Tanto Emma como Alba no reaccionaron de inmediato, las palabras del doctor les cayeron como plomo derretido, ambas se quedaron paralizadas con las bocas abiertas, mirando al doctor con cara de incredulidad. —Pe pe pero, doctor —dijo Emma recuperando la voz— ¿Por qué? ¿Cómo es posible eso? No entiendo… —Cálmese un poco, señora Webster —le dijo el médico al ver que ella se estaba desesperando— Permítame que les explique, por favor. Alba se acercó un poco más a su amiga y le pasó un brazo por encima de los hombros para reconfortarla un poco, ella misma estaba con los ojos húmedos por las lágrimas que pugnaban por salir de sus ojos. Emma respiró fuerte para tratar de calmarse, quería gritar, quería llorar y salir corriendo al mismo tiempo, pero también sentía una extraña fortaleza que le i

