Desde el rincón oscuro del corredor, Kayla emerge como una sombra que se niega a desvanecerse. La sorpresa de su aparición no disminuye la urgencia de la situación, y sin dudarlo, me acerco rápidamente a ella, agarrándola por el brazo con más fuerza de la necesaria para llevarla hacia afuera. —¿Por qué estás aquí, Kayla? —mi voz es un susurro tenso, cargado de confusión y temor. Ella me mira fijamente, sus ojos mostrando una determinación que no había visto antes. —Mi vuelo se retrasó —comienza, su voz temblorosa pero firme— y pensé que debía advertirte sobre Bea antes de irme. Dixon, ella no es quien parece ser. La advertencia de Kayla me golpea con más fuerza de lo que esperaba. Siento cómo mi estómago se retuerce, no tanto por la advertencia, sino por la oferta que sigue. —Yo... yo

