Salimos de su habitación después de casi una hora, el sonreía y yo me sentía muy nerviosa y asustada jamás había hecho algo así y mi mamá nunca había hablado conmigo sobre el sexo.
Me llevó a casa de mi prima y ahí me dejó, nos despedimos y se fue.
—¿Que tienes Olga? Pareces asustada ¿Te hizo algo?
—¡No nada! Sólo pensaba que si mi mamá se entera me castigará de por vida.
—Descuida yo no diré nada, recuerda somos las mejores primas.
Mi papá llegó por mí en punto de las siete nos fuimos a casa y seguí como si nada sucediera.
Los próximos días seguíamos igual todo era genial Adal pasaba por mí al trabajo y nos regresábamos juntos a casa.
Así pasó el tiempo llegó navidad y mi periodo no llegó, me asusté un poco pero recordé que era muy irregular así que lo dejé pasar.
Ya era enero habían pasado dos meses desde aquella tarde de otoño en la que perdí mi virginidad y mi periodo no llegó, me asusté y fui en búsqueda de mi prima.
—¡Hola Olga! Hoy no descansas.
—Laura necesito hablar contigo.
—No me asustes ¿que pasa?
—Asustada estoy yo, mi período no llega y ya son dos meses.
—¿Cómo que no llega? Olga dime la verdad ¿tuviste relaciones con Adal?
—Si
Mis lágrimas comenzaron a caer, temblaba por el miedo que sentía no quería aceptar la realidad de lo que me esperaba.
—Olga necesitamos saber si estás embarazada.
Me dejé caer al piso tapando mi rostro con mis heladas manos, el miedo que sentía era demasiado no podía controlarme.
Fuimos a la farmacia y compramos una prueba de embarazo, no quería realizarla en mi interior ya sabía la respuesta pero me negaba a aceptarlo. Entré al baño me quedé de pié sosteniendo esa pequeña caja mirándola fijamente por algunos minutos hasta que Laura llamó a la puerta.
—¿Ya la hiciste?
—¡Voy!
Suspiré y la hice esperé unos minutos cómo decía el instructivo y al ver el resultado me dejé caer al piso y lloré sin parar.
Laura podía escuchar mis lamentos y entró rápido, después de ver el resultado se sentó a mi lado y me abrazó con fuerza.
—Todo estará bien.
—Mi mamá va a matarme, lo sabes bien.
—Quizá no, habla con Adal y juntos vean que hacer. No creo que mi tía sea tan irracional.
Mi papá llegó por mí a casa de mi prima como siempre a las siete de la noche, me despedí de Laura y nos fuimos a casa, durante todo el camino no dije nada y mi papá tampoco su rostro se notaba cansado y preocupado.
Llegamos a casa y me fui a mi habitación sin cenar, recostada en mi cama veía una fotografía de Adal que tenía dentro de un libro que jamás leí.
Esa noche no dormí mucho de tanto pensar, la mañana siguiente me fui a trabajar pensando en que sería de mí. Ese día no espere a Adal estaba tan confundida que lo olvidé por completo a la hora de salida ya me esperaba como de costumbre y al verlo sonreí.
—¿Porque no me esperaste?
—¡Emm! Mi papá me acompañó no podía esperarte.
—Creo que ya es hora de que hablé con tus papás, decirles que somos novios.
Al escuchar esas palabras me alegré, pensé que todo saldría bien, nos fuimos tomados de la mano a la parada del autobús.
Pensaba decirle lo que estaba pasando pero tenía miedo Adal notó que ese día estaba distante y distraída.
—¿Estás bien Olga?
—¿Qué?
—¿Que si estás bien? Olga estás muy distraída y nerviosa.
Después de un suspiro largo y tomar valor le dije lo que sucedía.
—Adal estoy embarazada.
—¿Cómo?
—Si ayer me hice una prueba y salió positiva.
