Mi mirada se encontró brevemente con la verdosa del chico y junte mis manos en señal de petición en reflejo. Aaron se giró hacia su entrenador sin moverse ni un solo centímetro, sin embargo su mirada se volvió a encontrar con la mía por unos segundos más, gesticulé un "por favor no". —No, eh..., hablaba por teléfono —mintió el rubio— en realidad estaba a punto de irme —De acuerdo, disfruta tu día... —respondió papá empezando a acercarse —¡No! —replicó Aaron deteniendo a papá en su lugar El brazo del chico frente a mí me tomó de la cintura presionando mi cuerpo aún más contra la pared detrás de mí. Al sentir el calor de su piel contra la zona de mi cintura que estaba descubierta me estremecí. —La verdad es que regresé porque lo estaba buscando —corrigió el chico— es sobre el asunto de una jugada para la temporada —Mmm, entiendo, pero es que ahora mismo iba a buscar a mi hija a su habitación —explicó mi padre— ¿la conoces, verdad?, rizos rojizos, ojos grises —Ah sí, creo que si la ubico —Aaron reprimió una risa— pero es que en serio necesitamos hablar es sobre Sawyer y Lorenz, se niegan a jugar lado a lado —¿¡De nuevo!? —se exaltó Andrew Hampton— Dios mío, no se si entreno chicos adultos o niños de primaria —Sabe su situación... —Bien, vamos a mi oficina, Miferson, mi hija tendrá que esperar —bufó el hombre mayor Por fin el agarre de Aaron me soltó y entonces se alejó junto con mi padre por el lado derecho, no sin antes darme una sonrisa demasiado dulce para mi gusto. Sin perder tiempo avancé casi corriendo hacia mi habitación. Por fin llegué a mi habitación y cerré la puerta detrás de mí. Me quedé unos segundos apoyada contra ella, intentando recuperar la calma después del susto que acababa de llevarme. No podía creer que hubiera estado a punto de encontrarme con mi padre así, y mucho menos que Aaron Miferson hubiera tenido que intervenir para evitarlo. —¿Estás bien? —preguntó Astrid desde el otro lado de la habitación —Sí, solo necesito que este día termine Tomé el cepillo que estaba sobre el peinador y desenredé mis rizos rápidamente. Cuando terminé, Astrid ya estaba lista, así que salimos juntas de la habitación rumbo al área de comida de la residencia. Mientras caminábamos, le conté rápidamente lo que había ocurrido en el pasillo, desde el momento en que choqué con Aaron hasta que mi padre apareció y estuvo a punto de descubrirme. Por suerte, no encontramos a mi padre en el camino y pudimos llegar al área de comida sin más incidentes. Tomamos algo para desayunar y buscamos una mesa apartada para sentarnos tranquilamente. Apenas dejé mi comida frente a mí, Astrid volvió a sacar el tema. —Espera, ¿me estás diciendo que Aaron Miferson te escondió de tu papá? —preguntó Astrid, mirándome con sorpresa —Sí, y estoy algo sorprendida por eso —admití mordiendo mi muffin —¿Y te dejó así sin nada más? —Sí, después se fue con mi papá a su oficina —repetí lentamente —Vaya, eso sí que no me lo esperaba —murmuró— entonces... ¿ya puedes aceptar que es una buena persona? —¿Qué? Sus ojos avellana se encontraron con los míos mientras le daba un trago a su café, luego me dedicó una sonrisa con significado. —Ya sabes, siempre has pensado que tiene algo malo, que oculta algo, y acaba de salvarte de un regaño, ¿ya lo puedes aceptar entonces? —Claro que no —bufé— debió de haber una razón oculta para que me ayudara —Summer, es buena persona, nada más —Ya claro, y yo soy la reina de España —rodeé los ojos— te lo digo en serio, la gente no ayuda a otros solo porque sí, sobre todo si solo han cruzado un máximo de 10 palabras en cuatro años que nos ubicamos mutuamente —Eres todo un caso, Summer —negó la castaña La ignoré y bebí un poco de café. Después de todo lo que había pasado esa mañana, necesitaba algo más fuerte que una simple explicación para sobrevivir al resto del día. —De todas formas, no pienso volver a cruzarme con él —murmuré, más para mí que para Astrid —Eso dices ahora —Y lo digo en serio Astrid soltó una pequeña risa, pero decidí no prestarle atención. Tenía suficientes problemas con mi padre, mis clases y los recuerdos borrosos de la noche anterior como para agregar a Aaron Miferson a la lista. Lo último que necesitaba era otro problema. Y mucho menos uno de casi dos metros. ************************************************************************************** Dos días después.