El viaje de Luna de Miel

964 Words
Emma no dijo nada y solo murmuró un "nada" de nuevo, pero sus pensamientos si estaban dando vueltas sobre lo que costaría ésta aventura de dos semanas en una ciudad tan cara como Los Ángeles y además del tour de playas que habían contratado en el paquete, pero no era ocasión para estar con mojigaterías administrativas, era su luna de miel y debería disfrutarla. La sospecha de que habían recibido ”ayuda adicional" no se le quitaba de su mente, y ciertamente esos recursos sólo pudieron haber llegado de un solo lado: Luciano Martins. Emma no sabía a ciencia cierta porqué le disgustaba tanto que el mejor amigo de su esposo estuviera tan involucrado en las cosas de ellos, pero supuso que eran una especie de celos por no tener la exclusividad del cariño de Ryan. Pero decidió no hacer mucho caso de eso y se dispuso a disfrutar del viaje y de su luna de miel, ellos se lo merecían, pensó al subir al avión qué los llevaría a California. La luna de miel, como todo lo bueno, terminó muy rápido, en menos de lo que habían pensado ya se encontraban en el avión de regreso a la vieja ciudad de Birmingham. En el vuelo de regreso, Emma rememoró un poco su luna de miel, se sentía satisfecha aunque las cosas no habían salido lo romántico que debió haber sido esa primera vez, porque fue primera vez pero no en el primer día. Cuando llegaron al hotel en Los Ángeles, la suite era muy hermosa, amplia y bastante lujosa, tanto que ella se sintió cohibida y tocaba las cosas con una especie de reverencia. La cama estaba hermosamente arreglada con pétalos de rosas rojas formando un corazón sobre la sábanas y un par de toallas dispuestas como una pareja de cisnes formando también un corazón. En un costado estaba un enorme ramo de flores de distintos tipos y colores y justo al lado de éste estaba una canasta llena de diversas frutas frescas, y al otro la do de la cama estaba una gran canasta de mimbre llena de delicatesses, tales como varios tipos de quesos y jamones ahumados, dulces y delicados canapés y también varias botellas de licor fino, incluyendo una de whisky de 25 años que debió haber costado una pequeña fortuna. Al ver la cama los colores se le subieron de inmediato a la cara a Emma, la evidente promesa de una noche de pasión era algo que la tenía un tanto nerviosa, casi que estuvo a punto de darle la razón a su amiga Alba, "mejor llegar con experiencia a ese momento". Luego sacudió la cabeza como para quitarse la idea de la cabeza. Ryan estaba igual que ella de maravillado y entusiasmado, revisó las cestas y sacó la botella de whisky y dos vasos más un agua tónica y varias bebidas de frutas. Allí compuso una especie de cóctel y le dió un vaso a ella, le dió un beso atropellado en la boca denotando su propio nerviosismo, cosa que no se le pasó por alto a ella. Y lu go la tomó de la mano para llevarla al balcón de la suite, se veía mucho de la ciudad desde esa altura, los monumentos y desde donde estaban se podía ver el mar a la distancia. Ryan la abrazó por la espalda mientras le daba tiernos besos en la cabeza y en su nuca, ella sintió un rico escalofrío por toda la columna vertebral, pero sus nervios la hicieron retirarse un poco en lugar de disfrutar de la caricia de su esposo. Él se le quedó mirando un poco y luego le sonrió, le dió otro día ve beso sobre los labios y luego le indicó la salita de la habitación para que se sentarán allí un rato. —¿Quieres bañarte, cariño? —le dijo él un tanto nervioso— Podemos tomar un baño y luego podemos jugar cartas aquí —le dijo señalando dos juegos de cartas en sus paquetes, que estaban a los lados de la mesita de centro. Ella sonrió y asintió con la cabeza, porque ese era uno de los pasatiempos favoritos que ellos disfrutaban cuando estaban juntos. —Sí, Ryan —le contestó con timidez— Creo que tomaré un baño, el viaje ha sido largo y agotador y la noche muy caliente. Él asintió sonriendo mientras le señalaba la puerta del baño, ella se dirigió a sus maletas y colocó la más pequeña sobre una silla al lado de la cama, aunque trató de no mirar en esa dirección para que no se le subieron los colores al rostro. Entonces tomó algunas cosas de aseo personal así como algo de ropa ligera y se metió en el baño, allí respiró un poco más tranquila como si estuviera en un refugio, aunque eso no le gustó mucho. «Tranquila, Emma» —pensó bastante inquieta— «Es sólo una noche de bodas por la que han pasado millones de mujeres desde el inicio de los tiempos» Las manos le temblaban un poco cuando colocó sus cosas sobre el tocador doble del baño, por lo que se detuvo un momento y se apoyó en el fino mármol mientras se miraba al espejo con ojo crítico. Respiró profundamente varias veces para calmar los locos latidos de su corazón, luego de unos minutos se decidió a soltar la feria piedra a la que estaba aferrada y se metió a la ducha en lugar de elegir el moderno jacuzzi que tenían disponible en un cubículo separado de la ducha, realmente el baño era enorme, era del tamaño de su modera habitación en la casa de su padre, con un leve suspiro entró en la ducha y allí tardó varios minutos tratando de ganar tiempo para calmar sus nervios.
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