No he visto a Nicolás en toda la semana, no he dejado de pensar en él en ningún momento desde nuestra conversación esa tarde en la guarida, sonrío sola. También reconozco, ahora me arreglo un poco más para verme más linda. Salí de la cama, entré al lavado, una vez arreglada hice la rutina de todos los días. Solo falto los fines de semana porque comparto tiempo con mis padres y por las clases de piano. Esa era otra ocupación la cual me gusta en demasía. Desayunamos en familia, no había vuelto a pelearme con Elizabeth. Sin duda lo mejor era ignorarla. Leí el periódico en la sala, donde todos estábamos tomando el té cuándo habló el señor Cladut. —Pequeña. —Así me llamaba—. ¿Has pensado en asistir a las veladas? —Quiero estudiar —contesté sin apartar la mirada del periódico. —¿No piensas

