Una proposición

2005 Words
Cuando Zack se levantó y no vio a Aranza en la cama, la buscó en el baño; percatándose que tampoco estaba ahí, salió de su habitación y se topó con Lucrecia sentada en el sillón de la sala. -¿Qué haces aquí Lucrecia? –Dijo desconcertado. -Por supuesto, esperabas ver a la zorra con la que te acostaste anoche –Ella estaba realmente molesta. -No tengo porque darte explicaciones. Respóndeme, ¿qué haces en mi casa? –Zack cambió su actitud, su voz fría y de desprecio hizo que Lucrecia explotara. -Zack, tenemos seis meses saliendo, te exijo que definas nuestra relación –Le sentenció. Zack cerró los ojos y suspiró. Se habían conocido formalmente hacía ocho meses, cuando hizo un negocio con su hermano mayor, con la compra de un terreno. Lucrecia había buscado por todos los medio formar parte del círculo de amistades de Zack, estaba muy interesada en él, era un hombre bien parecido, con experiencia, y de su mismo nivel económico. Pero él no era ningún ingenuo, había sido muy claro con ella desde un inicio. -Lucrecia, tú y yo solo somos amigos. Creo que ésta situación se está saliendo de control, lo mejor será que nos alejemos. Por favor ya no me busques –Zack extendió la mano indicándole el camino hacia la salida. Ella se sintió ofendida –Te vas a arrepentir de haberme rechazado Zack –Le dijo mientras caminaba hacia la salida y azotó la puerta cuando la atravesó. Los pensamientos de Zack optaron por la obviedad, Aranza y Lucrecia se habían enfrentado, la verdadera pregunta era ¿cómo había sido aquello? Él conocía a Lucrecia, pero no a Aranza, al menos no de esa manera, no se podía siquiera hacer una idea de su actitud. Recargado completamente en su sillón, bebiendo el café de su taza, sumergido en sus ideas, se convenció en seguir sus instintos: el martes tomaría el vuelo junto a ella, y buscaría conocerla. Aranza llegó a su apartamento, tomó un baño, se preparó para salir y llevó la camisa de Zack a la tintorería. Fue honesta con ella misma, tenía una conexión con Zack en el sexo; pero descubrir que le había mentido con respecto a su novia, le molestaba. Se preguntó si haría lo que le dijo a la Señorita Marcel, usarlo hasta cansarse de él, solo para vengarse por haberle mentido. Pero lo reconsideró por la rubia, independientemente de su actitud altanera, engreída y grosera, no podía culparla, después de todo la había encontrado saliendo de la casa de su novio. Pasó el domingo en casa, escribiendo; el lunes, envió la camisa con un mensajero y una nota. Determinada a no volver a caer en la cama con él, preparó su maleta para el viaje del día siguiente, que ansiaba para poder salir de un juego que no había previsto, y que en definitiva buscaría no continuar. Zack recibió su camisa perfectamente limpia y cubierta por una funda, donde resaltaba una nota sobre ella: “Lamento haber tomado una de tus camisas”. La perfecta y desconocida caligrafía en cursiva, le hizo percatarse que en definitiva debía ser Aranza, y eso provocó que aumentará su curiosidad en ella. No fue a buscarlo, y sino fuera porque había arreglado un vuelo para ir con ella, pasaría una semana entera sin verla. Aranza estaba sentada en la sala de espera del aeropuerto, con sus lentes obscuros y distraída con su celular. Una fragancia conocida invadió sus fosas nasales, lo que hizo que levantará el rostro y justo frente a ella estaba Zack, sonriéndole picarescamente. Bajó un poco sus lentes y agachó un poco la cabeza para mirarlo. -¿Qué estás haciendo aquí Zack? –Preguntó incrédula. -Creo que es obvio, voy a tomar un vuelo –Contestó divertido. -Muy gracioso, ¿a dónde viajas? –Lo cuestionó de nuevo, pero con fastidio. -A Ciudad Kappa –Le respondió con una expresión de inocencia, aun cuando lo había planeado todo. Aranza echó su cuerpo hacia atrás, recargándose completamente en el asiento metálico, levantando