Prólogo
"Los amores de juventud pueden ser inolvidables y doloroso"
En una pequeña casa de dos pisos, paredes verdes pasto y tres ventanas medianas. Vivía una familia de clase media, que tenía a una única hija, la cual era amada por sus padres, quienes darían cualquier cosa por verla feliz.
— Hija ya está el almuerzo, baja.
Gritó una señora de cabellera castaña, ojos café claros de edad madura desde el comedor en la parte baja de la casa.
— Ya voy, mamá.
Contestó una chica castaña desde su cuarto.
Bajó apresurada y entusiasmada. Hoy sería el gran día que por fin confesará sus sentimientos a el chico que le gusta.
— Te ves muy alegre hija, me da gusto verte así.
Mencionó su mamá con una brillante sonrisa en el rostro, mientras la miraba desayunar tan apresurada y contenta.
— Y lo estoy, mamá. Bueno, ya me tengo que ir, nos vemos más tarde.
Dijo la joven, le dió un beso en la mejilla a su madre.
Tomó sus cosas y se fue directo a la preparatoria.
...
Al llegar, fue hacia donde se encontraban sus amigas. Quienes ya tenían todo listo, habían preparado todo con antelación, pues lo que más querían era que su amiga fuera feliz y si eso implicaba hacer un gran plan para que pudiera confesar sus sentimientos lo harían sin pensarlo.
— Oh, Melissa, pensábamos que ya te habías arrepentido.
Exclamó una chica de ojos verdes y de cabellera pelirroja a manera de broma.
— No, eso no, aunque estuve a punto de hacerlo, Beatriz.
Dijo Melissa corriendo a llegar a abrazarlas.
—Bueno amiga, todo está listo.
Comentó otra chica de cabello castaño y ojos cafés atrayendo la atención de la antes mencionada.
Las soltó y miró con atención a su amiga. Ahora más que nunca se sentía afortunada de tener a tan buenas amistades.
— ¿En serio, Rubí?
Preguntó Melissa entusiasmada.
— Sí, Melissa, espero que todo salga como esperamos.
La animó Rubí acariciando gentilmente su cabello.
— Bueno, vamos por él, ya te está esperando en la biblioteca, vamos amiga tú puedes.
Indicó una chica de cabello n***o y rizado.
— Oh, gracias Sonia. Muchas gracias, chicas.
Dijo Melissa con alegría y las abrazó de nuevo.
— De nada Melissa, anda vé. Te esperaremos acá.
La animaron con entusiasmo.
Al chico a quien le diría por fin sus sentimientos era algo así como su amigo, no eran tan unidos pero tampoco desconocidos. Tenían una buena y extraña amistad, en la que hablaban cómodamente. Melissa se sentía feliz de ser la única chica con la que él hablaba, ya que a las demás las trataba con frialdad. Este hecho hizo que surgieran ideas erradas y no del todo certeras, haciéndola creer que él la amaba.
...
Al llegar a la biblioteca, pudo observar que nadie más se encontraba sino que solamente estaba aquel chico que le había fascinado desde que entró en segundo año. Él es alto, tez clara, cabello n***o, con una hermosa mirada y sus ojos negros, un buen cuerpo, y ahora estaba ahí, para confesarle que lo amaba.
Se encontraba de espaldas, pero, cuando la escuchó llegar, se volteó para verla cara a cara.
— Oh, Melissa, has venido. Pensé que no llegarías, tus amigas me dijeron que tenías algo importante que decirme.
Dijo el chico con voz animada.
— Yo... Samuel... Yo... Te quiero, tú... Tú me gustas.
Confesó nerviosa.
— Ah...
Soltó Samuel desconcertado. La miró con frialdad y se limitó a quedarse en silencio.
— ¿Solo dirás eso? Sé que estarás confundido, te entiendo, te doy tiempo para que lo pienses y lo proceses. Ya ves que somos amigos y que yo te diga esto es tan inesperado... ¿Verdad?
Prosiguio diciendo Melissa dando la vuelta para irse.
