Noelia bajó corriendo las escaleras, y se metió al pasillo que daba al baño de invitados, caminó fingiendo revisar algo en su móvil, de pronto Naomi apareció la había ido a buscar, se le hizo extraño que demorara tanto. Nohely levantó la vista y, como si todo estuviera perfectamente bajo control, habló con soltura: —Lo siento, me demoré. Entró una llamada de mi jefe y necesitaba atenderla —dijo con tono diplomático, guardando el teléfono en su cartera—. Pero ya debo irme. Naomi la escaneó con la mirada de arriba abajo. Su sonrisa fue amable, pero tenía la mirada afilada y Noelia la conocía muy bien. —¿Todo bien? —preguntó con fingida cortesía. —Sí, gracias —asintió Nohely. En ese momento, Matteo apareció por el vestíbulo, ajustándose la chaqueta con desgano. —¿Qué ocurre? —inquiri

