La mansión Cavallari lucía silenciosa bajo la luz tenue de la tarde. Nicolás entró con paso firme, los hombros tensos, el rostro sombrío. La llamada de su hermano no le había dejado margen para otra cosa. Necesitaba respuestas. Y las necesitaba ya. Matteo lo esperaba en su despacho, junto a una mesa donde había colocado un sobre grueso, una Tablet y una copa de whisky medio vacía. Su expresión era grave, aunque en sus ojos brillaba un destello que Nicolás no supo leer del todo. —¿Qué descubriste? —soltó de inmediato, sin sentarse. Matteo se levantó despacio y tomó el sobre. —Hermano… esto no te va a gustar. Pero tengo que decírtelo como es. Nicolás cruzó los brazos sobre el pecho, conteniendo el aliento. —Habla. —Naomi fue la víctima en todo esto. Nicolás frunció el ceño, retrocedi

