De ahora en adelante…

3569 Words
— Plaza Bolívar — 04:50 p.m.   Los tres chicos me miran.   Qué para j***r el momento son guapos.   Esta tipa sabe conseguir buenos partidos pero ¿Por qué no se quedó con uno?   > — opino mi conciencia sucia.   Apenas los conozco y ya tengo sus números de teléfono, para cuando tenga teléfono poder agregarlos, al fin amigos guapos, claro Sam no se queda atrás y sobre todo es mi mejor amigo.   En eso llega él y la tipa, el forzando su mejor sonrisa y ella falsa.   — ¡Sam, por aquí! — sonríe al verme.   Obvio que todos se alegran al verme, menos ella, menos mal que los chicos están de espalda o sino escapa.   — Oh, Veronia — finjo sorpresa. — Oh, Maximiliana — saluda falsa como siempre. — Querida, te quiero presentar a unos nuevos amigos — ellos voltean y se sorprenden, Sam se puso a mi lado. — Sam, ellos son... Leonel o mejor conocido como Leo, el que la invita a salir.   Lo señale como si fuera un producto, él es moreno, alto, pestañas largas, ojazos verdosos, cabello n***o y tiene lo suyo, un cuerpo cultural, y no olviden su trasero bien redondo.   ¿Quién dijo que nosotras no vemos traseros?   — Él, es Logan, el de los besos.   Catire, ojazos café claros, buen cuerpo, con pecas y unos hoyuelos de infarto también con un trasero envidiable.   ¿Pa´ Cuando yo?   > — exclama mi conciencia que nunca se calla.   — Y este bombón, Emilio con quién tiene relaciones íntimas.   Cabellera n***o, ojazos azules cielos, sonrisa colgante y bueno ya veo por qué con él tiene relaciones.   Veronia me mira con rabia que se le nota por toda la cara de lo roja que esta.   — Chicos, él es Sam, el banco — no voy a describir a mi mejoro por qué ya sabemos que está hermoso. Todos se miran y Veronia aún enojada conmigo. — Ah se me olvidó, y ella es Veronia, digo, Verónica, ya todos se conocen.   Sonrió feliz, mi venganza es sencilla y simple pero...   — Ahora nadie saldrá contigo, ya que sin querer difundí tu foto por las r************* revelando lo que eres, perdón por eso — no sé por qué tengo tantos seguidores en mis r************* si solo ayudo en el hospital y a los más necesitados en una fundación.   — Me las pagarás, niña estúpida, no sé qué le vi a este pendejo — dice frustrada y furiosa. — Pendejo y todo, pero así lo quiero, así que no te metas con él o si no te las veras con mi puño — dije a punto de golpearla si no fuera porque Sam me tiene agarrada de la cintura para no matarla, ella solo se va. — Gracias por avisarnos que nos engañaba — agradece Leo.   Sam me suelta para después poner su brazo en mis hombros, se le ve tranquilo.   — Y yo pensando presentarla a mis padres — habla Logan, tanto Leo como Emilio asienten dando la razón. — Pero resulto ser esa típica chica interesada — suspira Emilio. — Pero gracias a Max, supimos cómo era en realidad, ¿Verdad? — pregunta Sam, todos asiente. — Gracias, pequeña Max — dijeron al unísono. — No tienen por qué... — me abrazan de la nada apretando mi pequeño cuerpo — ¡Odio los abrazos! —grite mientras ellos seguían abrazándome y riéndose.   6:45 p.m.   El cielo se estaba oscureciendo al paso de las horas y de mi caminata por las calles del centro todo desierto como era típicamente a estas horas de la tarde.   Todos regresaron a sus casas, Sam se fue al mercado a ayudar a su padre y yo de camino a mi casa.   De repente veo a un sujeto sospechoso caminar a mi dirección y un mal presentimiento inundó mi pecho y mente, doy la vuelta para regresarme cuando otro tipo también sospechoso camina en mi dirección, miro al otro lado de la calle y veo a otro sujeto.   El miedo ya lo tenía instalado en mi corazón que latía sin parar.   Aquí fue. Aquí me morí.   