Al día siguiente Zack de nuevo esperaba a Aranza al final de la segunda presentación. Con eso aceptó que él no se daría por vencido, así que le permitió que las acompañara a cenar. Zack disfrutó de la velada, conoció la parte laboral de Aranza. Fátima se alegró, había al fin conocido una posible pareja para la escritora, y al parecer era un buen partido. Aranza por su parte, se divirtió, percatándose que Zack no era un cretino después de todo.
-Gracias por la velada y por traernos. Te veo mañana Aranza –Fátima se despedía en la entrada del hotel, dejando a Zack y Aranza solos.
Silencio. La mente de Aranza se quedó paralizada -Gracias Zack –Le sonrió, y se giró para hacer una retirada, pero él la agarró suavemente por la muñeca, haciéndola detenerse y que volteara a verlo.
-¿Cómo puedo convencerte de que realmente no tengo ningún tipo de compromiso con nadie? –Le preguntó con verdadera intriga en su expresión.
-Haz que el resto de ésta semana sea igual al día de hoy, ya que regresemos a Ciudad Omicron lo resolveremos –Aranza respondió seria, después se acercó para dejarle un beso en la mejilla, sonrió de lado y se fue caminado pensativa hacia el hotel. ¿Era peligroso darle una oportunidad?
Aunque el resto de la semana solo se encontraron para cenar, existían pensamientos en las mentes de ambos. Mientras Zack pensaba: “Y si solo la beso” Aranza lo sorprendió dirigiéndole miradas lujuriosas, especialmente la que le dedicó cuando iba caminando de regreso a la mesa después de haber ido al baño. Y ella no se quedaba atrás: “¡Dios! Huele tan bien” Zack sintió como ella acortó la distancia entre ellos, lo tomó del brazo y se recargó sobre él mientras caminaban. Pero ninguno de los dos cedió a la tentación que significaba.
Llegó el día del vuelo de regreso y viajaron juntos. El ambiente era de lo más tranquilo y predecible posible; sin embargo, en la mente de los dos había una revolución de fantasías, deseando cumplirse.
La llevó hasta su apartamento, ambos bajaron del auto, mientras que Ernesto, el conductor bajaba la maleta.
-¿Puedes… Puedes ayudarme a subir la maleta hasta mi apartamento? –Aranza le solicitó titubeante.
-¡Por supuesto! –Zack aceptó al instante y con una sonrisa traviesa, ya que tenía pleno conocimiento de lo que estaba sucediendo: ella sería la primera en ceder.
Subieron por el elevador, Aranza lo guio en completo silencio hasta la puerta del apartamento, abrió la puerta y permitió entrar a Zack primero, porque él traía la maleta. Él iba hablando cosas a las que ella no le prestó atención.
-¡Wow! Tu apartamento es acogedor… –Se interrumpió, ya que cuando se giró para ver dónde estaba ella, la vio caminando sensualmente hacia él.
Aranza se acercó hasta tomar con sus manos las mejillas de Zack y lo besó ansiosamente. Él correspondiéndole, rápidamente rodeó con sus brazos la cintura de ella; colocó sus manos en los glúteos, para atraerla hacia su cuerpo, así ella pudo sentir su falo más que listo para ser devorado. Aranza alejó su cuerpo de Zack y prácticamente le arrancó la ropa. Para él era demasiado excitante que ella estuviera actuando de esa manera, la dejó hacerle lo que ella quisiera. Aranza tenía entre sus manos el pene caliente y palpitante, realizaba un movimiento sutil y constante con él, mientras mordisqueaba los labios e introducía su lengua en la boca de Zack. Terminó el beso con un suave mordisco en el labio inferior, y bajó para meterse hasta el fondo de su boca el falo erecto; casi al instante se escuchó un gemido de placer, el cual solo fue el inicio de muchos otros por parte de Zack. Él estaba perdido, disfrutando, cuando sintió que Aranza lo tomó de las manos y las guio hasta posicionarlas entre su cabello, para que él marcara el ritmo. La tomó con firmeza, penetrando su boca bruscamente, hasta que vertió su semen en la garganta de ella. Sintió como Aranza apretó con los labios su m*****o, para dejarlo sin residuo o rastro alguno de cualquier líquido. Entonces la levantó para poder observarla con detenimiento.
