Aranza, después del viaje pasó una semana encerrada en su departamento, escribiendo la novela que había empezado. Sus notas se habían incrementado considerablemente durante su estadía en Ciudad Lambda, y en ocasiones se descubría desviando su atención en las experiencias que había tenido, especialmente con Zack. El considerar siquiera un segundo encuentro con alguien, lo evaluaba como peligroso, ella sabía que podía caer rendida ante el amor en cualquier momento; y era consciente que los hombres se enamoraban de diferente manera, por lo que no arriesgaría su corazón. Una vez que probó los placeres y deleites en su cuerpo, lo decidió, el sexo sin amor era lo más sencillo. ¿Por qué refrenar su placer carnal, solo por no tener una pareja emocional? ¿Realmente quería volver a enamorarse? ¿Estaba preparada para lo que eso conlleva? Hizo una pausa, todos esos planteamientos eran a causa de Zack, pero él no la había buscado, y aunque estaba tentada en investigar acerca de él, se reprimió. Entonces sacudió sus pensamientos, y los racionalizó como absurdos, dejándolos ir.
El jueves recibió el correo de Fátima, con el itinerario de la semana que seguía, viajaría a Ciudad Kappa, y los planes se llevarían a cabo como de costumbre.
Zack, después del viaje pasó la semana con las reuniones que habían sido pospuestas, con revisiones en presupuestos y autorizaciones de gastos. Lucrecia lo había ido a buscar en varias ocasiones, pero con la carga de trabajo, no había podido salir con ella. Al menos ese era el argumento que utilizaba para justificar no ir con ella, porque en el fondo ansiaba que Aranza lo buscara. Su sorpresa fue que pasó toda la semana y no recibió ninguna noticia de ella. A decir verdad, no habían intercambiado sus números telefónicos, correos o algo para mantenerse en contacto; sin embargo, él sabía dónde vivía ella, pero no quería ir. Estaba acostumbrado a que las mujeres se la pusieran fácil, nunca había tenido un reto para conquistar realmente, por ser un hombre de dinero, atractivo y popular. El viernes llegó, el día laboral estaba a punto de terminar, y así supo que ella no lo llamaría.
-Sofía, investígueme el calendario de presentaciones de la escritora Aranza Olivier por favor –Zack le solicitó por el intercomunicador a Sofía.
Mirando a través del ventanal de su oficina, estaba pensativo, aceptaba que ella había causado un alboroto en su cuerpo, ¿pero se reducía solo al sexo?
Sofía entró a la oficina 15 minutos después con el calendario impreso, se lo entregó y se quedó esperando ahí, percatándose que Zack lo hojeaba lentamente.
-Consígueme un vuelo a Ciudad Kappa el martes, si logras que vaya en el mismo vuelo que ella te daré un incentivo –Sofía reaccionó al instante.
-¡Vaya! Es la primera chica por lo que lo veo realmente interesado, ¿o es solo por los libros? –Sofía le habló en forma mordaz, provocando que Zack le dirigiera una mirada de disgusto.
-Sé que trabajas por placer Sofía, y que no necesitas ese dinero extra, pero ¿podrías esforzarte en no ser desconsiderada? –Zack se sintió descubierto y quiso ocultarlo de alguna manera.
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Aranza fue invitada el sábado, por su amiga Nancy a una fiesta, sería un evento privado en el club nocturno White Rabbit, ambas esperaban tener una noche de diversión. Bebían y bailaban disfrutando de la fiesta, con un par de chicos que Nancy conocía.
Zack llegó al club nocturno White Rabbit el sábado por la noche, porque George, uno de sus amigos cumplía años. Sabía que vería a Lucrecia ahí, por lo que sospechaba que esa noche se iría con ella. Llegó a la mesa donde estaba George, Charles, Lucrecia y Esther.
-Creímos que no vendrías –Le dijo George, mientras recibió un abrazo afectuoso por parte de Zack.
-Jamás me perdería una de tus fiestas –Zack alzó su mano al camarero para que le tomará la orden.
Seguían bebiendo y riendo después de dos botellas de Whisky. Lucrecia comenzó a insinuársele a Zack y le pidió que bailaran, no se hizo del rogar y se dirigieron a la pista. Para sorpresa de él, vio a Aranza bailando con un hombre de manera sensual. Un sentimiento extraño lo asaltó, le dijo a Lucrecia que iría al baño, por lo que ella se regresó a la mesa y el aprovechó para ir en dirección de Aranza. No sabía por qué esa sensación de enojo lo había invadido, pero bajo la guardia cuando su mirada se cruzó con la de ella, que coquetamente le sonrió y le extendió los brazos. ¿Lo estaba seduciendo? Y todo pasó demasiado rápido, la tomó de la cintura y ella se le pegó a su cuerpo al ritmo de la música, acercando sus labios al oído de Zack.
-¡Qué bueno es verte de nuevo! Llévame a otro lugar –El hombre con el que estaba bailando Aranza por un momento se confundió, luego trató de reaccionar, pero Zack lo aventó con un brazo, mientas que el otro brazo era tomado por Aranza, quien caminó en dirección opuesta y se perdieron entre la multitud, por lo que el otro sujeto no los pudo alcanzar.
