Olga.

1402 Words
Mi nombre es Olga soy una mujer de 55 años de edad y hoy sentada en mi balcón mientras veo el hermoso atardecer les contaré mi historia, una historia llena de tristeza, desilusión y amargura pero al final también llena de alegrías y todo gracias a mis hijos y mi esposo. Todo comenzó hace 40 años, yo tenía 15 años de edad era una chica delgada, bajita y muy linda. mis padres no quisieron que continuara mis estudios porque necesitaban que los ayudara a cuidar a mis hermanos menores mientras ellos trabajaban, siendo la hija mayor y en una época dónde no se nos permitía opinar más que obedecer me quedé callada y con pesar tuve que aceptar lo que se me imponía. No hacía otra cosa más que limpiar la casa, cuidar de mis hermanos y ayudar a preparar la comida, un día como cualquier otro preparaba una sopa para mis hermanos pequeños y tuve un accidente, se me cayó encima la olla con la sopa hirviendo y mi pierna se quemó, al llegar mi mamá en lugar de ayudarme me dió una reprimenda que recuerdo hasta la fecha. —¡Olga, eres una tonta! ¿Que te pasa, no sabes hacer bien las cosas? —¡Mamá me duele mucho! Los niños gritaban y por pedirles que se calmaran se me cayó la olla. —¡Eres una inútil! Sentí una fuerte bofetada que me tiró al piso no la ví venir, yo sólo escuchaba los gritos enojados de mi madre mientras lloraba por el dolor de la quemadura. Mi madre no me llevó al médico, sólo me aplicó una pomada en la pierna, eso no ayudó mucho ya que con el tiempo me quedó una cicatriz. Recuerdo que un domingo mientras cenamos mis padres hablaron conmigo dijeron que tenía que trabajar para ayudarlos ya que tuvieron una urgencia económica y no les alcanzaba el dinero, busqué por varios días empleo y encontré en una tienda de zapatos ahí comenzó a cambiar mi vida. Todos los días eran lo mismo para mí trabajaba y saliendo iba directo a casa, cada que cobraba mi sueldo se lo entregaba íntegro a mi madre quien era la que me daba lo necesario para ir al trabajo y sólo eso. Ese día que salí del trabajo llovía muy fuerte y no podía tomar el autobús de regreso a casa, me quedé debajo de un enorme anuncio dónde podía cubrirme de la lluvia. Ahí lo ví, conocí al chico más guapo que había visto en la vida ¡ja! Que podía decir con tan sólo 15 años y sin haber vivido, estaba completamente empapado y sólo me saludo. —¡Hola! Aún no te mojas por la lluvia que bien. —¡Hola! Respondí un poco temerosa, mi cuerpo temblaba por el frío y los nervios de que el chico guapo me había dirigido la palabra. —Mi nombre es Adal ¿y el tuyo? —¡Olga! —¡Bonito nombre Olga! —Y cuéntame Olga ¿estudias o trabajas? —Trabajo. —¿Dónde trabajas? —En la tienda de zapatos. —¡Que bien! Está dejando de llover te acompaño a tu casa ya es muy tarde y no puedes irte sola ¿Para que rumbo queda tu casa? —Vivo por la zona norte —¿De verdad? Yo vivo para allá nunca te había visto. Tomamos el autobús y nos bajamos en el mismo paradero, me acompañó a la esquina de mi casa y nos despedimos. —Yo vivo a seis calles, jamás te había visto y vivimos muy cerca. —Casi no salgo de casa. —Despues nos vemos, me voy. Adal era un chico muy agradable y simpático, de esas personas que con su pura presencia hacen que tú día gris sea mejor. Después de regresar a mi casa recibí un fuerte regaño por parte de mi madre, estaba furiosa porque llegué una hora más tarde de lo habitual. —¿Dónde diablos estabas Olga? ¡Son casi las diez de la noche! —Llovía muy fuerte mamá no podía tomar el autobús, tuve que esperar un poco para que el agua cesara. —Estás castigada, no podrás salir a ninguna