-¡Eres una jodida Diosa! –Estaba ardiendo en deseo, la lascivia era evidente en su expresión y terminó por besarla salvajemente. Recorriendo con sus manos el cuerpo de Aranza, la recostó en el sillón –Mi turno… - Susurró, mientras se deslizaba hasta quedar entre sus piernas. La despojó solo de su ropa interior, ya que afortunadamente usaba un vestido con vuelo, y con su boca alcanzó el clítoris, lamiéndolo, chupándolo. Dos dedos de una mano se introducían sin compasión en la v****a, y un dedo de la otra rosaba delicadamente el ano. Después de algunos minutos, intercaló, su lengua la introdujo en la v****a y una mano la llevó al clítoris. Aranza se hallaba inmersa en las sensaciones, sosteniéndose con las manos de donde podía, mientras Zack se paseaba a placer por su intimidad, ella alcanzó el orgasmo.
Una vez que Zack percibió que las contracciones habían culminado en el cuerpo de Aranza, la cargó como princesa, y ella le señaló la dirección hacia la habitación. La sentó delicadamente sobre la cama, bajo el cierre del vestido, despojándola del mismo se sorprendió, ya que no llevaba sostén. La contempló por unos segundos, la mirada obscena con la que Zack observaba el cuerpo de Aranza, hizo que ella sonriera mientras un cosquilleo le recorría el cuerpo.
-¿Tienes condones? –Zack le preguntó, y ella solo apuntó hacia el peinador frente a su cama. Él camino en esa dirección, descubriendo una cajita, sacó un sobrecito y abriéndolo se colocó su contenido. Mientras Aranza lo observaba, se acomodó recostándose con las piernas flexionadas sobre la cama. Cuando la descubrió ya acomodada, Zack sonrió complaciente, se posicionó entre las piernas de ella, tomándola por las caderas, jugó un poco con su pene en el clítoris, suave, rítmico; y repentinamente se hundió en ella, sintiendo su humedad y su calor, gimió, al igual que Aranza. Deleitándose mutuamente con el vaivén que sus cuerpos ejecutaban instintivamente, ella llegó primero al clímax; y cuando Zack se percató de ello, la penetró con más fuerza para alcanzarla en el placer. Se dejó caer a un lado de ella, escuchando las respiraciones agitadas de ambos, se quitó el condón y lo tiró en la basura ubicada a un lado de la cama.
Aranza cerró los ojos, las ideas que aparecían en su mente la hicieron aceptar que disfrutaba del cuerpo de Zack, y últimamente también de su personalidad. Él volteó su rostro, contemplándola, le gustó lo que ella le hacía sentir, físicamente le atraía, y su temperamento enigmático lo seducía.
-¿Qué estás pensando? –De manera sutil y deslizando el dorso de su mano en la mejilla de Aranza, le preguntó. Ella abrió los ojos y se encontró con la mirada de Zack.
-¿Te quieres quedar el fin de semana? –Le respondió con otra pregunta. Zack se asombró por su propuesta, no concebía que ella estuviera cediendo de esa manera; y por supuesto que aceptó, haciendo los arreglos necesarios para que le llevaran ropa y objetos personales.
Pasaron el fin de semana juntos, encerrados en el departamento de Aranza, ordenando comida, durmiendo, teniendo sexo a toda hora, de todas las formas y en cualquier parte.
Sin percatarse fueron víctimas del tiempo, el lunes llegó sin retraso.
-¿Podemos volver a vernos? –Le preguntó Zack intranquilo en medio del pasillo, antes de caminar hacia el elevador, mientras Aranza estaba recargada en el umbral de la puerta.
-Voy a estar aquí toda la semana escribiendo –Le dijo sonriendo de lado y de forma picara. Zack entendió a la perfección, sonrió divertido y se despidió.
Toda esa semana saliendo del trabajo, llegó con cena a la casa de Aranza. Pasaron ese tiempo juntos, teniendo conversaciones profundas y otras sosas. El fin de semana transcurrió como el primero que tuvieron: más comida comprada y sexo desenfrenado.
Y de nuevo el lunes los alcanzó.
-Mañana salgó de viaje –Le hizo saber Aranza en medio de la cena.
-¿A dónde vas? –Zack cuestionó intrigado.
-A Ciudad Ni –Le respondió con un poco de desánimo.
-Ésta vez no puedo acompañarte -Respiró con profundidad -Aranza, ¿qué es ésto que está pasando entre nosotros? ¿Qué relación es ésta? –Preguntó honestamente, más para sí mismo que para ella.
-No lo sé, sólo disfrútalo –Era la única respuesta que tenía, porque era la que usaba para ella.
Pasaron la semana separados, cada uno inmerso en sus actividades; y aunque se escribían, para ellos no era igual, se dieron cuenta que se extrañaban.
Cuando Aranza regresó, Zak pasó por ella al aeropuerto, la recibió con un abrazo y un beso ansioso. Y la semana que siguió fue Zack quien la invitó a su casa.