Después de la boda

1019 Words
Esa noche pasó como un sueño, antes de terminar la fiesta, Ryan la llamó aparte y le dijo que las cosas estaban en el auto y que partirían para la luna de miel de inmediato. Ella que ya se había cambiado de ropa se separó de los asistentes si decir nada, según la tradición local de que los novios deben escapar sin ser vistos para tener una vida más feliz. Cuando salió por la puerta de la cocina no había nadie, así que salió lo más callada que pudo, solo te iba que dar la vuelta por detrás de la sala de recepción, por dónde habían unos arbustos que la ocultarían de los asistentes. Estaba caminando con cuidado de no hacerse notar y cuando vió que nadie miraba se volteó para correr hacia dónde estaría esperándola Ryan, el movimiento fue muy rápido y apenas estaba volteando cuando comenzó a correr, pero no había dado más de cinco pasos cuando chocó contra un muro de carne que se interpuso en su camino. Unos fuertes brazos, muy fuertes y musculosos la sostuvieron porque sino hubiera caído redonda al piso, los brazos no solo la sostuvieron sino que la retuvieron por unos segundos además, en los cuales pudo sentir la dura musculatura y la fragancia embriagante con esencias orientales y especiadas del hombre. Levantó la vista curiosa para saber con quién había chocado para disculparse. —¡Ohhh! Lo siento muchísimo, yo… —el habla se le cortó al ver la imponente figura de Luciano Martins sonriéndole con suficiencia. La voz se le cortó al igual que el aliento y una extraña sensación de hormigueo le recorrió todo el cuerpo, las piernas se le aflojaron un poco por lo que el sujeto la volvió a sostener con fuerza para evitar que cayera. Trato de hablar pero no sentía fuerzas en su cuerpo, no en su mente, para sobreponerse a la impresión. —¿Estás bien, Emma? —le dijo con acento preocupado al ver que ella no reaccionaba— ¿Necesitas que busque algo para que tomes o quieres que te lleve hasta una silla? Ella solo pudo negar rápidamente con la cabeza mientras trataba de hablar para indicar que no quería nada sino solo llegar al auto con su esposo para escapar de la fiesta. —N.. no no no —comenzó balbuceando, hasta que consiguió la manera de modular las palabras— Ryan —pudo articular— Necesito llegar con Ryan, por favor. —¡Oh!!! Ya entiendo, acabo de dejar a Ryan después de ayudarlo a dejar sus cosas en el auto —dijo él como si la situación no fuera algo loca en realidad— Me vine por aquí para evitar que me vieran llegar de afuera. Vamos, yo te acompaño. Sí que ella pudiera hacer nada para evitarlo o para decir alguna cosa, Luciano la tomó por una de las manos y prácticamente la arrastró tras él al caminar rápido sobre sus largas piernas, que comparadas con las de ella eran muy largas. Emma sentía el increíble calor de la mano masculina, era tan caliente que parecía que su dueño estaba enfermo de fiebres, pero no era así, no parecía posible que estuviera enfermo, siempre se veía tan fuerte y saludable. Pero sus pensamientos no se quedaron allí ni las sensaciones físicas tampoco, ese calor la estaba la hacía sentir cosas extrañas, las cuales ella nunca había experimentado antes y la hacían sentir bastante extraña, era como si se fuera regando una sensación de bienestar y relax por todo el cuerpo. Emma decidió que esa sensación no le gustaba, porque de alguna manera la hacía sentir vulnerable. Pero como no tenía opción decidió dejarse conducir por el hombre hasta la parte externa del salón de recepciones, dónde estaba estacionado el modesto auto de su esposo, y por supuesto que Ryan ya estaba sentado al volante, sólo esperando por su esposa. Cuando los vio aparecer abrió un poco la puerta de su lado, y sin salir del auto por completo les hizo señas para que se apuraran, entró de nuevo y cerrando su puerta se inclinó hacia la puerta del pasajero para abrirla de una vez. Una vez que Emma entró en el auto Ryan arrancó lo más rápido que pudo, enfilando hacia el pequeño aeropuerto desde donde viajarían para sublimar de miel. Luciano se quedó mirando el carro mientras éste se iba perdiendo en la distancia con los niveles esposos adentro, una sonrisa iluminó su rostro al pensar que en este momento su amigo se enfilaba hacia la felicidad, y eso lo complacía, su cariño por Ryan era genuino, aún desde el mismo momento en que se habían conocido en la universidad. Su sonrisa se amplió al pensar en la cara que pondría Ryan cuando viera su otro regalo de boda que aún no le había dado, se sintió complacido con la idea que se le había enviado a la mente. Con ese rostro sonriente dió media vuelta y se dirigió de nuevo a la fiesta, disfrutaría de la velada un rato más y luego se iría a descansar, mañana tendría que hacer varias cosas para dejarlas listas antes de viajar. —¿Cómo te sientes, mi amor? —preguntó un orgulloso Ryan a su esposa— ¿Nerviosa? —Algo —dijo tímidamente pensando en la implicación de la pregunta. Sí esa era su noche de bodas aunque no sabía si no caería agotada después del viaje en avión qué harían hasta California— Pero estoy tranquila porque confío en ti. —¡Esa es mi chica! —el tono de voz de Ryan era de total orgullo— Ya verás cómo nos vamos a divertir en la hermosa California. —Yo sé que sí —dijo quedándose de pronto un poco pensativa. —¿Qué sucede, amor? —le preguntó al ver que ella se quedaba tan callada. —Nada, mi cielo —le contestó procurando distraer la atención de sobre sí riendo mientras lo agarraba por el brazo. —Hmmm, te conozco, mi princesa —le dijo mirándola atentamente— ¿Qué te preocupa?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD