Noelia lo miró como si acabara de ver un fantasma. Su voz le tembló, pero las palabras salieron firmes: —No te comprendo… —sus ojos brillaron de furia contenida—. Tienes a la verdadera Naomi de regreso, la mujer que según tú te vuelve loco, lista para estar contigo. ¿Qué haces aquí, buscando a la mustia Noelia? Nicolás dio un paso hacia ella, sus sombras se cruzaron en la luz de la luna. —Porque con quien me casé fue contigo, no con ella —murmuró con voz grave, casi un gruñido. Noelia lo enfrentó con la barbilla en alto. —Yo no me casé contigo, yo no firmé nada con mi nombre. No soy tu prisionera. No soy tuya, Nicolás. No tienes derecho a irrumpir en mi vida como si fuera una de tus propiedades. Él rió sin humor, con una amargura que lo desgarraba por dentro. —¿Y qué quieres que hag