parte por un mes. —¡Pero mamá, no es justo! Trabajo todo el tiempo y la única diversión que tengo es salir con mis primas. —Ve a tu habitación, no pienso cambiar de opinión. Entré en mi habitación que compartía con dos de mis hermanas la noche no se podía poner peor, tenía frío, un poco de hambre porque no había cenado y mi mamá me había castigado. Mi madre era una mujer muy dura no era capaz de demostrarnos cariño si nos llegábamos a portar mal nos castigaba, mi papá es muy diferente el es cariñoso y muy callado siempre hace lo que mamá dice y eso en ocasiones es malo porque se a percatado de las injusticias por parte de mi madre a nosotros pero no hace nada. Me acosté a dormir pensando en ese chico Adal, ¿Será que lo volvería a ver? Volví al trabajo como de costumbre y para mí sorpresa a la hora de salida lo ví, estaba parado fuera de la tienda. —¡Hola Olga! —¡Hola! ¿Que haces aquí? Respondí un poco temerosa, jugueteando con la correa de mi bolso. —Pasaba por aquí y me esperé para ver si podía verte, pensé que podíamos irnos juntos ya que vivimos por el mismo rumbo. Yo trabajo en la farmacia que está a dos calles. —Gracias por acompañarme ayer a mi casa. —Eres agradable me caes muy bien seremos buenos amigos. ¡Vamos! Mientras caminaba al lado de Adal seguía jugueteando con la correa de mi bolso, escuchaba atenta a su plática, no paraba de hablar era un chico muy parlanchín. —¿Que edad tienes Olga? —15 —¡Eres muy chica! ¿Cómo es que trabajas? —Ayudo a mis papás. —Eres una gran hija. Yo tengo 17 años y también ayudo a mis papás. El autobús llegó y lo tomamos, durante todo el camino a casa siguió con su plática y algunos chistes que me hacían reír, llegamos a nuestro destino me dejó en la esquina de mi casa. Así pasó el tiempo ya teníamos dos meses de conocernos y a mi me gustaba mucho, nos veíamos todos los días cuando íbamos al trabajo y de regreso, el día que descansaba me salía a escondidas de mi casa y lo veía en un parque que se encontraba cerca. Salí del trabajo como siempre y ahí estaba él esperándome, me acerque con rapidez y con una sonrisa lo saludé. —¡Hola! Ya podemos irnos. No dijo nada sólo caminaba y se podía notar nervioso. Al llegar a la parada del autobús por fin habló. —Olga, yo... Me gustas mucho y quiero pedirte que seas mi novia. Detrás de él escondía una hermosa rosa roja y me la entregó, yo sentía como mi corazón saltaba de alegría y sin pensarlo le dije que sí. —¡Si quiero! Ahora que lo pienso era tonto tener novio a mis 15 años, pero en ese momento no pensé en eso un amor lindo de juventud me sacaba de la realidad que vivía en casa. Después de aceptar Adal me entregó la rosa y me dió un beso, el autobús llegó y nos subimos. Yo me sentía feliz no podía pensar en nada más por el momento. Seguimos viéndonos como siempre había pasado un mes desde que nos hicimos novios y un día de mi descanso coincidió con su descanso, nos vimos como siempre en el mismo parque yo le había dicho a mis padres que me quedaría con mi prima, era finales de noviembre hacía frío lo recuerdo bien. —Olvidé mi abrigo, vamos a casa por él y de ahí vamos a dejarte a casa de tu prima. Al llegar entramos y no había nadie, fue rápido a su habitación mientras yo esperaba en la sala de estar. —¡Listo vámonos! Estábamos por salir, cuándo al abrir la puerta vimos pasar a uno de mis hermanos con sus amigos, nos regresamos antes de que nos viera y esperamos. En esa espera nos dimos un beso y seguimos con caricias, pasando a tener relaciones por primera y única vez.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD