Leonor y Zayn se habían casado al amanecer. Los dos solos, los dos juntos, los dos de blanco, prometiéndose amor, respeto y lealtad; todo el cuidado y el amor del mundo. En Tierra del Sol, las cuevas guardaban magia y albergaban amor e inicios que se consideraban sagrados en Roh. El alma eran las piedras. Su padre había tenido que demoler metros y metros de piedra para poder preparar el terreno que albergaría a la gente libre que habitaba ahora en él. Kilómetros detonados, una y otra vez, pero había un montículo, un punto muy especial: su padre había encontrado todo el oro que le había heredado y ahí mismo había unido su vida con la de su madre. Ella estaba plenamente en desacuerdo con su hijo, pero no planeaba llevarle la contraria si él insistía en que amaba a Leonor y que la quería en s

