-Lamento haberte hecho esperar -le dijo a Brenda cuando finalmente se acercó a ella con Sara pisándole gruñonamente los talones.
Sara sonrió y negó en respuesta, empujándose lejos del capó de su auto.
-Nada que lamentar, estaba teniendo una agradable charla con tus amigos.
Charlie puso los ojos en blanco.
-Espero que no se tratará de mí.
-No te preocupes, Charles, no te avergonzamos frente a la señorita -respondió Tyler.
-Al menos no tanto -dijo Stefan con una sonrisa burlona.
Brenda volvió a negar y recogió su mochila.
-Solo cosas maravillosas.
Las mejillas de Charlie se sonrojaron furiosamente.
-Bien, basta de charlas, tenemos que irnos.
Tyler se despidió con un suave movimiento de su cabeza y se colocó el casco de su motocicleta antes de acelerar. Stefan agitó la mano en un gesto de despedida mientras abría la puerta del piloto en su auto y Jane se subía al lado del copiloto con Blair en el asiento trasero.
Paul se acercó a Sara y le susurró al oído para después dejar un par de besos en sus labios y subirse en su motocicleta. Sara se giró con el ceño fruncido y marchó con fuertes pisadas hacia el asiento del copiloto en el auto de Charlie, golpeando su hombro contra el del porrista en el camino.
Charlie le lanzó una mirada de advertencia cuando sus ojos se cruzaron.
-Lo siento -le dijo a Brenda.
-Está bien -respondió ella encogiéndose de hombros-. Parece que no soy mucho de su agrado.
Charlie suspiró y negó.
-Ya se le pasará.
Brenda asintió y se dirigió al asiento trasero del auto. Charlie volvió a suspirar y se sentó en su lugar.
Esta iba a ser una tarde muy larga.
*
El auto se detuvo fuera de una escuela primaria y una pequeña corrió hacia el auto. Brenda notó como el semblante de Charlie cambiaba cuando la pequeña niña saltó y gritó su nombre.
La puerta se abrió y la niña se quedó a medio camino de subir.
-Oh -parpadeó en un gesto que Brenda reconoció de Charlie- ¿Quién eres tú?
-Amelia, esta es Brenda, una compañera de mi clase de Historia -dijo Charlie-. Ahora entra en el auto que debemos volver a casa.
La pequeña asintió y se dejó caer contra el cuero de los asientos. Brenda soltó una suave risita al verla batallar con su mochila, así que se inclinó y cerró la puerta. Luego ayudó a la niña a sentarse correctamente y le quitó la mochila de los hombros.
-Oh, yo tuve una igual a tu edad -dijo Brenda al notar que la mochila era de un rosa estruendoso y tenía la caricatura de las chicas super poderosas.
-¿Enserio? -cuestionó la niña emocionada- ¿Quién eres?
Brenda notó que Charlie comenzaba a conducirlos fuera de la línea de recogida y les lanzaba pequeñas miradas a través del espejo retrovisor.
-Siempre me agradó mucho Bellota -respondió Brenda.
-¡Bellota es mi favorita! -chilló emocionada Amelia.
-Si, ella es toda una badass.
-Me disfrazaré de Bellota este año para Halloween.
-Oh, eso es genial.
Amelia le lanzó una mirada a su hermano mayor.
-Me agrada tu amiga, Charlie.
Brenda le sonrió enternecida y decidió hacer caso omiso al bufido que escuchó escapar de los labios de Sara.
Charlie le respondió a la pequeña con una suave sonrisa.
-Oww -murmuró Brenda-. A mi me agrada mucho tu hermana pequeña, Charlie.
Bromeó Brenda y no se le pasó por alto la forma en que Charlie se sonrojaba.
-¿Entonces? -Amelia llamó su atención, distrayéndola de la maravillosa vista de las mejillas enrojecidas de Charlie Loyer- ¿Qué opinas de ver Las chicas super poderosas conmigo?
Brenda soltó una suave risita.
-Diría que es un gran plan.
*
Brenda parpadeó sorprendida cuando la camioneta de Charlie atravesó el portón de entrada y se desplazó por el largo camino de grava hasta el estacionamiento de la casa. Perdón, no casa. Castillo sería la palabra adecuada. Era bastante consciente de que la familia Loyer tenía dinero, después de todo el padre de Charlie era el presidente del bufete de abogados más importante de Chicago, sin embargo, no tenía idea de que en realidad nadaban en dinero.
Charlie le lanzó una rápida mirada con una sonrisa nerviosa tirando de las comisuras de sus labios, cuando se giró para recoger su mochila del asiento trasero.
-Bienvenida -susurró tímidamente.
Brenda le respondió con una suave sonrisa y un apenas perceptible aleteo de sus pestañas. Reconoció el bufido de Sara y miró en su dirección justo para verla poner los ojos en blanco a través de su reflejo en el espejo retrovisor.
-Ven, Brenda -dijo animadamente Amelia, llamando su atención-. Vamos para que conozcas mi habitación.
Olvidando por completo a Sara, Brenda asintió con entusiasmo y miró a la pequeña con una sonrisa enorme.
-Eso suena genial.