su rostro hacia el techo del lugar y suspirando se resignó, sabía que volaría con él –Y tú, ¿a dónde vas? –Fue el turno de Zack de preguntar. -A Ciudad Kappa –Sin ganas le respondió. Escucharon el llamado para abordar, y caminaron juntos hacia la fila de primera clase. Inmersos en sus propios pensamientos, tan contradictorios: mientras Aranza ideaba cómo evitarlo, Zack hacía planes para “toparla por casualidad”. Un vuelo de 5 horas frente a él, Aranza podía sentir la mirada constante y penetrante de Zack; entonces decidió molestarlo, ella era experta en el coqueteo, le sonreía, buscaba posiciones provocadoras, jugaba con su lengua sobre sus labios y le decía frases cortas esporádicas, para incitarlo. Pero Aranza había resuelto no bajar la guardia, no podía estar con él nunca más, porque él tenía novia. Zack se divertía, el coqueteo, el atrevimiento de Aranza le gustaba; pero quería conocer a la otra parte: la nerviosa, la de la sonrisa dulce y lo que faltará. Observándola detectó su interés en ella, en ese momento cavilaba la realidad, quería descubrirla completamente, así le llevara la vida en ello. El avión aterrizó, dentro del aeropuerto se despidieron, ya que Fátima recogió a Aranza y un conductor del Hotel MD pasó por Zack. Aranza pasó la tarde en el hotel. Quería escribir, pero Zack se empeñaba en aparecer una y otra vez en su mente. Decidió hacer uso de estupefacientes para concentrarse; así que pidió servicio a la habitación, ordenó una botella de vino. La última copa la hizo recargarse completamente en el asiento, para dedicarle de nuevo minutos de sus pensamientos a Zack. ¿Por qué ese cretino, mentiroso, mandón, bien parecido, bien dotado y bueno en la cama le rondaba la cabeza? Y en un instante lo recordó, fue ella quien lo retó a quedarse grabado en su piel, y el muy maldito lo había conseguido. El Hotel MD pertenecía a la cadena hotelera de MacDowell Co, y Zack realizaba revisiones esporádicas a sus hoteles, así que aprovecharía el viaje para hacer ese trabajo. La revisión le llevó toda la tarde, y encontró que todo funcionaba a la perfección. Observaba las luces de la ciudad desde el balcón, tomando un vaso de whisky, mientras Aranza invadía su mente. Tenía que aceptarlo, la trigueña era todo un enigma para él, tenía sexo con ella como con ninguna otra; no lo buscaba, pero cuando estaban cerca no lo rechazaba, aunque solo cuando se trataba de coqueteo y sexo ella sabía cómo actuar, porque cuando tenía otro tipo de cercanía con ella, se ponía nerviosa. Entonces una pregunta se hizo latente, ¿estaba dispuesto a ceder con ella? Él, que había evitado por todos los medios enamorarse, y más allá de eso, no creía en el amor. Por la mañana, ambos siguieron sus actividades. Aranza por un momento pensó que lo vería en la presentación de su libro, pero se sintió aliviada, ya que no fue así. Pero por la tarde, otra historia sería contada. Aranza firmaba libros sonriendo, cuando Zack apareció frente ella. -¿Qué estás haciendo aquí Zack? –Preguntó incrédula entre dientes, y con sus ojos sumamente abiertos. -Creo que es obvio, quiero que me firmes tú libro –Le respondió sumamente divertido –Puedes escribir: ¿Con amor a Zack? –Aranza suspiró, pero no dijo nada, y simplemente lo escribió –¿Podemos tomarnos una fotografía también? –Zack seguía presionando. Aranza sin decir de nuevo palabra alguna se levantó de su asiento, colocándose a un lado de él, lo tomó estratégicamente del brazo. Zack le habló por lo bajo –Me encanta cómo tomas el control en todo –Aranza levantó la mirada al instante, viendo la sonrisa cínica de perfil. En ese momento la fotografía fue tomada, y Zack estaba satisfecho de ver el perfil de Aranza con una expresión de desconcierto total, algo que hasta ese momento descubrió. Su tensión disminuyó cuando lo vio salir de la librería; pero quedó intrigada, porque