Samuel seguía con un gesto serio, cerró la palma de su mano y se armó de valor. Sabia que lo que estaba a punto de decir, marcaría el final de su amistad.
— Espera Melissa, yo...
— ¿Tú que?
Preguntó entusiasmada dándole la cara para observar su rostro.
— Yo ya lo sabía. Mira Melissa, yo no siento lo mismo que tú, y sé que no llegaré a sentir nada, así que trata de olvidarme por favor, yo me siento incómodo, por favor, olvídame.
Respondió Samuel serio.
Salió de la biblioteca y ella se quedó sola, sin poder creer lo que había escuchado. Al poco rato, sus amigas llegaron para consolarla.
— ¿Qué te dijo?
Preguntó Rubí desesperada.
— Rubí, no.
Intervino Beatriz con seriedad al ver el estado en el que se encontraba Melissa.
— Está bien, les contaré lo que sucedió.
Respondió Melissa conteniéndose las lágrimas.
Les contó todo lo ocurrido y en el transcurso del relato no se pudo contener y rompió en lágrimas. Sus amigas la miraron afligidas, no sabían qué decirle.
— Él es un idiota, ya deja de llorar por ese tonto.
Vocifero Sonia con gran molestia en su rostro y voz.
— Sí, amiga. No tiene caso que llores por él, vamos, limpia esas lágrimas y vamos a clases.
La animó Beatriz.
— De acuerdo, vamos amigas.
Contestó Melissa limpiándose las lágrimas.
Al llegar al salón, hizo como si no pasará nada y tuvo las clases. Después, se despidió de sus amigas y se fue a su casa. Al llegar, subió rápido a su habitación y comenzó a llorar.
Su madre al escucharla fue rápido a consolarla.
...
Después, pasaron varias semanas y meses... En los que evitó a Samuel y se enfocó en otras cosas que no fueran o se relacionaran con él. Además que, le sirvió para estudiar para el examen de admisión a la universidad que tanto quería asistir.
— Por fin amiga, hoy por fin saldremos de la prepa y ya no verás a aquel individuo.
Exclamó Rubí emocionada pero a la vez un poco triste.
— Sí, amiga. Solo que ya no las veré a ustedes. En serio, estoy agradecida por su gran amistad.
Comentó Melissa con una triste sonrisa.
— Tonterías amigas, no hay que estar tristes que nos seguiremos reuniendo. Y tampoco debes de agradecer por eso, sabes que cuentas con nosotras siempre.
Dijo Sonia alegremente.
— Pero, recuerda que nuestra Melissa sé irá pronto de aquí.
Comentó Beatriz desanimada.
— Sí, pero nosotras podemos ir a visitarla o hablar con ella por teléfono o videollamadas, qué sé yo, pero de una u otra manera seguiremos teniendo contacto con ella.
Argumentó Sonia tratando de sonreír.
— Es verdad.
Contestó Melissa con una gran sonrisa, sintiéndose aliviada porque podría seguir en contacto con ellas.
...
Después de la clausura se fueron a cenar con sus familias, y por último se despidieron de Melissa en el aeropuerto.
— Bueno, amiga, no te olvides de nosotras y esperemos que tu sueño se haga realidad.
Comentó Beatriz con los ojos cristalinos, esbozando una pequeña sonrisa. Ella como todas no querían llorar ante tal despedida.
— Gracias, eso espero. También deseo que ustedes cumplan sus sueños. Adiós, amigas. Cuídense, por favor. — dijo Melissa dándoles un fuerte abrazo y un beso en la mejilla a cada una.
Y se fue...
Dejando atrás su pasado y aquel amor no correspondido. Esperando que la vida fuera amable con ella. Esforzándose para que su sueño se logre.
Mientras sus amigas persiguieron perseverantemente sus sueños y metas. Eso sin olvidarse de ella, ni Melissa de ellas.
El olvido es más difícil de lo que uno se imagina, sin embargo, Melissa trató de seguir adelante.
Un día desapareció para todos, excepto de sus amigas, quiénes guardaron su secreto de cualquier persona que preguntaba por ella.
Ahora ella había alcanzado su sueño. Asimismo era feliz y se sentía realizada.