Uriel Esto no estuvo bien. Al salir con Cristopher, sentí el peso de la conversación que nos aguardaba. El aire era fresco, impregnado del tenue aroma a pino del bosque circundante. El lago se extendía ante nosotros, su superficie cristalina reflejaba la luz del sol de la mañana en una fascinante danza de ondas y destellos. Una sensación de serenidad flotaba en el aire, en marcado contraste con la gravedad de la tensión entre nosotros. Los pasos de Cristopher eran pausados mientras caminábamos por la orilla, alejándonos de la cabaña. El suave crujido de la roca bajo nuestros pies nos recordaba la belleza natural que nos rodeaba. El sol de la mañana ya había salido por completo, proyectando un cálido tono dorado sobre todo lo que tocaba. Finalmente, Cristopher rompió el silencio; su v