él iba sonriendo, observando la fotografía recién tomada. Terminó la presentación del libro, Aranza y Fátima salían conversando acerca del lugar al que irían a cenar, cuando Aranza vislumbró a Zack a la distancia, caminando hacia ellas. -¿Qué sucede? –Preguntó Fátima cuando la escuchó suspirar profundamente. -El sujeto que viene caminando hacia nosotras… -Fátima le dio una mirada rápida a Zack. -¿Te está molestando? –Estaba preocupada de que fuera algún fanático acosándola. -No, pero tengo que dejarle las cosas claras –Le respondió con un tono serio y decidido. -Señoritas –Zack llegó saludando con una sonrisa amplia, mientas Fátima lo observaba analizándolo, y Aranza tenía una expresión mal humorada –¿Qué les apetece cenar? –Aranza entrecerró los ojos, era un cretino, ya estaba dando por hecho que saldrían con él. -Discúlpanos un segundo Zack –Aranza jaló del brazo a Fátima. Después de cinco minutos, que Zack los sintió como 15, Aranza logró convencer a Fátima que se fuera a cenar sola, mientras ella se iba con Zack. Él se sintió victorioso, cuando vio a Aranza caminando sóla hacia él, así que la llevó a uno de los restaurantes más famosos de la ciudad. -¿Qué clase de juego es éste Zack? –Aranza preguntó en un tono molesto, sentada en la mesa del restaurante que él había elegido. -¿A qué te refieres? –Zack respondió con otra pregunta, tratando de evitar que se notara su diversión, porque definitivamente le gustaba lo que estaba provocando en Aranza. -Vamos a hablar claramente, porque no creo en lo absoluto en éstas “coincidencias” de estarte viendo repentinamente –Levantó sus manos, marcando las comillas con ademanes en la palabra coincidencias. -¿No te gusta verme? –Zack cuestionó fingiendo ofenderse; pero Aranza no cayó en ese juego, le lanzó una mirada de fastidio –Está bien, hablemos seriamente. Quiero conocerte Aranza –Cedió hablando sinceramente. -¿Quieres conocerme? Ya me conoces Zack, tendrás que ser más específico –Lo conrontó de manera fría. -Comencemos a salir Aranza -Dijo con seriedad -No quisiera decir que seamos novios, porque tenemos poco tiempo de conocernos, pero veamos cómo funciona –Fue totalmente honesto. -¿Te refieres a salir como amigos con derechos o ser tú amante? –Le interrogó mordaz. -¿Cómo? –Pero él no entendió la pregunta. -Voy a ser muy clara contigo Zack, no estoy interesada en ninguna relación sentimental a corto ni a largo plazo; además, no suelo involucrarme con personas que tienen una relación formal ya con alguien, ¿qué te hace pensar que será diferente contigo? –Ella deseaba observarlo reaccionar. -Si estás insinuando que yo tengo una relación con alguien más, estás equivocada -Hasta ese momento se percató que hablaba de Lucrecia -Estuve saliendo con alguien, pero no era nada formal y ya se terminó -Quiso aclararlo -Respecto a qué es diferente conmigo, no puedes negar que hay algo especial cuando estamos juntos. ¡Vamos Aranza intentémoslo! –La última frase la dijo descarada y engreídamente. -Sabes que pienso Zack, que tú solo quieres sexo conmigo, y podría aceptarlo, bajo ciertas reglas por supuesto; pero no quiero problemas con tú novia, es demasiado posesiva y celosa –Aranza se puso de pie -Si algún día llegaras a terminar con ella, aceptaría tú propuesta. Ahora si me disculpas me tengo que ir – Salió con una sonrisa producto de una mezcla de sentimientos: emoción, satisfacción, nerviosismo. Deseaba que fuera cierto el que no tuviera una relación con la Señorita Marcel, porque tenía que aceptarlo, la intromisión de Zack en su vida era placentera; sin embargo, por algún motivo, creía más en las palabras de la supuesta novia. Zack la vio salir del restaurante, no obstante, no había rastro de derrota en su rostro, después de todo Aranza no le negó la conexión que tenían en la cama.
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