Unos días después Juan Pablo pidió su cambio de sucursal dejándome una carta de despedida.
*¡Querida Olga!
Se que no es la mejor manera de despedirme de ti pero no tengo el valor de hacerlo en persona.
Cambiaré de sucursal, me iré a trabajar a la ciudad en la cuál estaba cubriendo, quiero alejarme un poco de este lugar ya que mi corazón se rompió al saber que ahora eras una mujer casada. No creo soportar el verte sin sentir muchas cosas, ahora en éstas líneas te puedo decir que estoy enamorado de ti, espero que seas muy feliz en tu nueva vida y que al hombre que elegiste sea el correcto para ustedes dos.
Me hubiera gustado ser esa persona que elegiste para pasar el resto de tu vida, pero entiendo que en el corazón no se manda de verdad deseo que seas muy feliz.
Con cariño Juan Pablo.
Leí esa pequeña carta con un poco de nostalgia pero no quería que Juan Pablo sufriera. No sabía si llevar la carta a casa si Román la descubría podría ocasionar problemas, así que la deje en la pequeña gaveta del trabajo.
De camino a casa seguía pensando en esas palabras, sabía que le gustaba a Juan Pablo pero no que él estaba enamorado de mí.
Llegué a casa después de un día agotador y lo único que aliviaba mis días era ver a mi pequeña Fátima correr a mis brazos cuando me veía llegar.
Durante el primer año de casada con Román todo estaba bien, compramos nuestros muebles y armamos un pequeño departamento en la parte superior de la casa de mis padres, los ahorros para comprar nuestra casa también iban favorables, en ese tiempo no volví a saber nada de Adal ni de Juan Pablo pareciera de los hubiera tragado la tierra.
Sin darme cuenta habían pasado dos años de casados la vida con Román no era mala, trabajaba y venía a casa pasábamos los fines de semana juntos y todo era paz, hasta que descubrí que estaba embarazada, no podía creer que lo estuviera yo estaba tomando anticonceptivos porque no quería tener más hijos por el momento pero así fue, durante mi embarazo seguí trabajando sin ningún problema pero Román comenzó a cambiar un poco, ya no estaba presente los fines de semana el domingo salía con sus amigos y regresaba hasta tarde y así fue durante siete meses.
—¿Estás bien Olga? Te noto extraña.
—Todo bien Angélica, sólo es cansancio por el embarazo.
—Deberias descansar más ¿porque Román te deja seguir trabajando si ya casi nace ese bebé.
—Creerás que ni siquiera nos hace caso.
—¡Amiga! Es por eso que no hechas ido a descansar ¿cierto?
—Cambiemos el tema.
Moviendo la cabeza con desaprobación Angélica aceptó cambiar el tema.
—¿Ya sabes que será?
—Si, un niño.
—¿Cómo lo llamarás?
—Ulises.
—Bonito nombre.
—¡Chicas! Es sábado y obtendrán su sueldo, por cierto Olga ahora sí ya no vendrás, aquí tienes debes descansar en cualquier momento nacerá ese bebé y no quiero que lo haga en la calle.
—Está bien señora Vera.
Mi respuesta estaba acompañada de un suspiro desolado, no quería dejar de trabajar por el momento.
Salimos del trabajo juntas y Angélica me acompañó a casa, mientras caminábamos me compró un helado y platicamos algunas cosas.
—¿Cuándo piensan comprar su casa?
—Pues el presupuesto es poco y las casas son muy caras así que sólo tenemos la mitad del dinero para comprar una pequeña, esperaremos a que el bebé nazca y tenga algunos meses para seguir buscando.
—Deberías pedir un crédito hipotecario para la parte que te falta.
—¡Eso suena bien!
Nos despedimos y fui a casa, se me hizo muy raro ver a Román ahí a mi llegada ya que él solía visitar a su mamá los días sábados, la hermana menor de mi mamá también estaba en casa, mi tía Romina tenía 26 años no era grande.
—¡Hola Olga! Cada vez estás más gorda.
—¡Hola tía! Es porque estoy embarazada.
—Deberias cuidarte mucho o quedarás así de gorda y Román podría aburrirse de ti.
—No me podría aburrir de Olga señora Romina.
—¡Ay Román! Tú tan lindo como siempre. Por cierto ve y dale un baño a tu hija se mojó mientras jugaba con agua.
—¿Y porque nadie le cambió la ropa?
—Rita no está y yo no la voy a atender por eso no tengo hijos, para no cuidarlos.
Fui corriendo a darle un baño a mi pequeña Fátima al salir no vi a nadie, era extraño pues Román se había quedado en el sofá con mi tía Romina.
No pensé más en ese asunto y vestí a mi bebé.
Las visitas de mi tía Romina eran cada vez más frecuentes en casa, antes sólo aparecía una vez en dos o tres meses y ahora aparecía dos veces a la semana.
El día del parto llegó era enero acababa de pasar año nuevo y hacía mucho frío, una noche helada nació mi hijo Ulises.
Mi vida estaba perfecta, tenía a mi hija Fátima de tres años y mi pequeño recién nacido. Mi pequeño nació por cesárea y por ese motivo tuve que quedarme en el hospital dos días, al regresar a casa vi a mi tía Romina en pijama y recién bañada era algo extraño ¿que hacía ahí?
—Regresaste Olga, pues te ves muy delgada ¿que hiciste para estar así después de dar a luz? Te hiciste alguna cirugía aprovechando el parto.
—¿Que haces aquí tía Romina?
—Me quedé un par de días para ayudar a mi hermana.
Yo estaba muy adolorida así que no hice caso y fui a mi habitación, ahí me quedé por algunos días y no sabía lo que sucedía en la parte baja de la casa, mi mamá subía mi comida y la de Fátima ya que ella no quería separarse de mi o del bebé, decía que la había abandonado y no quería que me volviera a ir de casa.
Los días pasaban muy rápido y pronto se cumplió la fecha para regresar al trabajo, con el dinero que me dió la señora Vera acompletamos para todo el papeleo de la nueva casa, mientras estaba en reposo Angélica hizo todo el papeleo para que nos dieran el crédito hipotecario solo llevaba a casa los documentos para que los firmara, eran buenas noticias nos entregarían el que sería nuestro nuevo hogar en tres meses después de firmar, todo estaba saliendo mejor de lo que esperaba.