Los padres de Adal salieron y nos veían con algo de extrañeza, yo me sentía mal físicamente y tras los golpes ahora me sentía demasiado humillada.
—¡Buenas noches! ¿Quienes son ustedes? Y ¿En qué podemos ayudarlos?
—Le diré en qué, su hijo embarazó a mi hija ¡dígame! ¿Cómo solucionaremos ésto?
—¿Que dice? ¡Eso es imposible!
—Mamá, es cierto. Olga y yo somos novios y está embarazada, buscaba el momento preciso para decírtelo.
—¡No puede ser cierto! ¿Adal que hiciste? Echarás a perder tu vida ¿que estabas pensando?
—Nada de eso mamá me casaré con Olga y tendremos al bebé.
—Pues eso es lo que espero, no quiero que mi hija quedé deshonrada para todo el mundo.
Después de hablar algunas cosas la mamá de Adal se notaba muy molesta me veía con una mirada de odio lo podía sentir, yo no podía resistirlo más estaba aguantando las ganas de llorar lo mas que podía. Por fin salimos de la casa de Adal y al llegar a nuestra casa fui directo a mi habitación me arrojé en mi cama y me tiré a llorar.
Por la mañana temprano mi mamá me despertó para irme a trabajar, diciendo que no dejaría el trabajo por cometer una tontería.
Fui al trabajo y seguía sintiendo una sensación extraña como si algo malo fuera a pasar. Ese día Adal llegó como de costumbre a la parada del autobús y nos fuimos juntos, al tenerlo cerca me sentía aliviada y protegida. Durante todo el día sentía mucho sueño y cansancio al igual que ganas de vomitar.
Llegó mi hora de salida y fui directo a la salida, Adal estaba ahí parado esperando como siempre, me abrió los brazos para que me acercara a él y lo hice.
—Tenemos que hablar sobre lo que nos está pasando ¿que haremos?
—¿Te quieres casar?
Yo no sabía que decir era casi una niña en ese momento y solo acepté.
—Si.
Llegué a mi casa y mi mamá ya me esperaba en la puerta de entrada entramos y comenzó con un regaño tan fuerte que comencé a llorar.
—¿Olga que pasa? ¿Mamá te lastimó mucho ayer?
—Estoy bien Nestor.
—¿Si estás embarazada?
—Si.
Esa noche volví volví a dormir poco, no sabía porque seguía teniendo esa extraña sensación de opresión en mi pecho pero me causaba demasiada tristeza. Fui al trabajo como todos los días y para mí sorpresa no estaba Adal en la parada del autobús, lo esperé quince minutos pero jamás apareció.
Tomé el siguiente autobús y me fui al trabajo pensando si estaría enfermo.
Al terminar mi turno en la tienda de zapatos esperaba ver a Adal esperándome como siempre, pero no fue así. Pensé que tal vez si estaría enfermo y me fui a casa, después de días todo seguía igual Adal no aparecía y comencé a preocuparme un poco y fuí a buscarlo.
—¿Que haces aquí? ¿Que quieres?
—Buenas noches señora, vine a ver si Adal está bien.
—El está muy bien, ahora vete a tu casa.
Con tan sólo 15 años no supe que responder y me fuí a casa.
En el camino me encontré con una chica que era mi compañera en mi antigua escuela.
—¡Hola Olga! Tenía varios meses de no verte ¿que haces por mi casa?
—¿Vives por aquí?
—¡Si, en esa casa!
—Vine a ver a alguien pero no lo encontré. ¿Te irás de viaje?
—¿Por las maletas? No que bueno fuera, las llevo a casa de la amiga de mi mamá, su hijo se va de viaje y le pidió las maletas. Adal dejará varios corazones destrozados varias chicas de aquí querían estar con él.
— ¿Adal?
—Así se llama el chico.
Sentí una pesadez en mi cuerpo, cómo mis piernas temblaban y mi respiración se volvía más agitada. Con dificultad y mi voz casi entre cortada pude hablar para sacar toda la información posible.
—¿Se va de vacaciones?
—Por lo que sé, se irá a vivir con su tía a otra ciudad.
No pude soportar un segundo más, sentí ganas de vomitar y como mis lágrimas estaban a punto de salir.
—¡Tengo que irme después nos vemos!
Mientras caminaba a casa mi cuerpo temblaba y las lágrimas brotaban de mis ojos como una fuente de agua salada.
Podia sentir un dolor punzante en el pecho, mi corazón sabía que algo malo estaba por suceder tenía días que me avisaba.
Llegué a casa y por fortuna mis padres no estaban, mis hermanos menores veían un programa de televisión y yo fui a mi recámara no quería ver a nadie.
Dormí después de llorar por algunos minutos y ya no me desperté hasta el siguiente día, era domingo día que asistíamos a la iglesia ese día jamás lo olvidaré...
Al llegar a la iglesia mis tíos y primos ya estaban ahí, nos sentamos juntos como siempre y al terminar fuimos a comer algo. Laura y yo nos apartamos de la familia yo noté que mi prima estaba algo nerviosa pero en ese momento no tenía los ánimos de averiguar porque.
—Olga, de camino aquí me encontré con Adal.
—¿Que te dijo?
La tomé de las manos con una mirada llena de súplica, esperaba que todo fuera un mal entendido y volver a verlo.
—Fue a buscarte a tu casa pero no estabas, venía a la iglesia para ver si podía verte pero su mamá lo alcanzó y se lo llevó casi arrastrando. Me dejó ésto para ti.
Laura me entregó una carta, no sabía cómo reaccionar ni que decir, la esperanza que tenía se empezaba a esfumar, podía sentir como mi corazón se apretaba por dentro con tanta fuerza que dolía.
Guardé la carta en mi bolso y sólo suspiré ya que no quería leerla frente a todos.
Llegando a casa me encerré en mi habitación y la abrí, hasta ese momento había pensado que era lo peor que me podía pasar. Pero la vida me tenía más sorpresa.
*¡Hola Olga!
No puedo verte mi madre me tiene castigado y encerrado desde el día que vinieron tus padres, dijo que me enviará con una de sus hermanas a otra ciudad, que soy muy joven para tener una responsabilidad tan grande como un hijo, no se que día me iré pero ya es un echo.
Olga por favor no me odies por el momento tengo que dejarlos a ti y nuestro hijo pero te prometo que regresaré yo te quiero mucho, te prometo que volveré y estaremos juntos, fuiste lo más bonito que me pasó desde hacía mucho tiempo desde que te conocí toda mi vida tenía un nuevo sentido.
La pequeña carta tenía una fotografía con una frase detrás de ella "No me olvides".
Mis lágrimas no paraban, se había ido y me dejaba aquí sola con una responsabilidad que en un principio era de los dos, ahora estaba sola con un bebé en camino.
Me quedé dormida sin guardar la carta que se quedó a un lado de mí, no supe en qué momento Nestor entró y la leyó ya era tarde cuando unos gritos me despertaron.
—Nestor ¿porque vienes tan sucio y con algunos raspones en los brazos?
—Me caí mamá.
—Ve a darte una ducha y rápido.
Salí y le pregunté a Nestor que pasaba, porque llegaba tan sucio.
—Le dí una golpiza a tu ex novio.
—¿Que dices?
—Hermana leí tu carta y fui a buscar al maldito lo esperé un rato hasta que salió, le dí una paliza que no olvidará por el resto de su vida eso tenlo por seguro.