No podía creer que Nestor hubiera golpeado a Adal, la cara de satisfacción que tenía era muy grande su sonrisa no se borraba de su rostro.
Nestor no tenía golpes en el rostro sólo algunos rasguños en los brazos y su ropa sucia.
—A mí no me pasó nada pero Adal quedó como si lo hubieran atropellado y eso le pasó por abandonarte.
—¿Te dijo algo?
—No preguntes por él, Olga él es un idiota permite que su madre intervenga en asuntos que sólo son de ustedes dos.
Me sentí mal en ese momento, mi hermano de sólo 14 años estaba más consciente de lo que pasaba que yo.
Esa noche volví a dormir con un dolor en el corazón y un nudo en el estómago, esperaba verlo al día siguiente, al salir del trabajo iría a buscarlo.
Durante mi turno en la tienda me sentía cada vez más cansada mis náuseas aumentaban y mi vientre se comenzaría a notar en poco tiempo. La dueña de la tienda vió mi estado de ánimo y se acercó a mí.
—¿Olga te sucede algo?
—Señora Vera, no sólo siento náuseas.
—Olga ¿No me digas que estás embarazada?
Abrí los ojos con rapidez me asusté cuando la señora Vera me preguntó.
—¡Yo!
—¡Niña! ¿Que hiciste?
Me tomó del brazo y me sentó en una de las sillas que había en la tienda.
—Olga eres una niña ¿porque no te cuidaste? ¿Que tú mamá nunca habló contigo?
Sentía un poco de pena hablar de eso con la señora Vera, apretando mis labios comencé a jugar con mis dedos mientras negaba con la cabeza.
—Que irresponsable tu mamá el no hablar contigo ¿ahora que harás? Eres una niña cuidando otro niño.
¿Y el padre del bebé lo sabe?
Me sentí mal cuando mencionó a Adal algunas lágrimas comenzaron a caer y la señora Vera me dió un pañuelo para limpiarlas.
—No llores Olga, ¿no sabe? o ¿no quiere hacerse cargo?
—Si sabe, pero su mamá lo llevará lejos de aquí, ella dice que su hijo es muy joven para tener una responsabilidad tan grande como lo es un hijo.
—¿Cómo dices? ¿Cuántos años tiene?
—17
—Pues tú eres una niña él debe tomar su parte de la responsabilidad. Olga te acompañaré a hablar con esa señora, su hijo debe responder.
Ese día salimos temprano de la tienda y me llevó a casa en su auto, mi corazón latía a mil por hora tan sólo de pensar que vería a Adal. Durante el camino le conté todo lo que había sucedido desde que mis padres se enteraron y la señora Vera sólo escuchaba atenta, llegamos a su casa y nos abrió su papá.
—¿En qué puedo ayudarla?
—¿Es el padre de Adal?
—¡Si soy yo!
—Yo soy tía de Olga y quiero hablar con usted y su esposa.
—Lo siento mucho pero mi esposa no está, se fue de la ciudad por unos días y a decir verdad no sé cuando volverá.
—Señor debe saber que su hijo tiene una responsabilidad que cumplir con Olga.
—Yo no sé nada, estuvimos hablando mi esposa y yo y llegamos a la conclusión de que, a nosotros quien nos asegura que ésta niña dice la verdad y que ese bebé es de mi hijo. Quizá es de alguien más.
—Es un idiota señor ¿Cómo se le ocurre decir esas tonterías?
—Ya lo dije mi esposa no está y no volverá pronto ¡Ah! Y por favor no vuelvan.
En ese momento me sentí demasiado humillada y sin decir nada me di la vuelta y me fui casi corriendo. La señora Vera me alcanzó y me reconfortó.
—Tranquila no llores ese tipo no vale la pena.
—El dijo que volvería.
—En un año que sea mayor de edad ya veremos si vuelve. Por el momento descuida yo te ayudaré lo más que pueda no te quitaré el trabajo.
Fuí a mi casa y al entrar mi mamá gritaba como siempre, hablaba de lo que toda la gente del lugar mencionaba.
—¡Miren quien llegó! ¿Y ahora que piensas hacer? Ese chico ya se fue y te dejó sóla con la carga. Todos los vecinos saben que se fue a vivir a otro estado.
—Lo sé. Mama seguiré trabajando para mantener a mi bebé.
—Eso espero.
En efecto Adal se fue y no volví a saber nada de él, los meses pasaban y mi vientre comenzaba a notarse más y más pronto cumpliría 16 años y yo vivía sólo para trabajar y ahorrar dinero para mi bebé, aún tenía miedo pero tenía que ser fuerte por ese pequeño o pequeña.
Cumplí 16 años y aunque mi mamá seguís enojada conmigo me dio su apoyo en esos momentos que más lo necesitaba. No hubo celebración pero mis primas estuvieron ahí, con un pequeño pastel y algunos obsequios celebramos.
—¿Cuando nace el bebé?
—En un mes.
—Que rápido pasó el tiempo. Olga no te veo contenta.
—Estoy asustada, pero me tocó ser la fuerte en nuestro error.
—Cambiemos el tema, no recuerdes al tipo.
—Como le pondrás al bebé.
—No lo sé, no he pensado.
Bueno en realidad si había pensado en un nombre, si era niño quería que se llamara Adal como su papá, vaya si que soy tonta.
Antes de que naciera mi hijo o hija mi papá vendió la casa y compró otra en el otro extremo de la ciudad, nos mudamos ahí, el decía que no quería que el bebé estuviera cerca de esa familia. Comenzaríamos de nuevo en una zona diferente de la misma ciudad dónde nadie nos conociera.
Sin imaginarlo ahí empezó lo peor de mi vida, mi tormento estaba por comenzar y yo no estaba preparada para ello.