- (26 de Septiembre, Lunes) Cuando la profesora Andrea Hills, que era la que impartía la materia de intervención psicológica, dio por terminada su clase, me levanté de la butaca para guardar mi laptop en mi bolso junto a mi libreta y pluma. Me colgué el bolso en el hombro y salí del salón directo a mi casillero. Al llegar, guardé la libreta de la materia y saqué el libro que necesitaría para la siguiente clase. Cerré el casillero y al girarme me encontré con Astrid, luciendo preciosa como siempre, mientras me esperaba unos metros más adelante. —¿Estás lista? —preguntó mientras comenzábamos a caminar rumbo al siguiente edificio —Sí, vamos —¿Hiciste lo que faltaba del proyecto? —Una parte —hice una mueca— todavía me falta revisar unas cosas antes de la entrega —Yo sabía que no debía dejarlo para el domingo —Y aun así lo hiciste —respondí mirándola de reojo —Porque se trabajar mejor bajo presión —se defendió— pero esta vez fue más pesado de lo normal —Qué conveniente —solté una risita Astrid soltó un pequeño gruñido mientras seguíamos caminando por el pasillo lleno de estudiantes. Las dos teníamos la misma clase a continuación, así que teníamos tiempo de sobra para llegar. Estábamos a mitad del camino cuando los altavoces de la universidad se encendieron. —Summer Hampton, favor de presentarse en la Dirección Académica. Summer Hampton, presentarse en la Dirección Académica. Me detuve en seco y Astrid hizo lo mismo unos pasos después. Ambas nos miramos con evidente tensión. La castaña enarcó una ceja. —¿Qué hiciste esta vez? —preguntó finalmente —Nada, por lo menos no desde el viernes —murmuré —Eso dicen todos antes de que los expulsen —me señaló con tono acusatorio —Cállate —respondí rodando los ojos —Solo estoy bromeando, no te van a expulsar —resto importancia —Espero que no Los altavoces volvieron a repetir mi nombre, haciendo que suspirara mientras acomodaba mejor el bolso sobre mi hombro. —Ve tú a clase, yo voy a ver qué quieren —suspire —¿Quieres que te acompañe? Negué— seguramente solo será alguna cosa de la universidad, a parte necesito que le digas al maestro que llegaré tarde Astrid me observó durante unos segundos antes de asentir— está bien, pero me mandas mensaje cualquier cosa —Sí, mamá —reí —Más respeto, señorita Sonreí y me despedí de ella antes de tomar el camino hacia el edificio administrativo. No tenía idea de por qué querían verme en Dirección, aunque después de lo ocurrido el viernes una pequeña parte de mí ya empezaba a imaginarse lo peor. Al llegar al edificio, pregunté en recepción dónde debía dirigirme y la secretaria me indicó que podía pasar directamente a una de las oficinas privadas. Agradecí y caminé por el pasillo hasta detenerme frente a una puerta de madera. Respiré profundamente antes de tocar. —Adelante —escuché desde el otro lado Abrí la puerta y me quedé quieta durante un segundo. Mi padre estaba sentado en la silla principal tras el escritorio. Llevaba su clásico uniforme de entrenador de pants grises y chaqueta impermeable verde, en su cuello colgaba su silbato de siempre. Contuve unas increíbles ganas de huir de ahí al ver su ceño fruncido, pero sabía que no sería la mejor idea si quería seguir usando la pista de hielo para patinar. Me adentré y cerré la puerta detrás de mí. —¿Qué haces aquí? —pregunté con lentitud —Pasa que mi hija se esconde de su propio padre y la única manera de hablarle es llamándola por el altavoz de la Universidad —replicó con enfado— siéntate, debemos hablar Tragué saliva y