Sin pensar dos veces la situación en la que estaba mire hacia atrás y corrí al callejón, cuando llegue al final de este, resultó ser un callejón sin salida, una reja de alambre me impedía el paso.   El callejón estaba oscuro solo un faro que cada cinco segundos se apagaba y encima de que no alumbraba un pepino.   Aquellos tipos llegaron hasta estar en frente de mí.   — Que linda niña tenemos aquí... — dice uno de ellos con la voz ronca que me dio hasta escalofríos. — ¿Quieres jugar un rato con nosotros?, linda — pregunto otro más bajo, trague saliva, me pegue más a la reja queriendo desaparecer  y estar en mi casa con mi familia.   Cuando veo que se acercan más a donde me encuentro, veo mi fin.   Pero como si Dios escuchará mis súplicas, llega una moto por encima de nosotros como si todo esto se tratara de una película de acción, que cliché.   La luz de la moto no me deja ver a mi salvador.   — El único que jugará con ustedes seré yo, imbéciles — escupe con enojo el motorizado, su voz era gruesa y algo familiar...   Con lo oscuro que se veía el callejón y con el intento de faro, no podía ver con detalle al hombre que me salva de la situación que me metí.   —Muchachos, encargado del tipo, yo me encargó de la niña—hablo el sujeto de voz grave, empecé a temblar de los nervios, que injusticia.   Los dos sujetos se acercaron al motorizado, la luz de la moto se apaga y el hombre se acerca a mí, mi fin, aquí fue.   —Tranquila, princesa, pasara rápido — mis nervios se apagaron al escuchar el princesa. — ¿Acabas de llamarme princesa? — Pregunté molesta, los tres que estaban peleando miran la escena — Mira hombre, yo no cargo absolutamente nada para que me estés robando y si eso no es lo que quiere búsquese una puta que lo complace en lo que sea.   Debía callarme por que daba paso rápido hacia mí, me tomo de los hombros haciendo que los nervios se activaran de nuevo, cerré los ojos con ganas de que todo se terminara pero solo se escuchó un cuerpo caer.   Abrí los ojos, y los tres sujetos estaban tirados en el suelo jadeando, mire al desconocido Salvador con un tubo de metal en mano, se quitó el casco y me lo tiró, lo tomé aun forzando la vista.   — Vamos, te llevo a casa — lo escuche más claro y cerca. — ¿Raúl? — asiente, me acerco rápido a la moto y veo que aprieta una parte de su brazo derecho. — ¿Te hizo algo? ¿Te lastimaron? — me pregunta y niego. — Y tú... — lo veo sonreír con la poca luz.   — Tranquila no es nada grave... — él está a punto de montarse a la moto pero me subo primero, veo que los sujetos siguen en el suelo, al parecer inconsciente. —Siguen vivos... por desgracia... ¿Ahora manejas?   Vuelve a preguntarme, me pongo el casco y lo miro.   —Estas herido... — muevo un poco mi cabeza — y... gracias... por salvarme.   Termine de decir en un susurró.   — Hoy por ti, mañana por mí...   Dice y lo miro sonreír.   ¿Quién diría que él salvaría mi vida en ese mismo instante?   — Raúl Owen´s  —   Me encontraba saliendo del taller de un tío padrino, ya que mi moto se me había accidentado y por pura coincidencia de la vida delante del Instituto de la castaña de ojos azules, y ayer justamente ayer la había visto por primera vez.   Y por cosa de la vida la volví a ver en un restaurante que acostumbro ir con mi hermano Richard, 4 años menor que yo.   Y hoy fue en el Instituto, vi cómo se sorprendió y a la vez se ponía nerviosa, ya estará pensando que soy un secuestrador y me da algo de gracia.   Me río por sólo pensar en eso.   Aunque aún estoy molesto por otra cosa, mi madre, ella quiere que tenga una novia, que ya estoy lo suficiente mayor, que a esta edad ya debería estar casado y todo eso.   Contare un poco de mi vida.   