El sábado muy temprano Minerva se levantó con los nervios de punta, preocupada por que todo saliera bien, no quería meter la pata. Mientras desayunaba Boris la llamó a su centro de mando oculto bajo la casa. -Minerva debes venir hay alguien que quiere verte… Date prisa que la conexión puede cortarse en cualquier momento, están en una ubicación bastante lejana. La rubia corrió escaleras abajo tropezándose con el borde del primer escalón y yéndose de bruces al suelo, se levantó y sacudió sus pantalones, menos mal que el vestido que usaría esa noche no era ni parecido al de la fiesta anterior, o tendría visible en la pierna un maravilloso hematoma. Levantó la mirada y vio a Adara en la pantalla. -¡Adara! ¡Qué alegría verte! ¿Cómo estás, cómo están todos? –Muy emocionada. -Imagino que bi

