Bellinay Calhanoglu me llamó esa tarde. -Hola Fernanda, ¿te acuerdas de mí?-, me preguntó divertida. Era difícil olvidar a la envidia de todas las mujeres en el colegio. Acaparaba a todos los chicos y era la sensación en toda actividad que se hacía, desfiles, concursos, gimnasia, bailes y era siempre, en todos los años, la reina de primavera. No es que yo le tuviera celos, sino que me disgustaba que fuera imán de los hombres, dejándonos, al resto, desamparadas y tocando el violín. -Por supuesto , Belli, cómo olvidarte-, arrugué mi naricita y sacándole la lengua al móvil. -Estoy trabajando para el canal del estado y quisiera hacerte una entrevista-, me dijo. -Debes pedir permiso a la comandancia. Ahora estoy trabajando en homicidios y es política del grupo ser discretos, de perfil bajo

