Al salir de la clínica después del parto la tristeza que sentía en mi se había desaparecido completamente, no extrañaba a ese chico en lo más mínimo ni siquiera podía recordarlo, esta pequeña y hermosa niña llenaba mi corazón por completo.
Al llegar a casa mi madre ya tenía todo listo para recibirnos, me preparó una rica y nutritiva comida, le dió un baño a la bebé y se dió cuenta que tenía una marca de nacimiento en el hombro derecho.
Durante la comida mi madre habló, no esperaba que mi mamá me recibiera con una sorpresa así, aún no sabía cómo nombraría a mi hija pero mi mamá ya tenía todo decidido.
—¡En una semana iremos a registrar a la niña! Se llamará Fátima.
—¿Porque ese nombre mamá?
—Porque así lo decidí, cómo eres menor de edad tienes que aceptar lo que yo decida.
Sentía algo extraño, no me desagradaba el nombre pero tampoco era como si deseara llamarla así, bueno creo no tenía alternativa en ese momento, con 16 años que esperaba, así que sólo asentí y seguí comiendo.
Como lo había decidido mi madre, justo a la semana de que mi niña naciera fuimos al registro civil para poder tener su acta de nacimiento. Ahora mi pequeña era Fátima Robles Guadian, llevaba mis dos apellidos en lugar de el de su padre y eso no me causaba ningún conflicto ahora.
De regreso a casa todo seguía su curso yo seguí guardando reposo y mis papás trabajaban, cada que veía la linda carita de mi bebé y tocaba sus delicadas manos me daba cuenta que no quería dejarla sola, quería ser yo quien cuidara de ella en todo momento, pero no tenía otra opción, debía trabajar para pagar sus gastos y sacarla adelante yo sola pues me había convertido en madre soltera.
Durante los siguientes días pensaba en cómo trabajar desde casa y así cuidar yo de mi pequeña Fátima, pero eso era imposible por el momento lo mejor que se me ocurrió fue que tenía que seguir trabajando y ahorrar todo el dinero suficiente para poder poner un pequeño negocio.
El tiempo paso y mi pequeña ya tenía dos meses, debía volver al trabajo aunque no quisiera hacerlo, era de noche y preparé mis cosas para asistir a trabajar el día siguiente, dejé todo listo para Fátima, algunas mamilas en el congelador con leche que había extraído de mí.
—¿Dejaste todo listo?
—¡Si mamá!
—¡Perfecto! Ya renuncie a mi trabajo así que desde mañana yo cuidaré a Fátima.
—En eso quedamos mamá.
Ella quedó en eso, yo no había aceptado pero debía hacerlo. Por la mañana desperté temprano, me vestí y después de besar la frente de mi niña salí rumbo al trabajo.
—¡Nos vemos en la noche mi pequeña Fátima!
—¿Tienes dinero para el autobús?
—¡No mamá!
En realidad si tenía dinero, había ahorrado un poco del obsequio económico de la señora Vera, pero cómo pensaba comenzar a ahorrar más mentí.
—Toma, no lo mal gastes es todo lo que te daré hasta que cobres tu cheque.
Asentí y tomé esos dos billetes que me daba, salí de casa y fui a la parada del autobús, hacía un poco de frío ya era otoño. Sujetando mi bolso y mi abrigo esperé el autobús, tardó un poco y subí tras media hora de camino abordó el mismo autobús un chico, no era atractivo pero tampoco era feo sólo me sonrió y siguió caminando a la parte trasera.
Sentía una sensación extraña podía sentir sobre mí una mirada, giré un poco de manera disimulada y lo vi muy claro, era ese chico que no dejaba de mirarme sentí un poco de escalofrío recorrer mi cuerpo cómo si tratara darme una señal.
Llegué a mi destino y bajé por la parte delantera, no quería verlo.
—¡Buen día señora Vera!
—¡Buen día Olga! ¿Cómo está el bebé?
—Es una niña señora Vera, y se llama Fátima.
—Bonito nombre.
—¡Gracias! Lo eligió mi mamá.
—Cuando esté más grande deberías traer a Fátima para conocerla.
—Lo haré señora, la traeré un día.
Seguimos trabajando de forma tranquila, acomodé algunas cajas que estaban fuera de su lugar hasta que me llamó la señora Vera para que conociera al nuevo proveedor.
—Olga ven por favor.
—¡Aquí estoy!
—El es Juan Pablo, es el nuevo chico que nos traerá la mercancía, bueno ya tiene un mes viniendo pero tú no lo conocías.
—Mi nombre es Olga.
—Bonito nombre Olga.
—¡Gracias! Me iré a trabajar.
—Señora Vera, la chica es linda.
—Juan Pablo, eres un chico bueno pero no quiero que te acerques a ella ¡ok! No necesita problemas en éstos momentos.
—No le ocasionare problemas se lo prometo.
Juan Pablo era un chico agradable y simpático, pero no llamaba mi atención ahora sólo quería trabajar y salir adelante con mi hija.
Los siguientes días pasaban rápido en algunas ocasiones por la mañana me encontraba a ese chico raro en el autobús, no sé había algo en él que no me terminaba de convencer así que trataba de evitarlo a toda costa.
Cuándo el subía yo volteaba a ver a otra parte para no hacer contacto visual con él o trataba de tomar el autobús un poco más temprano, algunas veces si funcionaba esa estrategia y algunas no pero era lo mejor que podía hacer.
Una vez por semana iba Juan Pablo a la zapatería a dejar mercancía, yo recibía los pedidos y llegamos a charlar poco me hacía sonreír con sus chistes malos.
—¿Que edad tienes Olga? Pareces muy joven para trabajar.
—16.
—¡WOW! Eres demasiado joven, sabía lo eras pero no imaginé que tanto. Deberías seguir estudiando en lugar de trabajar.
—Debo trabajar ¿Tú qué edad tienes Juan Pablo?
—19.
—También eres muy joven ¿porque no estás estudiando?
—La escuela y yo no nos llevamos bien, sólo terminé la preparatoria y conseguí trabajo, me contrataron como chófer en ésta empresa y aquí estoy. ¿Tú porque no estudias?
—Debo trabajar, ayudó a mis papás y tengo...
No terminé de decir que tenía una hija porque llegó un cliente, le firmé la hoja del pedido a Juan Pablo y fui a trabajar.
—El deber llama, nos vemos la próxima.
—Hasta la próxima semana bella Olga.
Sus palabras eran graciosas, el no sabía que era madre soltera y por eso coqueteaba conmigo, se lo diría la próxima vez no quería que se hiciera algún tipo de ilusión conmigo ya que yo no quería nada con nadie.