Trabajar con Federico era más que genial siempre aprendía cosas nuevas, hoy no había asistido una empacadora y tuve que tomar su lugar.
—Olga ¿Podrías ayudarme a empacar? No podemos dejar todo ahí tirado tenemos que enviar a las tiendas.
—¡Si jefe! No sé empacar adecuadamente pero puedo aprender.
Me explicó cada detalle de limpieza y empacado, yo ponía mucha atención a cada una de sus palabras mientras me explicaba lo que tenía que hacer.
Comencé a realizarlo y mi compañera veía confundida cada una de mis movimientos.
—¿Es la primera vez que realizas ésta actividad?
—¡Si! ¿Porque?
—Lo haces muy bien, pareciera que lo has hecho por mucho tiempo.
—El señor Viera es muy bien maestro.
Traté de responder con un tono de voz lleno de indiferencia pues no quería que siguieran las habladurías.
—Creo que sí, todos dicen que estás aquí porque eres la amante del señor Federico, pero viendo tu trabajo se nota que eres una mujer muy hábil.
—La gente habla puras tonterías.
—Hemos notado que tiene algo de trato preferencial contigo.
—¿De que hablas? ¿Que trato preferencial? Si tengo más trabajo que ustedes.
—Pero te lleva a realizar encargos, algo que no hace con nadie más.
—Es parte de mi trabajo, si quieres puedes hacerlo tú y así yo puedo descansar.
Por la forma en la que rodó los ojos y la reacción de su rostro podía notar que no estaba conforme con mi respuesta, pero al no tener pruebas de sus sospechas era su palabra contra la mía.
Terminé mi trabajo y fui a mi lugar a realizar mi trabajo, al final del día me había dado cuenta que no había terminado mi trabajo, aún faltaban algunos reportes de ventas que tenía que llenar, suspiré con calma y algo agotada y continué con mi trabajo.
—Vamos Olga ya es hora de salir.
—Tengo que terminar ésto, el jefe llega mañana y sospecho que será lo primero que pedirá.
—Me quedaría a ayudarte pero hoy es cumpleaños de mi mamá y tendremos una cena en casa.
—Descuida, puedo hacerlo sola, ve y disfruta a tu familia le das un abrazo a tu mamá de mi parte.
—¡Hasta mañana! Te vas con cuidado.
Mi compañera salió y yo continué llenando reportes hasta que escuché unos pasos en el pasillo fuera de la oficina, me llevé el susto de mi vida Federico había llegado y fue a recoger algunas cosas.
—¿Que haces aquí? Son casi las siete.
—¡Hola! Termino de trabajar estoy por sellar los reportes y ya terminé.
—Trabajas demasiado.
Federico se acercó y me dió un abrazo, no era un hombre muy cariñoso pero si atento, él nunca había demostrado su amor de una manera melosa lo hacía con detalles día a día y algunas acciones que eran mínimas, era un hombre muy observador y cualquier cosa que yo necesitara él siempre me lo daba.
—¡Te extrañé!
—¡Y yo a ti Olga! Tres días sin verte fue mucho y aparte las festividades, hablaré con mi papá creo ya es tiempo que sepa que estoy enamorado de ti y quiero tener una relación contigo.
—¿Estás seguro? No crees que se moleste.
—Mi papá respeta lo que decida.
—Pero sabrá que no estoy divorciada aún y tú tampoco has obtenido el divorcio.
—Nos tocaron como parejas unas personas demasiado trastornadas no tenemos porque pagar por ellos.
—Como digas.
Me tomó de las mejillas y me dió un beso apasionado, le respondí rodeando mis brazos por su cuello, deseaba tanto un beso suyo que me dejé llevar por el momento y el placer.
Sin separar nuestros labios caminamos al pequeño sofá que estaba en la oficina y me recostó cuidadosamente, mis nervios hacían temblar mi cuerpo no podía creer que después de más de un año de noviazgo tipo adolescente estuviéramos entregándonos en cuerpo y alma, ese fue un momento que jamás olvidé en mi vida, pues por segunda ocasión me entregaba a un hombre por amor.
Tuvimos un momento mágico dónde nuestros cuerpos se conectaron haciendo el amor por primera vez, esa primera vez que se sentía única no puedo explicar el como me sentía, aún que seguía siendo joven ya tenía mayor madurez emocional.
Yo me sentía muy apenada, pero el escucharlo calmó mi angustia y pena por lo que acababa de suceder.
—Tranquila, perdoname por favor no pude evitarlo, sentir tu olor en ese abrazo y tantos días sin verte se juntaron con todo el amor y deseo que sentí por ti.
—Yo también lo deseaba, no tienes nada que lamentar.
—Eres una mujer increíble, nada ni nadie nos va a separar, siempre estaré a tu lado.
—¡Te amo Federico!
Nos vestimos y me llevó a casa, después de recoger a los niños con la niñera, fue a cenar con nosotros, Federico estaba tomando el rol de padre con mis niños y eso era muy agradable. Los trataba como si fueran sus propios hijos, el cariño que les daba era notorio y a dónde fuéramos juntos parecíamos una verdadera familia feliz.
Veía a Fátima y Ulises muy unidos a él y eso me parecía grandioso, sin decirles que hacer ni como llamarlo un día de la nada le salió a Fátima llamarlo papá.
—¡Gracias papá! Me encanta, está muy bonita.
Fátima lo llamó así mientras agradecía una muñeca que le había llevado, Federico se quedó en shock tratando de encontrarle el significado a las palabras de mi pequeña niña.
—¡Me dijiste papá!
Su sonrisa se intensificó al verla y acercarse.
—¿Tú le pediste que lo hiciera?
—¡No, estoy tan sorprendida como tú!
—¿Porque lo hiciste Fátima?
—Tu eres mi papá ¿no? Mi profesor en la escuela dice que los padres cuidan y protegen a sus hijos, aparte de quererlos mucho y tú haces todo eso ¡eso quiere decir que eres mi papá!
—¡Si hija, soy tu papá!
Fátima se fue a jugar con su muñeca sin decir nada más, Ulises recibió también un pequeño regalo y agradeció de la misma manera.
—¡Gracias papá!
En el rostro de Federico se podía notar un atisbo de alegría, su enorme sonrisa llenaba su rostro y lo iluminaba tras siempre mantener su seriedad ahora había cambiado por un sentimiento diferente.
—Si te molesta puedo decirles que no lo vuelvan a hacer.
—¿Molestarme? Esos niños son más mis hijos que mis propios hijos. Cómo ya lo dijeron soy su papá y no trates de quitarme ese título y ya verás.
Me causaron un poco de gracia sus palabras, se compraba de una manera singular, no lo había visto así de emocionado nunca y ahora se compraba como un padre amoroso.