Domingo, 02, noviembre, 2014.
Como todos los domingos, duermo hasta tarde.
Corrijo, como todos los domingos, dormía hasta tarde. Eso cambio cuando mi hermana Lili le dio por meterse a un deporte, "esgrima", todos los sábados y domingos.
Mis días de felicidad acabaron cuando eso ocurrió aquella mañana de agosto del año 2013. Pero, ¿Por qué acabaron? fácil, porque yo tenía y tengo que acompañarla a sus entrenamientos, pero «Siempre hay un pero» eso dejo de pasar cuando tenía que ir al hospital jugar con los niños vestida de payasita.
Me levanto con toda la flojera del mundo me pongo mis chancletas y salgo sin mirar mi reflejo, porque de seguro lo único que veré en ese espejo serán las ojeras que me dejó la noche por estar leyendo hasta la madrugada en la plataforma de w*****d.
Llego a la cocina mirando la hora en el teléfono de la casa, ahí en la cocina encuentro a la mujer que me dio la vida, el hombre que me engendró y la cosa que tengo por hermana, ah y Puppy.
Sabían qué ¿Puppy significa perro en inglés?
¿No?, bueno, ya lo saben.
— Bendición, bendición.
Me siento y ellos me miran.
— Dios la bendiga — dijeron al mismo tiempo.
Dios, escucharlo, necesito de tu bendición.
— Max, porque no vas y acompañas a tu hermana al entrenamiento, mira que dentro de dos semanas se va a Bogotá — dice mi Papá orgulloso, miro a mi hermana, ella es bonita para la corta edad que tiene, siempre la preferida de todos, ¿La envidio? No, que va, sería algo muy corto.
Ella tiene unos ojos marrones popo, como yo, solo que yo lo tengo un poco claros, heredados por papá, una cabellera negra y yo castaño, una piel tan blanca, que parece blanca nieve y la mía bronceada, perfecta e inteligente, sobre todo muy femenina, yo delante de ella soy como un niño, todo lo contrario.
Suspiro y veo que mi mamá se sienta poniendo el plato con todas las arepas listas para ser rellenadas.
— Vale... — ruedo los ojos y agarro una arepa, el teléfono de mi papá suena, él lo toma rápido levantándose de la mesa para irse hablar al patio, algo muy extraño, ya que él no hace eso.
Empiezo a comer sin dejar de mirar la puerta, tanto mi hermana y mi mamá hablan sobre el viaje que tendría Liliana.
Puppy se encontraba a un lado mío pidiendo comida pero no era su hora de comer.
Después de unos minutos mi padre entra y se sienta, como yo soy curiosa hago mi típica pregunta.
— ¿Quién era? — pregunte desinteresada, lo veo tragar su pedazo de arepa y carraspea. — Cosas del negocio, hija — responde sonriente, entre cierro mis ojos, todo esto se me hace raro en él.
— ¿Como cuáles? — volví a preguntar, siento que miente. — Ya te dije, son cosas del negocio.
—Pero yo quiero saber cuáles son esas cosas del negocio, tengo derecho — se levanta guardando su teléfono, yo igual me levanto algo molesta.
— ¡No, no tienes derecho a saber, fin de la conversación! — grita harto, llamando la atención de mi hermana y mi mamá, ellas siempre nos miraban haciendo este tipo de discusiones en broma, pero esta vez no es echando bromas como siempre, suspiro y me voy a mi cuarto, escucho sus pasos detrás de mí, apena llegue al inicio de la escalera le grite que no me siguiera, realmente estoy enojada porque presiento que algo pasara.
Entro a mi cuarto, cerré la puerta sentándome en mi cama, mi cuarto se encontraba a oscura, la ventana tiene sus cortinas cerradas, y yo me encuentro pensando en las discusiones de esta semana que han tenidos mis padres.
Realmente, ¿Que está pasando?, esto no era así como lo imaginaba de pequeña o simplemente todo era así y solo yo no quería admitirlo.
Me levanto y me cambio la piyama por una camisa rosa salmón, un suéter azul oscuro, un pantalón suelto y mis converse negras que llevan más de tres meses sin ser lavadas por mi sensual flojera de hacerlo, agarre una cola y baje mientras me hacia una coleta alto.
Mi madre y mi hermana se encontraban hablando, Lili ya con su bolso lista para irse.
— No es nada de lo que te tienes que preocupar, mamá.
— Como que no es nada, me parece súper raro que ustedes dos siendo tan unidos se peleen así.
— Espero que no uses esa misma frases cuando me pelee con Sam algún día — abro la puerta y salgo afuera para refrescar mi mente.
¿Ahora pa' donde agarro?
— Epa... — me volteo y miro a Lili seguirme ya que comencé a caminar — Espérame, Max.
Llega a mi lado. — ¿Me acompañas a entrenar?
Pregunta, suspiro pensando, hoy me tocaba ir al hospital a la actividad que tenía con los niños pero mi humor no está en sus buenos días.
— Esta bien, ¿llamas a Lola? — asiente y saca su BlackBerry para llamar a la nombrada, ya en la parada de buseta, Lili no deja de mirarme buscando alguna reacción. — ¿Tienes algo que preguntar? — ella me deja de mirar.
—Bueno... ya sabes lo que quiero saber, y sabes que puedes confiar en mi — suelto todo el aire por la nariz, no le puedo decir que puede que mi padre tenga algo con otra mujer o cualquier cosa loca, todavía no estoy segura. — Todo está bien, no pasa nada, Liliana — entre cierra sus ojos dudando.
