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¡Mi perdición!

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Blurb

El disparo que resonó en la mansión Holland hace un año marcó el inicio de mi caída. Fue mi padre quien, en un momento de desesperación irrevocable, dejó escapar el tiro que selló nuestro destino. Su muerte no solo manchó el mármol con su sangre, sino que también desencadenó una serie de desgracias: la bancarrota que nos arrastró a las sombras, el intento de suicidio de mi hermana, un matrimonio sin amor para tratar de salvar lo insalvable, y un amor prohibido que nació en el peor momento posible y con mi hijastro. Cada mirada que intercambiábamos en secreto, cada palabra no dicha, se convirtió en una tortura personal, un recordatorio de lo que nunca podría ser. Y en el fondo, sabía que este amor prohibido no solo era mi tormento, sino que también sería mi perdición.

Ahora, mientras las llamas envuelven la mansión, me pregunto si este trágico final estaba predestinado desde aquel disparo fatal. ¿Debo yo también desvanecerme en este incendio, consumida por las llamas de nuestro propio desastre? Mientras el fuego devora todo a su paso, busco en sus brasas una especie de redención para los pecados y secretos que escondemos, esperando que, en su total destrucción, mi persona quede en el olvido.

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Capítulo 1: ¡Viaje a Brasil!
Hoy cumplo la mayoría de edad, 21 años. Este año es diferente a los anteriores. Hoy solo hay tristeza, al menos para mí como todos los días, hace un año, que mi padre murió. Me preparo para ir a una discoteca con mis amigas en Brasil, lugar que elegimos para festejar mi cumpleaños; un viaje que necesitaba, aunque si hubiera sido por mi no hubiera viajado por la mala economía que nos dejó la muerte de mi padre. La familia Holland, la tan apreciada familia y las más aclamadas señoritas de la alta sociedad están en bancarrota. Pero, debemos mantener las apariencias y despistar los rumores que caen sobre mi prometido y sobre mí. Sí, voy a casarme. ¿Cómo habíamos llegado hasta este punto? La culpa lo tiene mi padre, por confiar en que podría recuperar todo en un mesa de póquer, y cuando la presión lo acorraló no encontró más remedio que sumirse en un sueño eterno. Y mi familia se rompió, solo somos mi madre que es mi viva imagen, de apariencia. Es rubia, con ojos color verde, con algunas arrugas porque los años no vienen solos y ha perdido la figura, el novio joven de mi madre Tristan después está mi hermana mayor que casi no existe. Forzando a que sea yo, quien tome la rinda de la familia y la postura fría, calculadorq y sensata. Salimos del hotel y nos tomamos un taxi para ir a la discoteca. Cuando llegamos, mi amiga me agarra del brazo—. ¡Vamos, Bea! Es tu cumpleaños…tienes que estar contenta. —. Lo estoy, Katie. Solo necesito un poco de alcohol. Cuando entramos en la discoteca, nos dirigimos directo a nuestro lugar vip donde una mozo nos trae los tragos más fuertes del menú. Me río a penas, cuando veo que la bombilla de mi bebida tiene una estampita de la parte íntima de un hombre. —. ¡Quiero hacer un brindis! —dice mi otra amiga Cloe—.¡Por nuestra amiga que se casa virgen! Se ríen. —. ¡También brindo por eso! —dice mi otra amiga Susan. —. Yo brindo por estás bebidas que están riquísimas—digo. —. ¡No tomes rápido que vas a terminar vomitando en el baño de la discoteca! Se ríe Katie. Continuamos la noche tomando, hablando y nos adentramos en la pista para bailar, es verdad que no debo tomar tanto y de golpe, pero me encanta volver a sentirme bien. Camino en la multitud con un vaso lleno de mi trago cuando un hombre choca contra mí provocando que mi trago termine en el suelo. —. ¡Carajo! —me quejo. —. Perdón —me dice y