Es una niña.

1279 Words
Dos meses después de que Adal se fuera de la ciudad nosotros nos mudamos de casa, el lugar no estaba tan mal pero yo no tenía ánimos de nada. —Olga ayuda en algo y acomoda la ropa de tus hermanos, no porque estés embarazada no harás nada. —¡Ya voy mamá! Al terminar de acomodar todo fui directo a la que sería mi habitación que seguiría compartiendo con mis hermanas pequeñas, estaba muy cansada pues mi vientre ya era más grande. Sentada en mi cama veía aquella rosa que guardé junto a la fotografía de Adal pensando cuando volvería pensando que necesitaba su ayuda pero tenía que esperar cómo él me lo dijo en esa carta. Sumida en mis pensamientos sentí cómo alguien arrebataba de mis manos el libro. —Sigues pensando en ese estúpido hija, entiende no volverá sólo consiguió lo que quiso y se fue. —¡Tía, devuélveme mis cosas por favor! —¿Devolverte ésto? Entiende hija ahora son sólo tú y esa criatura que esperas. Mi tía era una mujer muy dura, era soltera y no le gustaban los niños ella decía que jamás los tendría, era la hermana más pequeña de mi madre y yo la veía como una amiga. —Olga ¿porque no me dijiste que veías a un chico? Regreso de viaje y mira con lo que me encuentro. —Ya nada se puede hacer tía Pamela. Poniendo mis manos en mi rostro comencé a llorar, no sé si eran las hormonas o realmente me dañaba toda ésta situación. Mi tía rompió la fotografía y desbarató la rosa, las puso en su bolso para tirarlos lejos. —¡No tía! ¿Porque hiciste eso? No tenías derecho eso es mío. —Lo siento Olga pero mientras más rápido te deshagas de sus recuerdos será mejor para ti. Otra cosa y la más importante hija si quieres dar al bebé en adopción cuando nazca yo te apoyaré, puedes rehacer tu vida y comenzar de nuevo. —¿Qué? Abandonar a mi hijo, no podría hacer eso tía. —Piensa en esa posibilidad Olga, tú eres muy joven pronto te podrás olvidarás de ésta terrible experiencia. Mi tía Pamela salió de mi habitación después de esa charla tan extraña, no me había pasado por la cabeza la posibilidad de dar a mi bebé en adopción no quería hacerlo y no lo haría. Suspiré y toqué mi vientre, lo acariciaba mientras le hablaba a ese ser que llevaba dentro. *—No te abandonaré bebé, se muy bien que soy muy joven aún pero siempre estaré contigo. Los días siguieron pasando y yo seguía asistiendo a trabajar mi estado de ánimo había mejorado mucho en éste tiempo y ya no le sentía tan deprimida tras la ausencia de Adal. Faltaba menos de un mes para dar a luz, la señora Vera estaba pendiente de mí y mi salud así que decidió que ya era momento de descansar. —¡Olga querida! A partir de mañana ya no vendrás a trabajar. —¿Me está despidiendo? —¡Claro que no! Debes descansar porque ese pequeño nacerá muy pronto, mira te explico, a las mujeres que tendrán un bebé se les proporciona un tiempo de permiso con goce de sueldo, regresaras ésta fecha al trabajo y aquí tienes un regalo para el bebé, con éste dinero compra lo que te hace falta nos vemos en tres meses. —¡Gracias señora Vera, no sé que haría sin su apoyo! —Eres tan pequeña Olga, merecías una vida diferente. Me fui a casa, por primera vez después de tanto tiempo me sentía algo feliz sonreía pensando en todo lo que le compraría a mi bebé. Al llegar a casa esperaba contarle a mi madre lo buena persona que era la señora Vera, sentía una emoción en el pecho algo indestructible. —¡Llegue mamá! —Que bien, ya era tiempo tardaste mucho, ven y ayúdame a servir la cena. —¡Si mamá! Mientras servimos la cena mi sonrisa era demasiado amplia y comencé a hablar, no esperaba la reacción de mi mamá al escucharme. —Mamá la señora Vera me dió tres meses de descanso y me pagará sin trabajarlos, también me obsequió un poco de dinero para el bebé me dijo que comprara todo lo necesario para él. —Dame el dinero y yo compraré lo necesario para ese bebé, no dejaré que gastes dinero a lo tonto. —Podemos ir juntas a comprar las cosas mamá, a fin de cuentas no iré a trabajar hasta después que nazca. —Hablando de eso, después de que nazca tu hijo o hija ya no trabajaré más alguien tiene que cuidarlo mientras tú trabajas, seguirás ayudándome con los gastos de la casa. Estaba confundida en ese momento no entendía a mi mamá pero a esa edad uno no tiene plena conciencia. Fuimos a algunas tiendas de bebés y compramos lo necesario, durante esa salida encontramos en el camino a la mamá de Adal con otra mujer yo no la conocía pero eran muy parecidas asumí que eran hermanas. Nos vio y sólo mostró una sonrisa burlona en su rostro. —¿Cuándo nacerán tu bastardo niña? Eres una cualquiera embarazarte de quién sabe quién y querer que mi precioso hijo se hiciera cargo, pero me encargué de no permitir esa estupidez. Mi mamá sin decir una sola palabra se acercó y abofeteó a la madre de Adal, con tanta fuerza que la hizo caer al piso. —Deje de hablar tanta estupidez, su hijo no es más que un pelele en sus manos y no le alcanzará la vida para pedirle perdón a mi hija, una cosa más si se atreve a volver a hablar de ella no sólo le daré una bofetada, la arrastrare por toda la ciudad con un enorme letrero que diga "Soy la madre de un poco hombre" La mujer que iba a su lado se apresuró a levantarla, no dijo nada porque podía ver a mi madre furiosa y era una mujer que trasmitía miedo. —¡Vamos Olga! Dejemos a ésta basura aquí tirada. Después de algunos días en casa yo me seguía encargando de limpiar y cocinar mientras mis padres trabajaban. Comencé con dolores en el vientre mientras caminaba a la panadería, durante todo el día me había sentido extraña pero no sabía que era, caminé un poco más lento y me tocaba el vientre mientras lo hacía. Al llegar a casa traté de respirar y mis dolores se calmaban. Por suerte llegó temprano mi mamá ese día y al verme supo que el bebé nacería. —Estás muy pálida Olga, tienes dolor. —Si mamá. —Vamos directo a la clínica nacerá tu bebé. Mi madre me desconcertaba mucho, en ocasiones era cruel y algo despiadada y en otras era algo tranquila y cariñosa, entendía esa parte pues venía de un hogar dónde no le demostraban cariño su padre era un hombre machista que las trataba mal a ella y sus hermanas por ser mujeres en cambio a los hombres los trataba como si fueran el presidente. Llegamos a la clínica y tras hacerme un chequeo rápido me hospitalizaron, un día que no olvidaré en toda mi vida el siete de agosto de 1985 nació mi bebé. Tras algunos minutos en labor de parto y sentir que me moría por el dolor por fin escuché un llanto. —¡Es una niña, felicidades! La acercaron a mí, era el bebé más perfecto y hermoso del mundo una niña de ojos grandes color café y abundante cabello rizado, gracioso el asunto era igual a su padre.
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