Llegamos a la ciudad deportiva, un lugar que tiene el gobierno, entramos al gimnasio donde practica su club y otros, primera vez que entraba al lugar ya que solo la acompañaba hasta la entrada y de ahí me iba a los locales de comida. Bajamos las gradas y me siento en unos de las bancas no tan cerca de la cancha, Lili termina por bajar para calentar mientras hablaba con sus compañeros de entrenamiento.
— Bien muchachos, el entrenador Rubén no viene y me tocara estar solo con ustedes, bien, la hora ha llegado, debemos prepararnos ya que dentro de poco nos iremos a Bogotá — se escuchó hablar a un chamo desde la entrada del gimnasio, miro y me encuentro a un catire de ojos claros con su ropa deportiva, los muchachos aplauden emocionados.
Aquel chamo baja las escaleras hasta que su mirada choca con la mía, baja más rápido hasta llegar a donde estoy sentada.
— ¿Tú eres? — me pregunta en modo de coqueteo o era mi imaginación. — Ella es Max... mi hermana, él es mi entrenador Richard también esta Rubén pero no vino — miro al chamo.
— ¿Tan joven?
— Si... — afirma sin humor. — Es muy perro, que le puede hacer —parpadeo al escuchar esa voz. — ¿Qué haces aquí?— preguntamos todos.
— Uno, él es mi hermano menor, dos, ella es la chica a quien le hago transporte — aclara Raúl, los muchachos miraban hacia nosotros — Tenemos que hablar, Richard.
Ambos bajan las gradas.
— Ahora mes vas a explicar cómo conoces al hermano mayor de Richard, porque de verdad toda esto es muy confusa — asiento.
— ¿El mundo es un pañuelo? —me encogí de hombros, Richard llama a mi hermana, esta baja y Raúl sube y se sienta a mi lado. — Esto me parece algo extraño, súper extraño que nos encontremos en todos lados, o sea entiendo que la ciudad sea pequeña pero es raro — digo, el solo se ríe roncamente. — Es el destino...
Suspiro, destino... aja el destino y sus cosas, vamos a creerle eso, todavía lo miro, pero cada vez más cerca de mi rostro, yo me quedo quieta en mi lugar, Raúl se acerca hasta sentir su respiración chocar con la mía... Su teléfono suena, él se aleja rápido algo molesto, saca su teléfono, se despide, se va y me deja confundida, mi hermana desde la distancia me mira al igual que yo de confundida.
— ¿Que acaba de suceder? — susurro pa' mi.
— Te iba a besar — ataca Lili.
Ya había pasado tres horas desde aquello, yo sigo sin entender, salimos del gimnasio.
— Te iba a besar — vuelve a repetir. — Eres pendeja, claro que no, no iba a pasar tal cosa, de seguro tengo algo en el rostro — me toco la cara y nada. — La pendeja aquí, eres tú, ¿no ves que lo traes pendejo? — entrecierro mis ojos mirándola. — ¿Y?, no me creo esa teoría loca tuya, Lili.
— Como sea, tu eres una testadura, hermana — me echo a reír. — y rara, muy rara.
Mira a mí alrededor y suspira aliviada.
— Que bueno, ya decía yo que era una copia al igual que esta sociedad— ella solo niega. — ¡¿Dios, porque no mandaste una hermana normal con todos sus tornillos?! — le grita al cielo.
— Si, si, que Dios te escuche, vamos a comer, ¿vale? — la abrazo del cuello mientras caminamos a la parada de buseta saliendo del estacionamiento de la ciudad deportiva.
— ¿Qué tal si vamos al nuevo restaurant de papá? — la miro deteniendo el paso.
— ¿Nuevo?
— Si, nuevo, ¿no te dijo nada? y al parecer abrirá uno en argentina según lo que escuche cuando vinieron unos hombres a la casa — habla alegremente.
Vaya, eso no lo sabía...
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Ciudad de Valencia, octubre del 2005.
— Mira este lugar.
Era un gran terrero.
— Aquí abriremos un restaurant.
Asentía muy emocionada con la idea.
— ¿Y cómo se llamara?, papi.
Solo tenía 6 años.
— La casita de maxi, mili y Ana.
— ¿Mi nombre?
Se ríe de mi inocencia y asiente.
— Si, pequeña power Rangers.
Me río de la emoción.
— Algún día todo esto será tuyo y por supuesto de mamá y Lili, ¿va?
— Abriremos muchos restaurantes por el mundo y nos volveremos famosos y viajaremos por todo el mundo.
Se encontraba arrodillado abrazando mi pequeño cuerpo frente a ese gran terreno.
— ¿A dónde sea?
— A donde sea, pequeña Rangers.
Lo abrace dándole muchos besos en su mejilla.
— Te quiero, pa'.
El igual me abraza.
— Yo te quiero aún más, Maxi.
— ¿Me lo prometes?
Pregunte inocentemente.
— Te lo prometo
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— ¡Maxi! — salgo de mis recuerdos y pensamientos, miro a Lili que me ve preocupada. — ¿Porque estas llorando?
¿Estoy llorando? me toco las mejillas y lo siento mojados de lágrimas, me empiezo a reír como retrasada de la nada.
— En serio, tú no eres normal, Max — me limpio la cara con la manga de mi suerte y comienzo a caminar. — Vamos a comer, enana — Lili solo frunce el ceño.
— Soy más alta que tú, enana — me río, ella comienza caminar siguiéndome, y tiene la razón, es 5 centímetro más alta que yo.