Todo estaba igual entre nosotros diría que hasta mejor, había pasado un mes desde que tuvimos nuestra primera noche juntos, no era lo que había soñado pero no sé porque lo disfruté, quizá porque estaba enamorada y sentía que era el hombre de mi vida.
—¡Hoy saldremos! Te llevaré a casa de mi padre te quiere conocer.
—¿Que, como?
—Descuida mi papá es un hombre inteligente y sensato, todo saldrá bien tú y los niños le caerán muy bien.
—Está bien, pero si algo sale mal y no me acepta no diré nada sólo me iré de ahí.
—¡Bien! Cómo tú lo decidas, pasaremos por los niños y nos iremos a cenar con él.
Eso fue lo que hicimos al salir del trabajo, fuimos por los niños y de ahí nos dirigimos a casa de su papá, mis nervios estaban en un nivel elevado en ese instante, trataba de calmarlos haciendo respiraciones extrañas pero no funcionaba.
Al llegar Federico nos abrió la puerta como todo un caballero y nos guío, su padre era un hombre mayor tenía un rostro amigable y un semblante muy tranquilo.
—¡Bienvenidos! Adelante tomen asiento, tú debes ser Olga Federico me habla mucho de ti dice que eres una mujer increíble e inteligente pero sobre todo muy trabajadora.
—¡Un placer conocerlos señor!
—¡Y ustedes! Deben ser Fátima y Ulises.
—¡Hola, mucho gusto! Si mi nombre es Fátima.
—Una niña muy sociable y linda, eres muy bonita Fátima.
—¡Gracias señor!
—Y tú eres Ulises ¿verdad pequeño?
—¡Si!
—Tomen asiento, ahora les traigo algo de tomar.
—Yo iré papá, tu sigue conociéndolos.
—Olga trata de relajarte, puedo ver tu nerviosismo con mucha facilidad.
—Soy tan obvia.
—Un poco, creo entender porque estás así pero descuida yo estoy de acuerdo con mi hijo en cada decisión que tome.
—Pero yo...
—¿Tu que? Eres una gran mujer y eso me lo dices siempre, si eres como el te describe siempre serás bienvenida aquí. Sabes no te sientas culpable por Silvia ella siempre fue muy rara pero yo nunca intervine, sólo una vez le dije que tuviera cuidado con ella pero no entendió así que le tocó hacerlo de la manera más difícil.
—Entiendo.
—Pero no hablemos de cosas tristes, Federico me dice que tampoco aparece tu esposo, si quieres ayuda con eso pídela. Puedo pedirle al investigador que busca a Silvia que también busque a tu esposo.
—¡Gracias por ofrecer su ayuda!
—Lo hago por ustedes, no había visto a mi hijo tan feliz desde hace mucho tiempo.
La velada fue muy amena, estuvimos muy cómodos en esa casa el señor era una persona muy agradable y el que no me juzgara se sentía tan bien. Era casi media noche y teníamos que regresar a casa, nos despedimos y Federico nos llevó de regreso.
—¡Le caíste muy bien a mi padre!
—¿Lo crees?
—¡Si! El es un hombre muy serio como yo, casi nunca se ríe y es muy reservado. Pero hoy se comportó totalmente diferente a como es siempre.
—Me alegra escuchar eso, pensé que sería más difícil lograr que me aceptara.
—Eso no debería ser importante, mientras tú y yo estemos bien no importa lo que piensen los demás.
Asentí y dejé el tema, me sentía un poco cansada y cerré mis ojos para dormir un poco mientras llegábamos. En los últimos días me había sentido algo somnolienta en ese momento pensé que era el cansancio acumulado de todo lo que hacía en el día.
Los niños habían llegado dormidos y Federico los llevó a su habitación, se despidió de mi y regresó a casa con su padre.
Dos semanas después seguía con mi cansancio pero no le puse atención, no fue hasta que comenzaron las náuseas que comencé a preocuparme, pensaba que estaba enferma y decidí ir al médico.
—Es viernes ¿quieres ir a cenar?
—Iré a ver al médico no me he sentido bien.
—¡Te llevaré, vamos!
—Descuida puedo ir sola.
—Nada de eso yo iré contigo.
No pude negarme y me fuí con él, una de las trabajadoras nos vió irnos juntos y eso levantaría más habladurías entre los trabajadores, ví como corrió para alcanzar a otras personas pero en ese momento me sentía muy mal y no quería preocuparme por eso ya lo resolvería después.
Al llegar al médico comenzó a revisarme y hacerme algunas preguntas cotidianas las cuales respondí una tras otra sin dudar, no fue hasta que lo ví sonreír y preguntar por mi última vez que había tenido mi periodo que me dí cuenta que no había llegado aún, sentí como mi corazón latió con mucha fuerza pensando para mí ¿será que estoy embarazada? Pero eso es casi imposible, sólo hasta que recordé esa única vez en la oficina me vino un flash a la mente.
—Le haré una prueba de sangre pero lo más seguro es que usted esté embarazada señora. Por los síntomas que presenta y todo lo que menciona estoy un 98 % seguro de que así es.
Me tomaron la muestra de sangre y me pidieron esperar una hora o volver al día siguiente, no quería esperar hasta mañana para saber así que decidí esperar.
Federico y yo nos quedamos en la sala de espera en ese momento no quería decirle lo que estaba pasando quería esperar a que el médico diera su diagnóstico.
—¿ Todo bien?
—Me hizo unas pruebas y necesitamos esperar los resultados.
—¡Ok! Esperemos.
El tiempo pasaba lento, podía escuchar como las manecillas del reloj sonaban lentamente en cada segundo y eso ponía mis nervios de punta, estaba por perder el control cuándo salió la enfermera y me llamó.
—Señora puede pasar, el médico la espera.
Suspiré y entré al consultorio con mis miedos revoloteando a mi alrededor.
—¡Tome asiento!
Mientras abría el sobre lentamente yo comenzaba a temblar, no sabía cómo reaccionaria Federico mi miedo era que no quisiera nada conmigo después de ésto.
—¡Felicidades señora! Está usted embarazada. Le haré una ecografía para saber cómo está el bebé ya que no había tenido revisiones prenatales.
Fuimos a otra habitación y después de unos minutos salimos con una ecografía en las manos. Mi bebé tenía siete semanas estaba creciendo dentro de mi una nueva vida, era hora de decirle a Federico y ver su reacción.
—¿Todo bien? ¡Tardaste mucho!
—¡Estoy embarazada!
Lo dije lo más rápido posible si estaba destinado a fracasar que fuera rápido.
Federico abrió los ojos y me abrazó con fuerza, podía notar su felicidad y eso me gustaba.
—¡Seremos padres Olga! Voy a ser padre de nuevo y contigo, con la mujer que más amo.
Mis miedos se terminaron justo en el momento que lo escuché y solté un par de lágrimas, ahora estaba más que claro que Federico era el mejor hombre del mundo y estaba a mi lado.