caminé hasta la silla que estaba frente a él. Me senté lentamente, dejando el bolso sobre mis piernas mientras mantenía la mirada fija en mi padre. Andrew me observó durante unos segundos sin responder. Su expresión no cambió, pero podía notar que estaba intentando contener el enojo. —Vamos a hablar sobre lo que ocurrió el Sábado por la madrugada Bajé la mirada hacia mis manos— papá... —Ya no eres una niña, Summer, existen las leyes que debes de cumplir —elevó ligeramente la voz —Yo lo sé y te juro que lo intento —interrumpí —Eso es precisamente el problema, Summer, que lo intentas —me cruzó de brazos— y luego te escondes como una persona inmadura sin afrontar las consecuencias, tu madre estaba furiosa cuando le conté, así que me vas a explicar que pasó exactamente Levanté la mirada— no me acuerdo de mucho —¿Es en serio? —frunció aún más el ceño— ¿no te acuerdas de como terminaste en la comisaría? —¿Qué quieres que haga?, ¿qué invente algo que no recuerdo? —bufé —Quiero que dejes de comportarte como una adolescente descuidada que no le importa su futuro No respondí desviando la mirada. De reojo vi como mi padre revolvía su cabello oscuro con frustración. —La universidad me llamó el sábado temprano para informarme de lo que había sucedido —continuó— la policía estuvo involucrada y, por protocolo, tenían que notificarme Sentí cómo el estómago se me revolvía— papá... —Tuve que ir personalmente a hablar con la directora —continuó, ignorando mi intento de interrumpirlo— ¿sabes lo que significa que una universidad como esta tenga que intervenir por un asunto relacionado con uno de sus estudiantes? Negué lentamente con la cabeza. —Estuvieron considerando expulsarte —reveló Sentí que el aire se me atoraba en la garganta— ¿qué? —Tuve que hablar con ellos, Summer, tuve que explicarles que esto no era algo que representara tu comportamiento habitual y pedirles que te dieran una oportunidad, ¿entiendes lo que fue para mi?, soy el entrenador del equipo de Hockey, he puesto en riesgo mi trabajo por ti —Yo... lo siento —bajé la mirada, sintiendo cómo la culpa comenzaba a pesarme en el pecho— no sabía... —Si lo sabías, no se a donde fuiste, ni con quien, pero realmente ese no es el problema aquí —negó— el problema es que cometiste el delito de daños a propiedad privada por estar tomada, sabes que estás a ocho meses de graduarte, ¿en verdad vas a tirar cuatro años de carrera solo porque no sabes controlar el alcohol? —¡Papá, fue solo una vez! —repliqué con frustración— no volveré a tomar así nunca —Claro que no lo harás, porque por eso he tomado una decisión para mantenerte en cóntrol Me enderecé en mi asiento mientras sentía un nudo en mi garganta. Tenía muchas ganas de llorar, pero no lo iba a hacer este momento, no con mi padre en frente. —¿Quieres ir a ese concierto de esa banda que te gusta mucho?, bien, no te voy a quitar el permiso de que vayas, también podrás seguir practicando patinaje en la pista, ni siquiera te reduciré tu paga semanal —¿No? —fruncí el ceño— ¿entonces? —Vas a trabajar para ganarte ese dinero, pero como no quiero que descuides tus estudios yo te voy a dar un trabajo —explicó —¿Tu?, ¿de qué? —Vas a ser mi asistente en las practicas con los chicos —reveló Abrí la boca sin poder creer lo que oía. El hombre frente a mí acababa de decir que sería su asistente durante las prácticas de Hockey. El mismo hombre que se había pasado cuatro años advirtiéndome que me alejara de sus chicos sobre hielo, o de cualquier chico deportista de este campus. No podía entenderlo. —¿Tu asistente? —repetí, esperando haber entendido mal —Sí —¿En las prácticas? —Exactamente —Pero... papá, yo no sé nada de Hockey —me defendí con rapidez —No necesitas saber jugar para ayudarme con cosas básicas, sabes patinar, eso es suficiente —¿Y qué se supone que voy a hacer? —me crucé de brazos —Llevar algunos registros, ayudarme con la organización de las prácticas, preparar material