Tengo 22 años, hace un año me gradué de medicina y ahora me encuentro trabajando en un hospital para poder pagar mi otra carrera, la cual comencé hace 4 meses que es ingeniería industrial dejando de lado la medicina.   Vivo sólo y mi familia está conformada por mi madre, hermana mayor, mi hermano menor y mi abuela materna.   Creo que con eso es suficiente información.   Detengo la moto al escuchar que algo le falla, miro la calle desierta del centro, siempre a estas horas está así.   Me acomodo para volver a prender la moto que se había apagado pero me detengo al escuchar algo moverse con desesperación. Volteó a mirar a una chica que está siendo acorralada por tres tipos.   — Malditos ladrones — susurro.   No lo pienso dos veces y miro como una rampa, prendo el motor que por arte de magia prendió y conduzco rápido hasta llegar al callejón sobre pasando la reja dando un giro al tocar suelo, algo que me recuerda a mis tiempos de motocross.   Todo paso rápido en cuestión de segundos.   Los tres tipos quedaron en el suelo inconscientes, por desgracia.   Me di cuenta de que la chica a quien salve era Max.   Eso es imposible de qué fuera una coincidencia.   — El destino te tiene preparado muchas cosas al toparse con una joven adolescente de ojos castaños claros, querido nieto — me acordé de aquella frase que me dijo mi abuela una semana antes.   Llegamos a una casa naranja de dos pisos, jamás había venido por estos lugares.   Tuve que ayudarla a conducir por suerte no matamos a un pobre perro, apaga el motor y la miro confundido.   — Nadie está en casa a estas horas. Así que ven... para curarte, obviamente — dice bajándose de la moto con la llave de esta.   Estaciono bien la moto bajando el soporte principal.   Me bajo y la sigo a la puerta.   — Soy médico, puedo curarme sólo — me mira sorprendida.   — Max Rivas —   ¡El supuesto secuestrador es médico!   No puedo creerlo.   — Me estás haciendo una broma, ¿Verdad?, que sólo vas a entrar a mi casa a robarme y todo, ¿No? —él sólo se ríe.   Abro la puerta y lo dejó pasar.   — No estoy jugando, Max — aclara — En serio, ¿te llamas así?   Tan bien que andaba la conversación.   — No... — me mira esperando que prosiga, cierro y la puerta y suspiro. — Mi nombre es Maximiliana — lo veo parpadear con un intento de no reírse — Nombre poco común, lo sé, es culpa de mi madre y sus chicos de telenovela.   — Entiendo... — se muerde el labio inferior. — Bueno, ya regresó, "Doctor" —digo sarcásticamente. — Ve tranquila — entre cierro los ojos y subo las escaleras al llegar al segundo piso lo escucho estallar a carcajada limpia. — Genial...   Entró a mi cuarto y me cambio por mi pijama, una camisa de los leones de Caracas y un mono de algodón largo hasta el piso que tengo que amarrarlo para no usarlo de coleto, me hago un moño todo rápido. Busco el botiquín de primeros auxilios, no pregunté por qué tengo uno.   Salgo y bajo las escaleras, entro a la cocina y tomo un limón y un cuchillo.   — No — grito de los nervios y me volteó rápido asustada. — ¡¿Me quieres matar del susto?! — le grite. — Perdón... — se ríe, cuanta piedad de mí. — Siéntate — Mira el limón. —Limón no, no te vuelvas loca — dice. — ¿En serio? — asiente — Cobarde.   Dejó el limón y cuchillo de lado. Me pongo a su lado revisando el botiquín y lo miro quitarse la chaqueta dejando ver la camisa de esta mañana.   Tiene unos brazos bien trabajados de esos que no puedes dejar de ver.   Todo chico tiene lo suyo. — ¿Vas a comenzar o qué? — ¿en qué momento me le quede viendo cómo una fan mira a su ídolo?   Me acerco y veo la herida.   —Horrible, horroroso, espantoso...   — Con ofender no se cura, Max... y deja de hablarle a la herida — le miro a la cara y se encuentra muy cerca, me alejo. Sacó el alcohol y el algodón — Oh no... — Oh si, deja de quejarte, pareces un niño de 4 — le limpió la herida y se empieza a quejar como si de verdad fuera un niño.   Agarró la garza y se la pongo, después tomó el rollo y le vendo el brazo. Esto es lo bueno de aprender primeros auxilios.   — Eres buena para ser novata — me felicita o eso creo. — De nada, doctor, ahora identificación — bromeó y el saca su cartera mostrándome su carnet de hospital y sus dos cédulas, la venezolana y la extranjera. — ¿Eres extranjero?, en serio, ¿También medico? — Emm, sí y si, dato curioso, soy español — lo miro sorprendida.   Ese momento donde no sabes cómo reaccionar ante tanta información.   — Ahora que ya sabes de mí y al parecer estamos entrando en "confianza" — me mira analizando, meto todo las cosas en la caja algo nerviosa — ¿Quién eres?   Lo miré analizando la pregunta — Soy una chica normal y corriente, estudiante promedio y soy buena niña.   — ¿Buena niña? — levanta la ceja, asiento cerrando la caja — Entonces... me podrás explicar que hacías en un callejón sin salida a punto de ser "violada" por tres tipos, ¿No?   En cuanto dijo aquello se abre de golpe la puerta de la cocina que da al patio trasero.   — ¡¿Cómo que estabas por ser violada?! — por el Dios de la mala suerte. — ¿Tu novio? — preguntan ambos señalándose.   ¿Es en serio? Por qué no entendí.   — No y no. ¿Y cómo entraste? — Eso no se pregunta, o sea, me ofendes, por el amor a Dios, soy tu mejor amigo, conozco a toda tu familia y me vienes a decir que ¿Cómo carajo entre?   Le doy la razón.   — Volviendo al tema, ¿Quién eres tú?, ¿Y quién es él? — vuelve a preguntar, mientras cierra la puerta y camina hacia donde nos encontramos Raúl y yo...   20 minutos después.   Le conté lo sucedido pero con Raúl en la cocina y nosotros en la sala.   Este pendejo que tengo por amigo agarra un cojín del sofá y me pega.   — Eres pendeja, ¿Cómo se te ocurre irte a pie por el centro todo desierto después de la 6?, estúpida — susurra volviendo a pegarme, agarró un cojín y le regresó el golpe. — Y me decías que él podría ser un secuestrador, pero resulta y acontece que es médico — susurró pegándole más con el cojín.   Me gusta la decoración que tiene el cojín.   — Por lo menos va por buen camino, ¿No crees? — susurra preguntando y regresando el golpe el doble haciendo que termináramos en una pelea. — ¿Ya terminaron de susurrar sobre mí? — escuchamos y paramos viendo a Raúl recostado al marco de la puerta a la cocina. — ¿Desde hace cuánto estás ahí? — pregunto acomodado mi cabello. — Desde que empezaron a susurrar y pegarse como niños — responde serio.   Sam se aclara la garganta y camina hacía Raúl.   — No nos hemos presentado, soy Sam y te agradezco por salvarle el trasero dos veces a mi pendeja amiga — se estrechan la mano. — Soy Raúl y no hay de que, fueron pura casualidad de la vida — me cruzo de brazos viendo como establecen una conversación de hombres, y yo viendo la diferencia de estatura y edad, todo normal. — De ahora en adelante, Raúl se ocupara de llevarte y traerte al Instituto — habla de repente. — ¿Qué?   — No suena mal, puede que te pase algo otra vez, quien sabe, no hay que arriesgarse — miro a Raúl.   ¿Este está de acuerdo con esto?   Sam apena lo conoce y ya le tiene confianza, tengo que pensar con la cabeza fría. — O sea, ¿Mi transporte personal? — ambos asiente. — Sam, ven acá.   Se acerca y le pego con el cojín y le pateo el trasero.   Tuve un tiempo en karate.   — ¡Auch! — ¡Auch de mí! — le grito — Eres pendejo, ¿Verdad?, menso — le pego unas cinco veces más. — Es... por... Tu... bien... — decía en cada golpe. — Bueno... gracias, nos vemos mañana — se despide Raúl tomando su chaqueta y sus llaves.   — Chao... — decimos a la vez. — Se ve que es un buen muchacho — dice mirando la puerta y se cruza de brazos. — ¿Hasta ahora lo vienes a decir?   No puedo creer que sea mi mejor amigo de hace 10 años, que amistad me gasto yo.   3 semanas después.   Miércoles, 29, Octubre, 2014   Se escuchan golpes fuertes en mi puerta, y la única que toca así es mi hermana.   — Max, un chico catire te vino a buscar — me cambio de posición y sigue tocando mi puerta — ¡Max!, ¡El chamo se llama Raúl! ¡Dime! ¡¿Es tu novio?!   Me grita aún más fuerte, me muevo rápido despertando de mi "supuesto sueño" para salir de mi cama pero choque con la pared.   ¿Desde cuándo mi cama está pegada a la pared?   Me volteo a la izquierda y salgo de cama con unos cuantos mechones de cabello tapando mi vista.   Camino, abro y cierro la puerta de mi cuarto encontrando a mi hermana.   — Oye, ¿No me vas a responder?   Lili viene atrás de mí, bajamos las escaleras y ahí estaba él, jugando extrañamente con Puppy.   — Lindas piernas — halaga, me arreglo los mechones arrepintiéndome de haberme puesto shores cortos.   Y pensar que cuando lo conocí por primera vez, era un pervertido sólo en ese momento, pero no, aún lo es.   — ¿Ya estas lista? — ¿No ves que me acabo de despertar? — ¿Y qué esperas?, ¿Que te llueva dinero?   Por un momento quiero que pasara eso.   — Max, apúrate que no tenemos todo el día.   Ruedo los ojos subiendo de una la escalera hasta llegar a mi cuarto.   — No pienso responder tus preguntas, Liliana.   Entró dejando a mi hermana boquiabierta, cierro la puerta y hago lo que tengo que hacer en un dos por tres.   Salgo del cuarto ya vestida con el uniforme de camisa beige, falda azul oscuro con tiras cruzadas con el logo del Instituto pegado en la parte izquierda, mi zapatos negros y las medias blancas largas. Bajo las escaleras y me encuentro a mi hermana en pijama todavía.   — ¿No vas a clases? — pregunte, Lili solo niega volviendo su vista al teléfono. — No tengo clases... así que bye bye.   Camino tomando mi bolso y Raúl me mira.   — Por lo menos péinate el cabello — sugiere. — ¿Y?, ¿Quién me va a estar mirando?, por Dios, vámonos. — Camino hacia la puerta poniendo la llave para abrir pero Raúl pone una mano en esta. — ¿Ahora qué?   — Será mejor que dejes ese humor y te arregles el cabello, Maximiliana — amenaza, suspiro molesta, busco con la mirada algo para amarrarme el cabello y diviso una liga una liga en la mesa de la entrada, la tomo y me hago una trenza de lado. — ¿Feliz?   — Mucho mejor — abre la puerta y salimos de la casa. Suspiro al ver su moto estacionada cerca de la acera, otro día más pa ver si me muero.   No es fobia, sino que es un miedo pasajero, no me acostumbro todavía, Raúl se monta y yo le sigo.   — ¿Lista? — ¿Para morir?, Oh sí, claro, más que lista. Solo déjame ponerme el cinturón — Raúl se ríe, lo sé, la moto no tiene un cinturón, nos ponemos los cascos, acomodo mi bolso, me acomodo abrazando su cintura con los puños cerrados — Lista para morir.   Se vuelve a reír a carcajada limpia.   — Eres una exagerada, Max — arranca.   En menos de 15 minutos sin darme cuenta llegamos al instituto, siento una caricia en mi mano y abro los ojos.   — Max... ya llegamos — me mira por el espejo, me bajo rápido algo nerviosa por lo sucedido y le doy el casco. — Bueno... hoy salgo temprano así que no es necesario venir a buscarme y no tengo clases en la tarde — acomode mi falda.   — Vale — Raúl se va y yo entro al instituto. — Oye, Max — volteo para ver quién me llamaba y veo a Vito correr hacia mí, me da un beso en la mejilla como saludo. — Últimamente llegas temprano — me sonríe.  
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