Mis lágrimas comenzaron a caer mientras yo me sentaba en el piso. Adal de sentó a mi lado y me abrazó fuerte.
—Haremos algo descuida, siempre podemos casarnos.
—¿Lo dices enserio?
—Si, sé que somos jóvenes pero ¿que más podemos hacer?
Después de unos minutos me levanté y fui a casa al llegar mi mamá me reprendió por llegar tarde, le dije que el autobús tardó un poco pero no me escuchó me castigó sin cenar y me envió a mi habitación.
Tengo un hermano que es menor que yo por un año y al verme triste entró a hablar conmigo.
—Olga dime que te pasa, estás muy rara desde ayer.
—No pasa nada Néstor, sólo estoy muy cansada.
—¿Estás triste porque mi mamá te regaña mucho?
—Si es eso.
—Algun día serás grande y ella ya no podrá hacerte regaños.
—Ve a dormir mañana tienes escuela.
Esa noche no pude dormir bien tenía un mal presentimiento, la mañana siguiente me desperté como de costumbre y fui a la parada de autobús esperé y llegó Adal con una enorme sonrisa.
—¡Lista, vámonos!
Su sonrisa y calidez me dieron motivos para aumentar mi ánimo y ese día hice mi trabajo cómo de costumbre.
Pasó una semana y todo seguía normal hasta que comenzaron mis mareos y náusea matutinas, ahí fue cuando mi madre se dió cuenta de mi estado.
Era sábado, terminé de comer y rápido fui al baño devolví todo lo que había ingerido y mi madre se acercó, tomando mi brazo con fuerza comenzó a cuestionarme mientras me jaloneaba.
—¿Estás embarazada verdad niña estúpida?
Mis ojos se abrieron con miedo, no salía palabra alguna de mi boca por más que quería decir algo, los gritos de mi mamá me dejaban petrificada.
—¡Contesta! Eres una estúpida ¿Cómo pudiste salir con eso?
Sólo sentía las bofetadas con fuerza que me daba mi madre me tiró al piso y seguía golpeando sin cesar, mi hermano Néstor le pedía que parará.
—Mamá déjala, detente la vas a matar.
—Es lo que merece por ser una cualquiera.
Salía sangre por mi boca y mi cuerpo se sentía adolorido por tanto golpe, mis lágrimas seguían rodando y yo no podía decir nada.
—¿Quién es el padre? ¡Dime!
—Mamá yo te digo pero ya déjala.
—¿Quién es Néstor?
—Adal, el hijo de la señora Mariana la señora que vende desayunos.
Me quedé sorprendida, no sabía que Néstor supiera que era novia de Adal, mi madre me jaló del cabello y me llevó a mi habitación me arrojó a la cama y salió furiosa azotando la puerta.
—Lo siento Olga, pero no quería que mi mamá te siguiera pegando.
—¿Cómo sabías de Adal?
—Los ví varias veces llegar juntos en el autobús, así que supuse que era tu novio. No llores Olga si el te quiere se casará contigo.
Pude escuchar que llegó mi padre, mi mamá le daba la noticia que si hija adorada estaba embarazada, no podía escuchar lo que él decía ya que su voz siempre fue un tono muy bajo y sueve mientras los gritos de mamá se escuchaban muy claro.
—¿Que haremos Eduardo?
—Tenemos que ir a casa de esa familia, hablemos con sus padres.
La puerta de mi habitación de abrió y mi madre me jaló del brazo con mayor fuerza, yo camina con dificultad detrás de ella.
—Debes saber dónde viven así que nos llevarás a su casa.
—¡Mamá, no por favor!
—¡Claro que sí!
Fuimos a casa de Adal y al llamar a la puerta él fue quien abrió.
—¡Olga!
—¡Quiero ver a tu mamá!
Adal nos dejó entrar y llamó a sus padres, el ya tenía la sospecha de a que íbamos a su casa pero se mostraba tranquilo.