Salieron del club, Zack tomó su celular y comenzó a escribir mensajes, primero al conductor para que pasara por él, y luego a George para disculparse porque se iría. Aún se escuchaba ligeramente la música, por lo que Aranza seguía bailando provocativamente cerca de Zack, y esa cercanía lo hizo notar el olor a alcohol que se desprendía de ella, definitivamente había bebido más que él. Su transporte llegó, abrió la puerta y después de Aranza entró Zack.
-Buenas noches Señor MacDowell, ¿a dónde me dirijo? –Le preguntó su conductor.
-A casa Ernesto –Fue lo que alcanzó a decir Zack, porque Aranza se abalanzó a sus labios. Un beso pasional, llenó de erotismo, que en poco tiempo ella se sentó a horcajadas sobre él. Le desabotonó la camisa, y abandonó los labios de Zack, para jugar con sus tetillas: succionándolas y mordisqueándolas. Después bajó hasta su pantalón, donde solo lo desabrochó, liberando su m*****o para introducirlo en su boca de inmediato.
Aunque el conductor se concentró en el camino, seguía escuchando lo que se desarrollaba en la parte trasera. Cuando anunció que habían llegado al destino, no escuchó respuesta y decidió abandonar el vehículo, dejándolo estacionado frente a la entrada de la casa.
Zack estaba disfrutando el placer que le estaba dando Aranza, pero cuando sintió que el carro se detuvo y que el conductor salió, se invirtieron los papeles. Zack jaló de manera brusca de la ropa de Aranza, ya que ésta no ayudaba, el traje de pantalón a la cadera y crop top de manga larga, que se amoldaba a su figura, hizo que él rompiera los cierres. Aranza enardecida de placer, no le importó y se dejó hacer. La despojó de su ropa, humedeció su cuerpo con la boca: besos, mordidas y lamidas. Zack la recorrió con sus manos, embriagándose de la suavidad de su piel. Finalizó acostándola para deleitar su lengua con el sabor del fluido que le escurría a Aranza de entre las piernas.
Ambos se hicieron consientes, se deseaban físicamente. Sabían qué hacerse, cómo darse placer, como si se conocieran de mucho tiempo, y sin pensar en nada más se entregaron a esa idea.
-Hermosa, vamos adentro de la casa, es muy incómodo aquí; además quiero contemplarte de nuevo –Zack le habló casi suplicante, besando el cuello de Aranza –No sé qué voy a hacer contigo, me encantas, me vuelves loco –La frase la hizo la hizo sonreír complacida.
–Hagámoslo aquí –Le susurró, mientras un cosquillo la recorría tras decir eso. Zack no perdió más tiempo, se deshizo de la poca ropa que aún continuaba en sus cuerpos, se acomodó entre sus piernas y sin consideraciones, se hundió dentro de ella. Ambos gimieron inundados en las sensaciones, y disfrutándose mutuamente alcanzaron el clímax.
-Ahora si entremos –Aranza estaba riendo, aún había alcohol en su cuerpo. Comenzó a vestirse y sobre la ropa, Zack le colocó su camisa, lo que ella le agradeció.
La dirigió a su habitación, le ayudó a quitarse los zapatos, la dejó en ropa interior y la llevó a la cama -Descansa, hermosa –Su tono dulce, acompañado de un dulce beso en su mejilla, hizo que Aranza sonriera, se acomodó en la cama y se quedó dormida.
Zack se dio un baño rápido, cuando salió observó por algunos minutos la perfecta figura que descansaba sobre su cama, y decidió acompañarla para descansar también.
La luz matinal se filtró por la ventana, los rayos solares bañaban los dos cuerpos semidesnudos. Aranza fue la primera en sentir el calor en su cuerpo y la luz lastimarle los ojos. Aturdida se sentó, primero descubrió que estaba en ropa interior, cerró los ojos y pasó una mano por su rostro tratando de recordar lo que había sucedido la noche anterior. La imagen de Zack apareció en sus memorias, se giró y lo vio en ropa interior. Se levantó lo más ágil que pudo, comenzó a vestirse viendo de nuevo los cierres de su ropa rotos, uso una camisa de Zack encima y salió a gran velocidad. Abrió la puerta de la casa para salir y justo en ese momento una mujer estaba por tocarla.
-¡Vaya! La servidumbre que consigue Zack sí que es eficiente –Lucrecia, la aventó para poder entrar a la casa –Llama al Señor, y dile que la Señorita Marcel está aquí –
Su tono altanero hizo que Aranza suspirara y sonriera de manera condescendiente, decidiendo responder amablemente –Lo siento Señorita Marcel, pero no soy parte de la servidumbre… -Y fue interrumpida por Lucrecia, quien la recorrió con la mirada el cuerpo.
-Entonces eres de esas mujeres con las que se divierte teniendo sexo. Solo para que te quede claro, no tienes ninguna oportunidad con él, yo soy su novia –Lucrecia estaba enojada, la frialdad en su tono de voz era notoria.
Las defensas de Aranza se encendieron al instante, sonrió engreída y adoptó una pose sexy recargándose en el umbral de la puerta –Te equivocas querida, soy yo la que me estoy divirtiendo con él; pero no te preocupes, cuando me aburra de tener sexo volverá a ti. Me tengo que retirar, por favor avísale a Zack que tenía un compromiso –Y se alejó cerrando la puerta tras de ella, evitando de esa manera escuchar cualquier cosa que Lucrecia quisiera decir. Y fue la decisión más inteligente, porque por supuesto que la maldijo entre otras palabras que salieron de la boca de la rubia.