cuando sea necesario y estar pendiente de ciertas cosas que yo no siempre tengo tiempo de hacer —siguió mi padre Lo miré con incredulidad— ¿y cuánto tiempo voy a estar ahí? —Después de tus clases, sabes que las practicas son de 3:00 p.m. a 5:00 p.m., algunos días será solo una hora, dependiendo del día —¿Y mis prácticas de patinaje? —No las vas a dejar, te dije que seguirías usando la pista antes de las practicas —recordó— y antes de que preguntes, por el momento será solamente hasta que terminé el semestre, si tu actitud vuelve a ser igual de descuidada será también el siguiente semestre Me quedé en silencio. Por primera vez desde que había entrado a aquella oficina, no sabía qué responder. —¿Y mi paga? —No vas a tener paga extra, Summer, tu trabajo será para mantener tus 300 dólares semanales —señaló Fruncí los labios, intentando encontrarle algún sentido a todo aquello— esto es un castigo —Es una consecuencia —Es lo mismo —No, Summer, no lo es —Esto es injusto —Lo injusto habría sido que después de lo que ocurrió el viernes no tuvieras ninguna consecuencia Rodé los ojos y me dejé caer un poco contra el respaldo de la silla. Sabía que tenía razón y eso era precisamente lo que más me molestaba. —Empiezas hoy mismo —añadió Levanté la mirada de golpe—¿hoy? —Me escuchaste —¡Pero yo tengo tareas! —Si tienes tiempo para salir de fiestas y causar destrozos, tienes tiempo para hacer tareas y ser mi asistente —me dio una sonrisa dura Volví a guardar silencio, mirando a mi padre mientras intentaba asimilar la idea de que, a partir de ese mismo día, tendría que pasar parte de mis tardes en la pista de Hockey. Lo peor de todo era que no tenía idea de qué iba a ser más difícil: aprender a ser su asistente o sobrevivir rodeada de los jugadores que mi padre llevaba cuatro años prohibiéndome mirar. Miré el reloj inteligente sobre el escritorio y solté un suspiro frustrado aceptando la "consecuencia" impuesta por mi padre sin tener otra opción. Me puse de pie colgándome de nuevo el bolso bajo la atenta mirada grisácea de mi padre. —Summer, espera —llamó Andrew Hampton —¿Si? —me giré hacia el —Mi regla de oro sigue presente aunque seas mi asistente —remarcó con voz más suave— no quiero otros problemas —No te preocupes —rodeé los ojos—no me gustan los monos sobre hockey Y dicho esto salí con prisas de la oficina. Al cerrar la puerta detrás de mi espalda solté un suspiro que se vio interrumpido cuando noté una mirada verdosa sobre mi. Levanté la vista encontrando a el capitán del equipo Hockey sentado en una de las sillas de espera, que llevaba su clásico jersey de hockey verde con el número 99 encima. Nuestras miradas se encontraron y sentí cierto hormigueo en mi abdomen al recordar su brazo desnudo sobre mi piel de hace dos días. Sentí mis mejillas calentarse al notar que su mirada me recorría lentamente arriba a bajo. Unos minutos después, ya fuera del edificio, me permití detenerme y peinar mis rizos rojizos con los dedos de forma ansiosa. Intenté convencerme de que aquel hormigueo no significaba nada y que solo estaba incómoda por haberlo encontrado después de lo ocurrido el Sábado, pero por más que lo intentaba, no podía dejar de pensar en la forma en que sus ojos habían recorrido mi cuerpo. Negué con la cabeza, intentando sacar aquella imagen de mi mente. Tenía cosas mucho más importantes de las que preocuparme, como terminar mis tareas y descubrir cómo demonios iba a sobrevivir a mi primer día como asistente de mi padre. ******************************************************************************************************************************************************************************************************************** ¡Y capítulo listo! Espero les hay gustado mucho como empezamos con esta historia, regresare más pronto de lo que creen con otro cap. nos e olviden de comentar y seguirme. Bye LOS AMO

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