Samuelle
– Estas consciente ¿Verdad?
– Totalmente.
– Espero que cuando se entere de la verdad no tengas que perderla.
– Aún sabiendo la verdad, ella estará conmigo para siempre.
Dante, mi mejor amigo desde que éramos niños, me ve con obvia desaprobación, no entiende que esa pequeña es mi vida entera.
– No me veas así, Dante.
– ¿Entonces cómo? Mira Sam ya estas bastante grandecito para que alguien te diga que esta bien y que esta mal, tú sabrás, lo único que te digo es, que tarde o temprano ella se dará cuenta de la verdad, y entonces se va a ir, no me respondas nada – Dice adelantandose al ver que quiero responder – Es algo que más pronto de lo que imaginas pasará, te dejo, tengo junta en cinco minutos, nos vemos luego hermano.
Sale de mi oficina y me quedo meditando lo que acaba de decirme, pero no, no hay forma en que Adali sepa la verdad, de eso me encargo yo.
Ella firmó de estar de acuerdo, así que aunque ella se entere, no podrá hacer absolutamente nada al respecto, la decisión está tomada.
Ella fue quien llegó a darle luz a mi miserable existencia, desde el momento que escuché su tierna voz algo se encendió en todo mi ser.
Nunca imaginé que ese día, en el que solo planeaba conseguir una asistente, encontraría a la única mujer que podía poner mi mundo de cabeza en segundos.
Alrededor de siete meses atrás y tras haber tomado la presidencia de la compañía, me di a la tarea de buscar una asistente, alguien que diera el ancho para todo lo que mi trabajo requería.
El día de las entrevistas, puesto que la asistente anterior se jubiló unos meses después de que mi padre me entregará la empresa, estaba completamente fastidiado, llegó pura mujer superficial y plástica sin cerebro.
Todas venían con un solo objetivo, entrarme por los ojos y conseguir estar en mi cama, lo que hace el dinero, yo necesitaba alguien que tuviera el mínimo de preparación para ayudarme, no darme más dolores de cabeza de los que ya tenía.
Desde las ocho treinta de la mañana hasta casi las cuatro de la tarde, mi oficina parecía una pasarela, ninguna de ellas tenía idea de lo que era trabajar como asistente, y mucho menos una que tuviera la preparación.
La mayoría llegó más que producida, faldas cortas que parecían cinturones largos y escotes que no dejaban nada a la imaginación, no faltaron.
Pero ninguna con una pizca de experiencia en el ramo de la tecnología o sistemas, hasta que ella entró.
Con una hermosa y suave voz, que me estremeció por completo, estaba de pie observando la magnífica vista desde mi oficina, cansado de escuchar voces chirriantes, y oliendo perfumes baratos.
De inmediato algo más que mi corazón se aceleró y empezó a despertar, al girar para verla mi entre pierna creció aún más, tuve que sentarme casi de inmediato para que no notará mi amigo despierto, pero jamás deje de verla.
Estatura media, delgada, por fin alguien con ropa decente, un suave aroma que inundó mi espacio, unos hermosos ojos verdes y unos carnosos labios que gritaban por que los probará.
Traté de ser lo más profesional que podía, pero es que esa mujer me gritaba ser mía en ese instante, jamás con nadie sentí algo así, ella era perfecta.
Cuando escuche que tenía novio, sabía que la tenía que alejar del tipo a como diera lugar, ya tenía toda su información, así que eso no sería problema alguno.
Ese mismo día me encargue de solicitar que comprobarán la información y bingo, hasta el nombre del mentado noviecito conseguí.
Solo era cuestión de días para que esa relación finalizar, pues lo que realmente me importaba era encontrar algo con lo que ella no pudiera lidiar y lo mandara al carajo de una sola.
Todo estaba más que calculado, llegué por ella al día siguiente, salí de mi auto deportivo, un Maserati Gran Turismo, en color rojo, con toda la elegancia y modernidad unidos en un solo auto, con asientos en piel y la mejor tecnología, es realmente un auto que cualquiera quisiera lucir.
Al salir de su casa y verme ahí de pie recargado en el auto esperando por ella, su reacción fue abrir sus hermosos labios en una O perfecta, diablos, esta mujer hace que todo en mi se altere.
Se acercó más que confundida, llevaba puestos unos jeans ajustados a sus torneadas piernas, qué resaltaba todo en ella, unas zapatilla deportivas blancas sencillas, que se le veían magníficas y un saco de mezclilla acompañado de una blusa azul, que la hacían lucir divina.
– Buen día señor Lizardi, no esperaba verlo aquí.
– Samuelle, llamame Samuelle, buen día Adali, no tenía a nadie disponible para que viniera por usted, así que no perdamos tiempo, suba por favor. – Le digo lo más serio posible, no quiero que piense cosas que si son, pero que por obvias razones aún no debe saber.
Me apresuro a abrir la puerta del copiloto y espero a que suba para cerrar y dirigirme al asiento del conductor, al entrar veo que esta bastante sonrojada, se que le gusto, y voy a aprovechar cada instante para estar cerca de ella.
Muy seguro, ahora resulta que eres adivino.
No, pero se nota, ayer cuando casi cae...
Ayer casi la tiras, a mi no me engañas.
Lo que sea ¿Escuchaste su dulce gemido?
Desde luego, la cosa más sublime.
Dejo a mi consciencia de lado, para encender el auto poniéndonos en marcha, hay bastante tiempo para que den las seis de la mañana, aprovecho para invitarla un café.
– Pasaremos por un café, necesito que recuerde el lugar, es del único que me gusta, y una de sus funciones como mi asistente es recoger mi bebida todos los días y tenerla lista cuando yo llegue.
– Me parece perfecto señor... Samuelle.
– Perfecto, el día de hoy como se lo comenté ayer, firmará su contrato, estará a prueba por dos meses, en los cuales este será su sueldo. – Le digo mientras le extiendo un papel donde viene la cantidad descrita, es lo que ganaba la asistente anterior, pero eso ella no lo sabe.
– ¿Esto es solo por estar a prueba? – Comenta totalmente sorprendida, y eso de que estará a prueba me lo inventé, necesito que tenga la necesidad de quedarse cerca.
¿Cerca? Lo que quieres es engatusarla con el sueldo.
No pienso negarlo, nadie le dará una mejor oferta.
Cierto, tenemos que ser su mejor opción.
Así es.
– Si no está de acuerdo y si cree que es poco, podemos...
– ¿Bromea? Esto es más de lo que me ofrecían en otras entrevistas, de verdad que pondré todo de mi parte para quedarme con la plaza, muchas gracias señor... Perdón, Samuelle.
Y eso fue todo, era la respuesta que esperaba y de cual quería más, espero todo salga como lo planeo, esta pequeña no solo firmará un contrato de empleo, ya veré que más hago para que se quede a mi lado.