No notó que Charlie había bajado de la camioneta hasta que la puerta del lado de Amelia se abrió y lo vio con los brazos estirados hacia la niña que chilló emocionada y saltó fuera de la camioneta, cayendo en brazos de su hermano mayor.
Sara ya no estaba cerca.
Brenda suspiró y se deslizó fuera de la camioneta, siguiendo a Charlie por el camino hasta la entrada de su enorme casa. Brenda sonrió enternecida cuando vio como Amelia se abrazaba a Charlie, rodeándole el cuello con los brazos y la cintura con las piernas. Se parecía a un Koala.
Y para cuando estuvo cerca de las enormes puertas de entrada, Brenda volvió a quedarse sin palabras. Charlie se giró para mirarla y le hizo un gesto con la cabeza diciéndole que lo siguiera dentro de la casa.
Sara ya había desaparecido dentro del enorme castillo.
-Creo que tu hermana me odia -murmuró la porrista.
Charlie frunció el ceño y Amelia la miró con los ojos enormes.
-No te odio -dijo la pequeña.
Charlie sonrió y la dejó sobre sus pies.
-No creo que se refiriera a ti, princesa -aclaró.
-No, por supuesto que no -negó Brenda.
-Oh -respondió la niña-. Esta bien ¿vienes a conocer mi habitación?
-Creo que sería mejor que me presentara primero y que tu saludaras a tus padres -dijo Brenda.
La niña asintió.
-Tienes razón -dijo y se alejó corriendo.
Brenda soltó una suave risita.
-Ella es muy adorable.
Charlie asintió de acuerdo.
-Si, es la mejor -respondió-. Por cierto, no te tomes muy enserio a Sara. Ella suele odiar a todos hasta que te llega a conocer.
-Espero me de la oportunidad de redimirme.
Charlie escondió nerviosamente sus manos en los bolsillos delanteros de su pantalón. Ahora mismo estaba deseando no haber dejado marchar a Amelia.
Sin embargo, la niña apareció segundos después, arrastrando a su padre con ella.
-¿Ves papi? Te dije que la amiga de Charlie es muy bonita.
Las palabas de la niña enseguida hicieron que las mejillas de la porrista enrojecieran hasta el punto en que era imposible ocultarlo.
-Cierto, eso dijiste -respondió el hombre, irguiendo su espalda y alzándose en toda su gloria-. Y veo que no mentías -acercó una mano a Brenda e inclinó la cabeza-, Richard Loyer ¿con quién tengo el placer?
-Mucho gusto señor Loyer -saludó Brenda-, soy Brenda Hastings.
-¿Hastings? ¿Cómo Hastings el detective de policía?
-Si señor -respondió Brenda-. Ese es mi padre.
El hombre asintió.
-Buen hombre -dijo después de un rato-. Un poco testarudo, pero muy bueno en su trabajo.
-¿Lo conoce?
El hombre soltó un resoplido.
-Ha sido un grano en el trasero en algunos casos que mi despacho ha tomado -respondió-. Pero eso es solo porque es un buen detective.
-Me alegra saber eso.
Amelia se acercó a Brenda y le tomó la mano.
-Bien, ya te has presentado y he saludado -dijo la niña-. Ahora te puedo mostrar mi habitación.
Brenda parpadeó hacia Charlie, quien solo se encogió de hombros cuando Amelia empezó a arrastrarla por el pasillo hacia las escaleras.
-Oye, aun no me cuentas que tal te fue en la escuela -le dijo su padre a Amelia.
La niña ni siquiera se detuvo para responder.
-Podemos hablar después de eso.
Charlie soltó una suave risita y miró a la porrista.
-Les haremos saber cuando la comida este lista -le dijo, haciéndole saber a Brenda que estaba bien que fuera con Amelia, y Brenda le respondió con una suave sonrisa que provocó aleteos en su estómago.
Cuando Brenda desapareció junto a su hermana pequeña, Charlie soltó un suave suspiro.
-Ella es muy linda -susurró su padre.
Charlie pudo notar el deje de diversión en su voz.
-No digas nada -respondió.
-Cuando tu madre dijo que habías llamado para avisar que vendrías con un amigo de la escuela a hacer una tarea, esperaba encontrarme al sabelotodo de Sean o a la linda Jane -bufó una suave risa-. Jamás pensé que se trataría de una chica bonita a la que nunca había visto.
-No empieces ahora, papá -respondió Charlie-. Mejor iré a ver si mamá necesita ayuda.
-Claro, huye -dijo el hombre-. Pero no te salvarás de la charla incomoda -advirtió-, aun debes aprender como ponerte un preservativo, y creo que lo necesitarás muy pronto.
Charlie se detuvo y le lanzó una mirada seria a su padre.
-¿Hablas en serio?
-Oye, también fui joven -respondió-. Sé como son a tu edad, y yo no quiero ser abuelo tan joven.
-Ella ni siquiera … yo no … ella no … ¿sabes qué? No tendré esta conversación contigo.
Se alejó a pasos rápidos, pero no se perdió la risita de su padre.
-Viejo inmaduro -susurró para sí mismo.
Rayos, esta realmente sería una larga tarde y eso que aún falta a que aparezcan sus hermanos.
-Creo que podría morir ahora mismo.