Estaba realmente feliz, amaba a mis hijos pero este era un embarazo diferente quizá porque era una mujer más madura y que tenía una percepción diferente del amor.
Mi primer embarazo fue difícil pues era una adolescente acababa de cumplir 16 años y el no tener a mi lado un hombre en quien apoyarme todo cayó sobre mis hombros , mi segundo embarazo fue más por obligación ya que nunca me había enamorado de Román y en ésta ocasión era muy diferente pues tenía la sensación de ayuda y protección que no había tenido en varios años. No mentiré tenía un poco de miedo que cambiara su manera de ser para mis hijos pero eso sólo lo sabría con el tiempo.
Esa noche fue muy linda decidimos aún no decirle a los niños eran muy pequeños esperaríamos un par de meses más. Federico nos llevó a cenar para celebrar la llegada de un nuevo integrante a nuestras vidas.
—¿Seguirás trabajando?
—¡Por supuesto! Tengo que pagar la renta y hacerme cargo de mis hijos.
—Sabes que yo puedo darte todo eso para que no trabajes.
—Nunca aceptaría eso, no estoy contigo por dinero y soy una mujer independiente la cuál no estaría feliz recibiendo dinero así sin más.
—Por eso me enamoré de ti, eres una mujer extraordinaria que no espera que le den todo más bien buscas la manera de resolver. Pero no quiero que las habladurías del personal te afecten.
—Descuida estoy preparada para lo que sea y no me afectarán lo prometo.
Le dediqué una sonrisa para calmar sus miedos, sólo que yo tenía los míos propios.
Más que miedos era un sueño yo quería ser formalmente su esposa o su pareja en dado caso de no poder llegar a casarnos, por el momento era imposible no podíamos estar juntos hasta resolver nuestros divorcio.
En aquel entonces estábamos en el año 1995 y era mal visto las relaciones así y teníamos que mantener un perfil bajo.
Por el momento debía esperar no tenía otra alternativa.
Nuestra vida continuó normal, Néstor estaba por casarse y yo estaba feliz por él faltando dos días para la ceremonia me pidió que Fátima llevara los anillos para la ceremonia, ella estaba feliz pues quería mucho a su tío y aceptamos.
El día de la ceremonia llegó y fue una celebración muy linda, su ahora esposa era una chica alegre y muy gentil le gustaba mucho platicar con Fátima y llevarla a pasear, al terminar la fiesta hablé con ellos pues quería que él fuera el primero en enterarse de mi embarazo.
—¡Muchas felicidades hermano! Y también felicidades para ti Sandra.
—¡Gracias!
—Antes de que se vayan de luna de miel quiero que sepan algo ¡Estoy embarazada!
—¿De verdad? ¿Pero de quién?
—¡Guarda silencio! Nadie lo sabe aún, es de mi jefe, tengo una relación con él desde hace tiempo.
—Tu jefe es casado.
—Al igual que yo, está separado y está en búsqueda de su esposa para divorciarse.
—¡Mismas circunstancias!
—¡Efectivamente!
—Eres mayor Olga tú sabrás lo que haces, sólo debes estar preparada para las opiniones de mi mamá.
—Lo tengo muy claro, espero si juicio sobre mi vida.
Me fui a casa con mis hijos, estaba demasiado cansada y mis pequeños también, tenía tres meses de embarazo así que no se notaba nada. La vida era buena conmigo tenía un trabajo y una vida muy feliz.
Durante el tiempo transcurrido en el trabajo nadie se había dado cuenta que mi vientre comenzaba a verse un poco abultado, ya pasaba del quinto mes pero el ser delgada ayudaba mucho para que se notara despacio mi embarazo.
Pensaba como contarle a mi madre para que no me juzgara.
Después de unos días mejor dicho un par de semanas estábamos en casa de mis padres y decidí hablar con mi mamá, sin saber que reacción tendría, estaba un poco asustada.
— Mamá ¿puedo hablar contigo?
—¡Te escucho! ¿Que sucede?
—Estoy embarazada.
—¿Cómo que estás embarazada? ¿De quien?
—De mi jefe.
—¿Olga estás loca? El es un hombre casado ¿cómo fuiste capaz?
—Mamá sé muy bien que hice mal pero el también está a punto de divorciarse.
—¡Eres una tonta! Ya consiguió lo que buscaba y ahora te dejará sola con un hijo más.
—No me dejará sola él ya sabe que seremos padres.
—Creo ya eres demasiado mayor para tomar tus decisiones pero una cosa te debe quedar clara, no lo quiero aquí no aceptaré que venga un hombre y otro y otro ¿entendiste?
Me sentí humillada al escuchar hablar así a mí madre, el que pensara de mí que soy una cualquiera que está con hombres me dolió bastante. Sólo trataba de entenderla un poco, ella no conocía el trasfondo de la historia.
—Ya tengo bastante conque digan que eres divorciada, para que ahora digan que eres la amante de un hombre casado.
Mi mamá era experta en hacer sentir mal a las personas, no me quedó más que asentir y por el momento respetaré su decisión de no traerlo a casa.
Mi bebé nacería en tres meses más y yo estaba muy feliz no permitiría que nada ni nadie lo empañara.
Seguí trabajando y al cumplir los seis meses mi embarazo comenzó a notarse, mis compañeras murmuraban como ya era su costumbre hacerlo yo sólo escuchaba algunas risas maliciosas a mi paso.
—Olga ¿Tienes novio? Mírate ya hasta embarazada saliste.
—No tengo porque darte explicaciones de mi vida ¿O si?
—Solo quiero saber quién es el padre ¿Será que eran ciertos los rumores que eres la amante del señor Viera?
—¿Estás aquí para trabajar o chismorrear?
—Eso lo confirma, que no quieras decir quién es el padre del bebé nos quita nuestras sospechas.
Estaba molesta por sus palabras pero la ignoré y volví a mi trabajo, todo estaba normal hasta que recibí una llamada directo en la línea de la compañía.
—¡Hola! Calzado Viera ¿En qué lo puedo ayudar?
—¡En nada maldita zorra! Ya me enteré que estás embarazada y es de mi marido.
—¿Quién habla?
—Eres una maldita zorra, Federico es casado y te metiste con él. Quiero que algo te quede claro, siempre serás la amante porque no le daré el divorcio ¡jamás!
—No sé de qué habla señora.
—Ya lo dije, no serán felices.
Silvia terminó la llamada y estaba apunto de llorar, en ésta etapa mis hormonas eran muy inestables me sentia atacada y cansada así que salí y fui al comedor para sentarme un rato.
Pensé que sería fuerte y podría llevar todo pero me equivoqué pensé y tomé una buena decisión para ese momento.
Federico estaba de viaje así que al salir me fui a casa sola, durante la caminata al autobús podía escuchar algunos comentarios mal intencionados sobre mí pero eso no me molestaba tanto como el escuchar que nombran a mi bebé como bastardo.
No pensaba permitir de ninguna manera que nadie lo atacara y por eso sólo trabajaría un poco de tiempo más en cuánto me dieran mi baja por maternidad me dedicaría un tiempo a mis hijos y después ya buscaría trabajo en otra parte.