levanta el vaso del piso—. ¿Estaba lleno? —. Sí, lo acabo de comprar —me quejo nuevamente. —. ¡Vamos! Te invito uno. Agarra mi pequeña mano llevándome de nuevo hacia la barra. El chico es alto, de cabello castaño oscuro abundante y desordenado. Tiene una camisa de playa llena de palmeras y lleva un jean n***o. Llegamos a la barra y la luz de esta me deja ver el color de sus ojos gris verdoso. Me suelta —. ¿Qué quieres tomar, rubia? —. Un caipiroska— le digo y él lo pide. Mientras lo preparan me quedo mirándolo, es muy apuesto. Creo que me quedé flechada con su belleza. Trago saliva e intento mirar hacia otro lado. Él se da cuenta porque sonríe y con voz seductora me dice—. ¿Estás sola? —. No, con unas amigas ¿y tú? —. Con amigos ¿y te gusta Brasil? —. Sí, me encanta. ¿a ti? —. Sí, . ¿vinieron en viaje de amiga o algún evento? —. Es mi cumpleaños. Se sorprende—. Feliz cumpleaños—me da un beso en la mejilla cerca de la comisura de los labios y me pongo un poco nerviosa—. ¿Y qué tal va el festejo? —. Bien… El barman le entrega mi trago y uno para él—. Aquí tienes. Nos quedamos mirándonos sin saber como despedimos—. Bueno, gracias. Me apresuro para irme y luego me volteo, él hace lo mismo—. ¿Quieren unirse a nosotras? Él sonríe—. Iba a preguntar lo mismo. —. Los espero en la zona vip. Asiente y me voy donde están las chicas, cuando llego detrás de mí aparece el chico que acabo de conocer y sus amigos, unos chicos de diferentes estaturas, pero todos altos. —. ¡Les traje uno para cada una! —bromeo con mis amigas—. Encontré a… —. Dixon—se presenta. —. Encontré a Dixon por accidente y lo invité a él y a sus amigos a pasar la noche. Ellas están de acuerdo, nos reunimos todos alrededor de la mesa y nos presentamos. Christian, Vladimir, Dixon y Dylan. Mis amigas, Katie, Cloe, Susan y yo. —. Así que eres, Bea. Me suena tu nombre de algún lado—me dice Dixon—. ¿Cuánto cumples? —. Veintiuno, ¿Tú debes tener más o menos mi edad? —. Sí, más o menos. Se ríe. No me quiere decir su edad, se pasa la mano por el pelo y me parece muy sensual. Pero, me quito ese pensamiento de la cabeza. El amigo de Dixon, Chris se pone de pie —. ¿Y si bailamos? Katie esta totalmente de acuerdo que en seguida toma su mano y se va a la pista, los demás los siguen. Dixon se pone de pie y me ayuda a pararme, llevándome a la pista con su mano en mi cintura. Me gusta la sensación de sentir su mano ahí. Bailo con él, nos pegamos cada vez más mientras bailamos, me hace chistes y me divierto. En un momento, él me hace girar y casi me caigo, me río junto a él después de mucho tiempo, una risa verdadera salida desde el fondo de mí. Katie se acerca, me toma el brazo para bailar conmigo —. Me encanta volver a verte reír. —. Es el alcohol —le digo. Ella niega y mira a Dixon. Seguimos bebiendo toda la noche, en un minuto Katie se vuelve en su modo atrevida y se sube arriba de la mesa de la zona vip para bailar, me tiende la mano para que la siga y me niego. Dixon me obliga a subir. Comienzo a bailar de manera sensual, y puedo sentir la mirada de Dixon quemándome completa. Continuo bailando de esa forma, me encuentro bailando solo para él. Me río junto a Katie y nos ayudan a bajar. Katie se prende a Chris cuando esté la ayuda, y ambos se besan. Dixon que tiene sus manos en mi cintura por ayudarme a bajar se queda mirándome, miro disimuladamente el anillo en mi dedo, y me alejo. Después de unas horas, ya nos tenemos que ir. —. Fue un gusto —me pongo de pie para irme y casi me caigo por no poder mantener el equilibrio. Él me ataja y Katie dice:—. Dixon podrías acompañar a Bea al cuarto. Frunzo el ceño —. ¿Y tú? —. Dormiré en otro lado. Me guiña un ojo y Chris la abraza por detrás. Dixon se ríe por lo bajo y se acerca a su amigo—. ¡Cuídate! —. Sé como llegar —le responde Chris. —. Creo que no se refiere a eso, cariño —le dice Katie divertida. —. ¿Vamos? —me dice él. —. No es necesario, iré con mis otras amigas. Dixon me mira y se ríe—. ¡Ven, Bea! Vayamos a dormir. Insiste Asiento y lo sigo detrás mientras pasamos a toda la multitud. Cuando el viento de afuera nos roza todo el cuerpo, él pide un taxi, cuando nos subimos unos segundos vamos en silencio hasta que él larga una carcajada y me mira —. Creo que nuestros amigos… —. Lo sé... No quiero que lo diga, sé exacto lo que querían hacer. Quieren que pasemos la noche juntos. Quieren que durmamos juntos, en el sentido s****l de la palabra. Cuando llegamos a la puerta de mi habitación, él se queda parado con la mano en los bolsillos mientras la abro. —. Bueno, gracias por acompañarme—le digo cuando abro la puerta. Él me mira y muerde su labio, yo hago lo mismo con el mío —. No voy a quedarme con las ganas —dice. Y estrecha sus labios con los míos. Con una de sus manos sostiene mi cintura y con la otra abre del todo la puerta para que nos adentramos en mi cuarto. Cierra la puerta con su pie y caminamos hasta caer sobre el sillón. —. He querido besarte toda la noche. Y aunque, mi cabeza me grita que no, solo necesitaba que dijera eso para atreverme yo, me subo arriba de él y con mis pequeñas manos sobre sus mejillas junto mis labios con los suyos, él me corresponde el beso abriendo paso a mi lengua, nuestras bocas saben a tragos y están fríos. Su mano recorre mi espalda y siento como la piel se me eriza. De repente me desabrocha el vestido, y se aparta para ver como la tira del mismo se desliza hasta dejar en evidencia mis pechos. Siento como algo debajo de mí crece. Y siento algo en mi interior humedecerse. Nunca me había sentido así, él besa mis hombros y yo lo dejo. Me recuesta sobre el sillón, y baja lentamente hasta que sus besos llegan a mis pechos, se lleva uno a la boca y succiona, y muerde. Largo un sonido que parece gustarle porque levanta la vista. Hace lo mismo con el otro, yo llevo mi mano hasta su cabello y estiro con fuerza mientras me muerdo el labio por sentir esto que estoy sintiendo. Él se pone recto para deshacerse de mi vestido por completo. Dejándome únicamente en pantis. Cuando se agacha para besar mis abdomen, me comienzo a desesperar. Trago saliva mientras el sigue bajando lentamente. Cierro los ojos con fuerza sintiendo como su lengua recorre mi cuerpo. Sus manos acarician una de mis piernas y puedo sentir su lengua en ella se acerca cada vez más a mi entrepierna y gimo, siento mucho placer con lo que está haciendo. Él me mira, también está agitado y su mirada es como más oscura—. ¿Estás bien? —es lo primero que me pregunta. Asiento. Me incorporo y con mis manos desabrocho su camisa y la tiro al suelo. Él vuelve a besarme, mientras yo me deshago de su cinto y desprendo su pantalón. Él se pone de pie para quitárselo y quedar en bóxer. Trago saliva, y muerdo mi labio. Antes de volver a besarme saca de su billetera lo que sé que es un preservativo. Eso lo hace real, mi primera vez. Estoy asustada, pero al mismo siento una sensación de placer y de que quiero hacerlo. Me pongo de pie y le extiendo mi mano para guiarlo hasta la cama, no quiero hacerlo en el sillón. Me recuesto sobre la cama, él se posiciona arriba mío sin privarme de oxígeno. Me quita lentamente la única prenda que me queda, hace lo mismo con la suya. Cierro los ojos y espero el momento. Él apaga la luz del velador. Y me besa en los labios, en un momento comienza a sentir un ardor y un poco de dolor, solo puedo pronunciar quejidos hasta que finalmente lo siento dentro mío. Él jadea—. ¡joder! —dice y me besa. Le sigo el beso, en cada embestida el dolor disminuye hasta que comienzo a sentir el placer.

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