¿Una boda?

1124 Words
Mi molestia era notable, terminé de limpiar y tomando a mi hija en mis brazos fui a mi habitación, limpié y cambie de ropa a Fátima después la acosté a dormir. Seguía sin comprender como mi mamá tomaba una decisión así por mí ¿quién se cree que es? Bueno para ser sincera eran otro tiempos, en esos años no importaba lo que una chica como yo dijera, lo único que importaba era lo que los padres decían. Mi madre llegó molesta a mi habitación y entrando sin previo aviso comenzó a darme un regaño que no pude evitar. —¿Que crees que haces niña? Eres una estúpida, Román está interesado en ti y tú sólo lo corres, mañana vendrá a verte y lo recibirás con una sonrisa te guste o no. —Mamá no quiero verlo ni conocerlo. —No me interesa lo que quieras o desees, mírate niña eres bonita pero nadie se fijará en ti siendo madre soltera ya eres una mujer usada y eso lo detestan los hombres. —Yo no quiero salir con hombres, quiero estudiar y tener una carrera para poder mantener a Fátima. —¿Estudiar? ¡Estás loca! Tu deber es trabajar para ayudarnos y cuidar de tu hija, no empieces con esas tonterías de estudiar, eres tan poca cosa que ni eso harás bien. Tú no estudiarlas aquí los únicos que estudian son los hombres, las mujeres no nacieron para estudiar. Sus palabras me hirieron demasiado haciéndome sentir basura y una mujer sin ningún valor . Mis lágrimas comenzaron a caer lentamente sintiéndome miserable con cada palabra de la persona que debía quererme y cuidarme. En ese momento mi autoestima quedó por el suelo, mi madre sólo volvió a regañarme y salió de la habitación azotando la puerta con fuerza. —Deja de llorar que con tus lágrimas no resuelves nada. Estás más que avisada mañana verás a Román así que te preparas. Volvió a abrir la puerta sólo para recordarme lo tonta que fui al soñar con ser alguien en la vida. —Y saca esos pensamientos absurdos de tu cabeza, no estudiaras nunca ¿escuchaste? Desde la próxima semana me darás todo tu dinero solo te daré lo necesario para el autobús. Viéndome en el espejo me comencé a ver cómo mi madre me veía y eso hacia que mi corazón se estrujara, quizá mi mamá tenía razón y ahora ningún hombre se fijaría en mí y estudiar eso ya no sería posible. Ese día dormí mal no podía conciliar el sueño tras las palabras hirientes de mi mamá, por la mañana desperté y después de asearnos y vestirnos llegó mi mamá para darme la noticia que más odiaba hasta ese entonces. —Llegó Román hija, ve a saludarlo quiere llevarlas a dar un paseo por el parque. —Mamá estoy cansada ayer limpie la casa hasta muy noche y mañana iré a trabajar. —Que pena por ti Olga, pero no serás grosera y ve a atenderlo. Salí de mi habitación con Fátima en brazos, Román ya estaba sentado en el sofá recargado de una manera perezosa como si estuviera en su propia casa. —Te tardaste mucho, vamos las llevaré a dar un paseo. —Tendré que rechazar tu invitación, debo darle el desayuno a mi hija. —Descuida las llevaré a desayunar. Vamos tu mamá ya está de acuerdo con la salida ella ya autorizo nuestra salida. Giré mi cabeza y mi mamá estaba en el pasillo viendo todo, sentí mucho miedo verla ahí de pie con una mirada fría así que no tuve más remedio que ir con Román . Salimos y nos llevó a un lugar muy sencillo a desayunar, no estaba mal pero no había mucha variedad de comida para mí hija, le di un poco de fruta y un trozo de pan. Terminamos y nos fuimos al parque, Fátima aún no caminaba por si sola así que la tenía que llevar en brazos o tomar su mano mientras intentaba hacerlo. Yo veía como Fátima reía cuando Román le hacía muecas o le tomaba la mano y eso era algo extraño para mí, podía ver cómo los otros niños del parque si tenían a su papá junto a ellos y mi hija no, eso me hacía sentir culpable por mucho que amara a mi bebé nunca podré sustituir el amor de un padre a sus hijos. Terminamos el paseo y regresamos a casa, continué con el resto del domingo escuchando a mi mamá lo buen muchacho que era Román. Durante los siguientes días no pude ver a Juan Pablo seguía viajando y no tuve ninguna comunicación con él durante dos meses. En esos dos meses Román asistía a mi casa cada tres días para vernos, yo lo recibía por obligación no quería hacerlo pero no tenía opción. Un sábado llegó a casa con una flor en la mano y una pequeña muñeca que le entregó a mi hija. —Señora Rita quisiera hablar con usted. —¡Hola hijo, dime te escucho! —¡Quiero casarme con Olga! Abriendo mis ojos con gran sorpresa de inmediato me levanté del sillón mientras me entregaba la flor que llevaba en la mano. —¡Pero yo..! —¡Eso es fantástico hijo! Así mi Olga y la bebé no estarán solos. —Yo no me quiero casar aún —Olga no me digas eso, yo te amo demasiado. Román comenzó a hacer una escena patética en la que lloraba y me tomaba de las manos diciéndome lo mucho que me amaba. Mi madre me observaba fijamente y yo rogaba que mi papá llegara en ese momento. —No debes rechazarlo porque Fátima ya se encariño con él y ya había hablado contigo Olga. —Mamá yo... Quería seguir hablando pero se me hizo un nudo en la garganta que no dejaba salir ni una sola palabra, podía sentir como la opresión y ansiedad se apoderaban de mí haciendo mi respiración más difícil en cada momento. —Ella acepta Román, que tu mamá venga para definir los detalles y la fecha. —Mañana mismo vendremos señora Rita. Román salió de la casa y yo seguía en un total shock sin saber que decir, hasta que escuché cerrar la puerta de la casa pide hablar. —Mamá yo no me quiero casar ya te lo dije. —Y yo te dije que a mí no me importa lo que tú quieras te casarás lo aceptes o no. Por segunda vez en mi vida me sentí utilizada quería morirme en ese momento, la flor que me dió la apreté con todas mis fuerzas hasta despedazarla y arrojarla a la basura, sabía que que no quería casarme pero no podía hacer nada.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD